También estuvo en la academia de boca juniors

Ramiro, la increíble historia de un ex del Barça que juega al balonmano sin una mano

El argentino es un ejemplo de inclusión en el deporte. Carece de mano izquierda, pero eso no le supone un impedimento para jugar al 'handball' tras abandonar el fúbol por estrés

Foto: Ramiro Milano, durante un partido con el BM Mislata de Valencia estas pasadas semanas. (Foto: BM Mislata)
Ramiro Milano, durante un partido con el BM Mislata de Valencia estas pasadas semanas. (Foto: BM Mislata)
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Ramiro Milano no entiende de barreras ni obstáculos. Desde que su madre sufriera una complicación durante el embarazo y naciera sin mano izquierda, este joven de 18 años no solo ha tenido que aprender a valerse en su día a día con una sola articulación, sino también a hacerse respetar en un deporte donde, precisamente, las manos son la herramienta fundamental: el balonmano, su pasión. "Desde chiquito siempre pensé en cómo sería todo si tuviera la otra mano, pero la verdad es que lo acabé aceptando y cuando me decidí por esta actividad ni se me vino a la cabeza este asunto. Yo vivo la vida así. El único ejemplo que me vale es el que se gana trabajando", cuenta por teléfono a El Confidencial.

Milano llegó de su Argentina natal a nuestro país hace mes y medio, tras terminar el instituto y no entrar en la convocatoria de su selección para el Campeonato Panamericano de este próximo mes de abril, aunque aún espera estar entre los seleccionados para el Mundial Júnior de Macedonia que se celebrará en verano, donde España buscará colgarse un nuevo metal tras el oro de 2017. "Sería un sueño y estoy trabajando mucho para que se cumpla, me veo con opciones, pero prefiero tener los pies en la tierra", dice el joven. Su historia está repleta de curiosidades, pues antes de decantarse por el balonmano Ramiro fue un notable jugador de fútbol que pasó por las canteras de Vélez, la academia del Barcelona en el país sudamericano y Boca Juniors.

En ambas sufrió dos cosas: primero, la fuerte presión de sus entrenadores; y segundo, la devoción con la que se vive el fútbol las 24 horas del día en Argentina, una especie de dogma de fe que le obligó a sacrificarse más de lo que él estaba dispuesto a soportar. "El trabajo físico lo llevaba bien, el problema era el estrés. Soy seguidor de Boca y cuando me ficharon me hizo una ilusión tremenda, pero cuando llegué y vi el ambiente no me gustó. Se les mete mucha presión a los chavales, que además tienen que viajar muy lejos de casa todas las semanas", argumenta Milano, que acudía a la ciudad deportiva todos los días en taxi, por su cuenta: "Mis padres trabajaban y no podían acompañarme, gastaban mucho dinero para que yo fuera a entrenar y volvía siempre muy tarde a casa. Era pequeño y los veía por la noche nada más. Era todo un poco extraño".

Milano, cuarto por la derecha (arriba), en su etapa en la academia del Barcelona
Milano, cuarto por la derecha (arriba), en su etapa en la academia del Barcelona

Al tiempo, lo que empezó siendo un sueño acabó convirtiéndose en una auténtica pesadilla. "No era sano y tampoco me dejaba margen para estudiar", sostiene. No había cumplido los 12 años y el chico ya tenía claro que su futuro no pasaba por el deporte rey. Acostumbrado a acudir a pabellones de 'handball' con su padre, Guillermo Milano, técnico ayudante de Manolo Cadenas, exseleccionador español actualmente en la absoluta del balonmano argentino, a Ramiro empezó a picarle seriamente el gusanillo del '40x20'. Sus dudas, pues partía con una clara desventaja física, quedaron despejadas de inmediato: su familia le apoyó y le alentó para que esa circunstancia no fuera un impedimento. "Reaccionaron con mucha normalidad, buena parte de mi familia siempre ha estado muy ligada al balonmano, igual que mis amigos. Yo desde los seis años jugaba siempre que podía en el Club Dorrego de Buenos Aires", señala. "Tenía ilusión porque Ramiro jugase al balonmano, pero en esta actividad podía tener más barreras para crecer y desarrollarse como deportista. Sin embargo, este chico es capaz de hacer cosas que uno no se llega a creer y eso como padre es reconfortante y te emociona", diserta Guillermo. Jugando a balonmano perdía y disfrutaba, jugando al fútbol marcaba y ganaba torneos, pero no volvía contento a casa. "En un momento dado mi cabeza hizo clic y decidí desentenderme. La diferencia era visible".

Los primeros problemas

Milano dio un giro de 180 grados y se implicó al máximo con Dorrego, puliendo su técnica para hacerse pieza indiscutible en el equipo. Al mismo tiempo que sus compañeros lo admiraban por su esfuerzo, el joven empezó a tener problemas con algunos rivales. Pronto se dio cuenta de que no lo tendría fácil, pues sufrió descalificativos por su minusvalía, algo que hasta el momento no había padecido en el fútbol. Ya en juveniles recuerda especialmente un partido contra Argentinos Juniors, una de las instituciones polideportivas más importantes del país: "Varios jugadores de ese equipo le mandaban mensajes a una amiga mía diciéndole que la selección me convocaba simplemente porque a la gente le daba lástima. Ahí empezó todo. Luego, en el encuentro, me hacían el gesto de la mano para fastidiarme". Aquel episodio generó una ola de protestas y apoyo al jugador a través de las redes sociales. "Me habló mucha gente de todas partes, incluido Argentinos, que me pidió perdón. El chico que se había metido conmigo y había provocado todo esto tampoco tardó mucho en llamarme para disculparse. No soy rencoroso, por lo que las acepté y todo quedó en una anécdota que espero que no se vuelva a repetir", zanja con una madurez inusual. "De primeras, que un chico sin mano juegue a esto descoloca. A su edad todo el mundo quiere hacerse el gracioso y allí pues sí, sufrió burlas. En España no pasa tanto, los chavales lo tratan con mucho respeto. Se sintió libre. Es un ambiente más sano y noble. Además, lo ves jugar y enseguida te das cuenta de que está al mismo nivel que el resto", explica Mauro Longarini, presidente y entrenador del Club Mislata de Valencia, uno de los grandes animadores del balonmano base nacional.

Su llegada a España se gestionó fácil. Su padre llamó a Longarini, con el que había hecho buenas migas durante su etapa como jugador en Argentina, y le pidió el favor de que aceptara a Ramiro a modo de prueba en el juvenil A. Dicho y hecho. El porteño llegó a un acuerdo por tres meses, de los que lleva cumplidos la mitad, para subir un escalón de nivel en un balonmano más exigente que el albiceleste. Apenas tardó unos días en adaptarse al Mislata. "Lo recibieron muy bien, como uno más. Los retos le mueven. Su carencia no se nota y ha hecho muy buena amistad con todos. Su naturalidad es muy importante y nos está ayudando mucho para llegar a los Campeonatos de España", asegura el técnico. "Diez puntos para todos ellos, los chicos me incluyen en todo lo que hacen y estoy muy contento", cuenta el joven, que vive en un piso compartido que el club le ayuda a pagar. "Nos ha dado mucha fuerza, sobre todo a nivel psicológico porque estamos en un momento no muy bueno de la temporada y nos ha devuelto el entusiasmo y la ilusión por jugar a balonmano", afirma César Clemente, uno de sus compañeros de equipo.

Ahí radica uno de los fuertes de Ramiro, su fortaleza mental. "Es la clave, ha desarrollado una serie de características que de otro modo sería imposible. Tiene claro lo que quiere conseguir y no se viene abajo nunca. Otros jugadores sí se frustran si las cosas no les salen bien, él no. Sigue hacia delante trabajando para cambiar la dinámica. Tiene controladas sus emociones y sabe que si una jugada no sale probablemente sea porque le ha faltado confianza en ese momento o no lo ha deseado de verdad", detalla Longarini. "Siempre estoy dispuesto a ayudar a aquel que lo necesite. Intento que nadie se eche nada en cara. La única manera de salir adelante en un partido es pensar en positivo y dejarse aconsejar. Si trabajas, las cosas buenas acaban llegando siempre", dice el porteño.

Cuestionado sobre cuál es su receta para competir a gran nivel ante oponentes sin ningún tipo de discapacidad física, Ramiro lo tiene claro: "Desde pequeño he trabajo siempre la presión a una mano, aunque reconozco que lo que más me cuesta es la defensa. Mi cuerpo es más frágil que el de los contrarios y aquí en España pasa una cosa, que los chicos son más fuertes y lo noto bastante". Para luchar contra este hándicap, el preparador físico del club le recomendó hacer pesas de una forma muy particular. "Tengo una especie de muñequera con un gancho con la que agarro la polea. De esta manera ejercito los brazos, el pecho y también los hombros", revela. "La vida nos pone a prueba constantemente. Él es completamente autónomo e igual que hace pesas, cocina y hace sus tareas como cualquier otro chaval", precisa Mauro, que añade: "Ha agudizado más todos los sentidos para compensar: su visión periférica, su recepción y por supuesto su mano derecha, que la maneja como ningún otro. Tiene mucha calidad y en el futuro no me extrañaría que viviera de esto como profesional. Desde luego sería algo de lo que yo y todos los que formamos este club presumiríamos con mucho orgullo".

Milano, abajo a la izquierda, con sus compañeros en Mislata
Milano, abajo a la izquierda, con sus compañeros en Mislata


Gracias a su padre, Ramiro conoce a todos los jugadores de la selección argentina, que le aconsejan especialmente sobre técnica y alimentación. "Si me convirtiera en profesional espero que la selección me llame por mi rendimiento, no por otra cosa. Que mi padre sea entrenador de la absoluta no me supone ninguna garantía ni pienso aprovecharme de ello", remarca cuando se le pregunta por ese supuesto privilegio. Sus ídolos en este deporte son dos de los mejores extremos izquierdos del mundo, Uwe Gensheimer y Timur Dibirov, pues juegan en su misma posición, aunque admira profundamente al croata Ivan Cupic, que perdió uno de los dedos de su mano en 2008 y, a pesar de todo, continuó su carrera deportiva. De los tres, Cupic es el único que ha jugado en la ASOBAL, concretamente en las filas del Octavio de Vigo. Ramiro no ha desaprovechado la ocasión de residir en España para ver algunos encuentros de la máxima división del balonmano nacional, en la que no le importaría jugar el día de mañana: "Uno siempre tiene sueños, pero yo intento no perder el tiempo en eso. Aquí hay muy buenos equipos y Europa es la cuna del balonmano, por lo que claro que me gustaría tener la oportunidad, pero aún me queda mucho trabajo por delante".

"Siempre hay que tener fe en uno mismo"

No todos pueden presumir de haber jugado en el Barça de fútbol y balonmano, que tendría su aquel: "Hombre, sería llamativo. En el futuro nunca se sabe, de momento está haciendo su camino y aportando, que es lo que importa. Las puertas de Mislata las tiene abiertas siempre que siga en progresión y no descartamos que pueda ascender de categoría el día de mañana", matiza Longarini. ¿Y jugar con los Hispanos? "Lo veo complicado, lo tendría más fácil para jugar con Italia, por ejemplo, porque mi pasaporte europeo es de allí. Amo Argentina, pero escuche, tampoco descarto nada. Estaría bueno…", responde Ramiro, que no puede aguantarse la risa imaginando la situación.

Ramiro Milano no lo pretende, pero en su día a día, su actitud dentro y fuera de la pista sirve de inspiración y de lección vital para todos aquellos jugadores y jugadoras que no se sienten capaces de superar los obstáculos de la vida y el deporte. "Siempre hay que tener fe en uno mismo y no permitir que nada ni nadie pueda estancarte. De lo que carezcas, súplelo con trabajo", deja como mensaje. A buen seguro que por él no quedará: "Rendirse no existe en mi diccionario".

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