INFORME ENCARGADO POR EL GOBIERNO VASCO

El deporte base en Euskadi no es un juego de niños: "Tolerancia" a insultos y amenazas

El "mayor problema" en el deporte escolar es "la permisividad de la violencia de baja intensidad", ya que "no es identificada como violencia por aquellos que la ejercen y los que les rodean"

Foto: Un niño entrena en un campo de fútbol. (EFE)
Un niño entrena en un campo de fútbol. (EFE)

Un informe elaborado por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) a instancias del Gobierno de Vitoria para elaborar un diagnóstico del fenómeno de la violencia relacionada con la deporte ha constatado que existe “tolerancia” hacia los insultos o amenazas en el deporte base y escolar. De hecho, alerta de que el “mayor problema” detectado es “la permisividad de la violencia de baja intensidad, ya que no es identificada como violencia”, lo que en la práctica dificulta comprender la verdadera dimensión del problema y atajarlo. “Nos encontramos ante un problema de institucionalización y tolerancia de comportamientos como insultos o amenazas con pequeñas violencia que en gran medida pasan desapercibidas para aquellos que las ejercen y los que les rodean”, alerta de forma contundente.

Ante esta realidad, el informe reclama a las administraciones que doten a los clubes de herramientas para que “sean ellos mismos los que controlen y sancionen estos comportamientos”, dado que “si traspasan la línea del club tan solo quedan acciones de tipo punitivo por parte de la administración”. Además, incide en la necesidad de que las posibles actuaciones se adopten con celeridad. “Es necesario que se analicen los comportamientos que se pueden denominar 'pequeña violencia' que se pueden dar en partidos o situaciones concretas de manera que se puedan tratar y atajar de la manera más cercana a los hechos posibles”, sostiene para defender la necesidad de establecer “protocolos de actuación” para aquellas situaciones en la que se detectan actitudes o comportamientos de violencia “aunque ésta no sea física y sea considerada menor (insultos)”.

El informe alerta del 'culto al triunfo' y plantea evitar competiciones largas tipo liga/copa que fomenten la competitividad, que los comportamientos deportivos sumen puntos o compartir jugadores

Asimismo, el informe alerta de la” importancia” que se le da al ganar en el deporte base y escolar vasco debido al modelo competitivo imperante y, con el fin de acabar con esta ‘preponderancia al triunfo’, plantea como posibles soluciones evitar competiciones largas tipo liga/copa que fomenten la competitividad, subir la edad de la competición, adaptar los reglamentos para sumar a los resultados puntos por buenos comportamientos deportivos o que los equipos compartan los jugadores a lo largo de la temporada.

El informe ‘Diagnóstico y propuestas creadas para la co-gestión de la violencia relacionada con el deporte en el País Vasco’ surge de un encargo que realizó el 16 de marzo del pasado año el Parlamento Vasco al Gobierno de Iñigo Urkullu, a quien emplazó a organizar una jornada en materia de lucha contra la violencia en el deporte y a la realización de un informe que estableciera las medidas a adoptar en el futuro de cara a combatir estas prácticas. El estudio, realizado por Juan Aldaz y Marian Ispizua, analiza el fenómeno de la violencia en el deporte profesional, aficionado y escolar en el País Vasco a partir de datos –expedientes abiertos por el Departamento vasco de Seguridad, incidentes registrados por los diferentes cuerpos policiales, actuaciones del Comité vasco de Justicia Deportiva...– y de los planteamientos de los agentes sociales e institucionales que participan en la co-gestión del deporte.

En el caso del deporte base y escolar, el informe refleja cuatro grandes problemas detectados por los diferentes agentes que han tomado parte en el proceso –la dirección de Deportes del Gobierno Vasco y las tres diputaciones forales, la dirección de Juegos y Espectáculos, la Asociación Gesto Deportivo, la Federación Vasca de Fútbol, el Comité Vasco de Árbitros de Fútbol, la dirección de Seguridad y representantes de los centros–, de modo que propone diferentes soluciones ante cada uno de ellos.

Relacionado con "la permisividad a la violencia de baja intensidad”, el informe también apunta a "una tolerancia hacia comportamientos desajustados” y la “normalizacion de este tipo de situaciones” por parte de progenitores, educadores o espectadores, lo que “exige la socialización de que la violencia, aunque sea menor, constituye un problema”. "Por su propio carácter formativo debe conllevar una tolerancia cero a la violencia, incluso a la de baja intensidad", advierte.

Se plantea que los centros elaboren un plan formativo para escolares, familias y entrenadores para acceder a ayudas e instalaciones municipales

Dado que el objetivo final es que el deporte escolar sea “formativo”, se defiende la idoneidad de que los centros escolares e incluso los clubes deportivos –dependientes en muchas ocasiones de las AMPAS (asociaciones de madres, y padres de alumnos)– cuenten con un proyecto deportivo-educativo de centro que incluya un plan formativo específico para escolares, familias y entrenadores monitores. De hecho, plantea la posibilidad de exigir que se cuente con este proyecto para acceder a subvenciones por parte de las diputaciones e incluso para poder utilizar instalaciones municipales de cara a fomentar su elaboración. Asimismo, también aboga por una participación más activa de la administración a través de las diputaciones y ayuntamientos, a quienes exige que “sean responsables de sus normas y exijan su cumplimiento”. En concreto, les plantea la posibilidad de que exijan que “no haya habido actuaciones violentas en temporadas anteriores” para poder acceder a ayudas e instalaciones municipales con vistas a generar “entornos convenientes”.

Junto a la “tolerancia, permisividad y normalización de las actitudes violentas”, otro de los "grandes problemas" que refleja el informe es la “importancia que se da a la competitividad, al ganar,” ya desde edades tempranas. Según advierte, “la atmósfera que se genera por la presión que se otorga a los resultados hace que los nervios y en algunos casos (los menos) los comportamientos descontrolados afloren y repercutan en las actitudes de escolares/jugadores y los espectadores/familiares”. Para atajar este problema de la excesiva importancia del triunfo, plantea como posibles soluciones limitar la competitividad a partidos concretos, “evitando competiciones largas que pueden suponer un caldo de cultivo de competitividad largo en el tiempo como la liga y la copa”, subir la edad de competición o regular la movilidad geográfica para evitar los desplazamientos largos para competir. Incluso, dentro del fomento de “una práctica más horizontal”, plantea que se puedan “adaptar los reglamentos de manera que no solo sumen los resultados deportivos, sino que también se tengan en cuenta los comportamientos (deportivos o no) de cara al cómputo global de puntos obtenidos en un partido”, o que los equipos compartan los jugadores a lo largo de la temporada.

Bingen Zupiria (izquierda) e Iñigo Urkullu, en el Parlamento Vasco. (EFE)
Bingen Zupiria (izquierda) e Iñigo Urkullu, en el Parlamento Vasco. (EFE)

Como “fondo” de todos los problemas detectados, el informe incide en el hecho de que en el deporte escolar “subyace la idea de que se imita al deporte profesional”, esto es, no se atiende al carácter formativo y “no se considera que el centro de la actividad es el niño”. Y esto es algo, según remarca, que “no debe perderse de vista”. Por ello, no solo incide en la importancia de la “corresponsabilidad” de los padres, monitores, educadores o servicios deportivos, sino que aboga por la implicación de los departamentos vasco de Educación e incluso Sanidad en el deporte formativo. A este respecto, recomienda extender el decreto de primaria a secundaria y fomentar de este modo la preponderancia del deporte formativo frente al competitivo, así como aumentar la capacidad de decisión y organización de centros escolares, a quienes también se les debería exigir la elaboración de una “carta de servicios” donde incluso se expliciten las posibles sanciones a familiares y espectadores por “comportamiento no deportivo”.

Son elevadas las expectativas de los jugadores fruto del modelo competitivo imperante, pero sobre todo lo son de sus progenitores, cuya actitud es un factor que incide enormemente en los comportamientos violentos. De hecho, los comportamientos violentos no se dan principalmente dentro del terreno de juego, sino fuera, entre los espectadores, en su mayoría familiares directos de los jugadores. "La permisividad de estos comportamientos, así como la escasez de sanciones por ellos junto con la posible rivalidad y presión son las causas fundamentales de los comportamientos negativos en este nivel", asevera el consejero vasco de Cultura, Bingen Zupiria, que este lunes ha presentado en el Parlamento Vasco los resultados del informe.

El Gobierno vasco plantea analizar las actas arbitrales y crear una aplicación informática que permita hacer "un control más exhaustivo" de las expresiones de violencia en el fútbol base

Con vistas a acabar con las agresiones verbales, el Gobierno vasco se ha propuesto “monitorizar” las expresiones de violencia que se puedan producir en el fútbol base de la mano de la Federación Vasca de Fútbol. Para ello, Zupiria asegura que “sería conveniente analizar las actas arbitrales y crear una pequeña aplicación informática que nos permita hacer un control más exhaustivo de las expresiones de violencia que se identifiquen en el fútbol base y poder presentar anualmente resultados” de cara a “evaluar su evolución”. Es uno de los compromisos que ha adoptado el Gobierno vasco, que también pondrá en marcha medidas para intentar atajar la violencia que se da dentro del deporte profesional y amateur.

En este sentido, el consejero vasco de Cultura precisa que "más que de violencia en el deporte, deberíamos hablar de agresiones físicas y verbales en el fútbol, tanto profesional como de base y aficionado", ya que suponen "más del 95% de todos los casos conocidos". El pasado año, el Departamento vasco de Seguridad tramitó 101 expedientes por violencia en el deporte, frente a los 119 de 2017 y los 82 de 2016, de los que 100 afectaron al fútbol y uno al baloncesto. Prácticamente la mitad de los expedientes (45) se debieron a "agresiones y a abalanzarse contra otras personas", mientras que 22 se incoaron por "participación en peleas y desordenes públicos" y diez por "gritos intolerantes".

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