entrevista a la nadadora paralímpica

Annabelle Williams: "Nací con una mano, pero siempre vivo como si tuviera las dos"

Hablamos con la nadadora paralímpica australiana Annabelle Williams aprovechando su paso por la reunión anual de directivos de Celsa celebrada en Barcelona

Foto: La nadadora paralímpica Annabelle Williams.
La nadadora paralímpica Annabelle Williams.

Decidida. Motivada. Sociable. Nadadora hasta el oro olímpico. Abogada. Grandes ojos azules. Conferenciante. Risueña. Empática. Feliz. Perseverante. Hay que elegir solo una palabra, ¿es posible? "Sí, quizá la perseverancia sea la que mejor me define. Y el empuje". Trabajar y trabajar pese a las adversidades hasta lograrlo. Si es que se pueden considerar adversidades.

"Al nacer, en la sala de partos, mis padres vieron en la cara del doctor que algo no iba bien... Al preguntarle qué pasaba, este respondió: ‘A la niña le falta una mano’. La respuesta de ellos fue: ‘Eso no es un problema para nosotros”.

Y así es como desde el día en que llegó al mundo, los progenitores de Annabelle se encargaron de hacerle ver ese ‘no problema’, de inculcarle que podía lograr cualquier cosa, sin límites. Incluso en cualquier deporte: atletismo, natación... "Como niña nacida con una sola mano, mi forma de vivir ha sido siempre una: hacerlo todo como si tuviera las dos". Como cuando descubrió que pinchando una patata con un tenedor y dejándolo sujeto horizontalmente en un cajón entrecerrado podía pelarla con una mano.

"Quedé para comer con el chico que me gustaba. Tras la comida, me dijo que no volveríamos a vernos porque solo tenía una mano"

Hablamos con Annabelle con motivo de la conferencia que dio en la reunión anual de los directivos de Celsa, una de las principales multinacionales europeas en producción de acero. En dicho evento, al que tuvo acceso este diario, la nadadora solo recuerda una vez en que se desanimó. "Tenía 10 años y el chico que me gustaba me citó para comer juntos al día siguiente. Ese día pedí a todas mis amigas que se sentaran cerca, yo estaba como un flan; él hizo lo mismo con sus amigos. La comida fue bien, pero después, de repente, el chico me dijo delante de todo el mundo: ‘No vamos a volver a quedar porque solo tienes una mano y eso es anormal".

Esa tarde regresó a casa "hecha polvo y se lo conté a mi abuela, a la que siempre estuve muy unida. Le dije que no tenía ganas de volver al colegio. Ella me respondió algo que me ha valido para siempre: ‘En la vida, a veces, nos ocurren cosas feas. Pero no hay que dejar pasar el tiempo hasta que se van; hay que encararlas desde el primer momento, poner un pie delante del otro y seguir caminando”.

Al día siguiente, la profesora puso un ejercicio muy especial a toda la clase: dibujar un superhéroe que tuviera una sola mano. “No te imaginas lo amada que me sentí al ver los 25 dibujos de superhéroes de una sola mano que 25 niños habían hecho para apoyarme. Lo de poner un pie delante del otro fue mucho más fácil a partir de ahí".

Así lo hizo. En todos los pasos de la vida, en los estudios y en el deporte (primero atletismo, que tuvo que dejar por una lesión; luego, natación), que compaginó durante unos años. "Hubo un año en el que me perdí 10 semanas de clase por las competiciones, recuerdo haber hecho exámenes hasta en un avión; los profesores me ayudaron muchísimo. Al volver, me automotivé todo lo que pude y ese año trabajé a tope. Ese esfuerzo me ha servido para aplicarlo después en situaciones límite".

"Annabelle personifica valores de Celsa como la pasión y la perseverancia, además de la honestidad o la humildad"

Y Annabelle Williams llegó a los Juegos Olímpicos. En 2006 ganó el bronce en los Paralímpicos de Melbourne, a la vez que conseguía la calificación para ir a estudiar Derecho a la universidad. En 2008 capitaneó el equipo paralímpico de natación australiano en Beijing, donde ganó el bronce con los 100 metros mariposa. Mientras, perfeccionaba su francés en París. Ganó el oro en Londres 2012, cuando ya ejercía como abogada. Tuvo tiempo de acabar también Relaciones Institucionales. "Mis padres me aconsejaron que no me centrara solo en el deporte y que también estudiara. Hay que diversificar por si te falla una de las opciones".

De deportista a 'speaker'

Y ahora, ¿qué tal se le da lo de hacer de ‘speaker’? "Conectar con la gente es algo que me apasiona desde siempre. Conocer, nunca prejuzgar, intentar empatizar, aprender de sus experiencias, contar las mías, como en este evento empresarial. Es maravilloso. La gente siempre se abre conmigo. Creo que es más fácil que te entiendan si tienes un reto evidente, como la falta de una mano, que uno que no se note a simple vista".

Así, con esa capacidad de conexión de Annabelle fue como Francesc Rubiralta, presidente de la compañía, vio claro que tenían que contar con ella. "Nos conocimos en un curso para ejecutivos en Stanford, hace unas semanas. Su energía y motivación destacaban con fuerza en el ambiente. Una mañana me obligó literalmente a levantarme a las cuatro y media para ir a nadar ¡con la temperatura del agua a 12 grados! Ahí vi que tenía que traerla a esta reunión porque personificaba muchos de los valores de nuestra empresa, como la pasión y la perseverancia, además de la honestidad o la humildad", explica Rubiralta.

La nadadora, en la reunión anual de los directivos de Celsa.
La nadadora, en la reunión anual de los directivos de Celsa.

"Y lo de no parar de ponerse objetivos, el afán de superación. Eso tan típico de ella era, precisamente, el 'leitmotiv' de este encuentro, donde cada año analizamos nuestras debilidades y fortalezas en el marco del sector del acero", prosigue.

Hablando de objetivos, ¿cuáles se pone Annabelle a corto plazo? "Además de llegar a todo el mundo con mis charlas, quiero ver crecer a mi hija Josie y enseñarle, igual que me enseñaron mis padres, que la diferencia puede darte toda la fuerza del mundo. Además, todos somos diferentes: tú, Miquel [el fotógrafo de esta entrevista], yo... Lo importante es cómo tú te ves. De muy pequeña, mi madre me sentó y me hizo leer la definición de 'discapacitado': ‘Alguien que no es capaz, que carece de salud, que no es feliz’. Yo le dije: '¡Pero, mamá, yo sí que estoy sana y soy feliz!'. ¿Sabes qué me respondió? 'Las palabras no importan, lo que importa es tu mente, cómo tú te sientes y te ves delante del espejo cada mañana. Esa es la imagen que tendrán de ti los demás".

Al final, la pregunta obligada: si volvieras a nacer, ¿cambiarías algo de tu vida? "Nada en absoluto. Bueno, igual me gustaría ser un par de centímetros más alta (risas). No, de verdad que estoy agradecida al universo por todo, mi familia, mis amigos, mi profesión...".

Quizás hace más de 20 años, aquel día en que sus compañeros de clase dibujaron superhéroes de una sola mano, alguien la representó a ella como la mujer de acero, una ‘woman of steel’, adelantándose, sin saberlo, a lo que iba a ser de mayor.

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