juicio contra un entrenador español

La plaga de los abusos sexuales: del atletismo español a la patinadora surcoreana

Dos casos más de violación en el patinaje de Corea del Sur han recordado que el deporte mundial tiene un problema para prevenir y detener los abusos en la infancia. En España hay varios casos

Foto: Shim Suk-hee, el último caso de abusos en el deporte. (Reuters)
Shim Suk-hee, el último caso de abusos en el deporte. (Reuters)

Los abusos sexuales en el mundo del deporte están dejando de ser tabú. Cada día son más las personas que se atreven a dar un paso adelante y abandonan el silencio en el que se han consumido, sin entenderlo o digerirlo primero, paralizadas por la vergüenza y culpabilidad después.

La última en hablar es la patinadora surcoreana Shim Suk-hee, de 21 años, doble medallista olímpica, que acusó la semana pasada al ex seleccionador nacional Cho Jae-beom, de haberla violado en repetidas ocasiones desde que tenía 17. Cho Jae-Bom está actualmente en prisión ya que fue condenado el pasado mes de septiembre a diez meses de cárcel por las agresiones físicas que habían denunciado varios atletas, entre ellas Shim Suk-hee.

La patinadora declaró en el juicio sobre las palizas que “creía que me iba a matar”, pero no habló sobre las violaciones. Con su agresor entre rejas, ha dado el último paso y las autoridades están ahora investigado la acusación, aunque ya son varios los medios que apuntan a que no es la única que ha sufrido abusos sexuales.

Gimnastas abusadas, en el juicio de Larry Nassar. (Reuters)
Gimnastas abusadas, en el juicio de Larry Nassar. (Reuters)

El silencio y amparo de las instituciones

Como la piedra que se tira en un estanque y produce una onda expansiva, las denuncias sobre abusos sexuales suelen caer, una tras otra, en cuanto alguien se atreve a ser la primera en hablar públicamente. En Corea del Sur, encorajinada por el ejemplo de Shim Suk-hee, una judoca de 24 años, Shin Yoo-yong, ya ha denunciado a su entrenador por violarla desde que estaba en el instituto. Ante el escándalo que se avecina, el presidente del comité olímpico surcoreano presentó este martes sus excusas por "las lagunas sistémicas" que hicieron que las agresiones sexuales no fueran detectadas. "Haré una limpieza de los entrenadores que manipulan el futuro de nuestros deportistas y utilizan su posición para cometer actos desleales. Impondré prohibiciones de por vida a los autores de agresiones sexuales e impediré que puedan ser fichados aquí o en el extranjero”, agregó.

Lamentablemente, las lagunas sistémicas no han ocurrido sólo en Corea del Sur. Es una constante, una plaga, siempre que salen a la luz las denuncias por abusos sexuales. Organismos, instituciones públicas, comités olímpicos que conocían los hechos y los taparon durante años. El caso más evidente ha sido el del depredador sexual Larry Nassar que ha hecho tambalearse tanto a la Federación de gimnasia estadounidense, como al comité olímpico y a la Universidad estatal de Michigan, provocando una catarata de renuncias, despidos e investigaciones que aún no han acabado. Durante tres décadas Nassar campó a sus anchas porque se lo permitieron. Se silenció a las víctimas y se amparó al depredador. Pero no hay que irse muy lejos para comprobar que las ‘lagunas’ también existen en nuestro país.

El juicio contra Millán, la próxima semana

El próximo martes día 22 está previsto que comience en Santa Cruz de Tenerife el juicio contra el entrenador Miguel Ángel Millán por dos presuntos abusos sexuales a menores. La acusación particular pide 21 años y 12 la Fiscalía. Para que el técnico, que fue responsable de pruebas combinadas de la federación española hasta noviembre de 2016, se siente en el banquillo fue crucial la denuncia en diciembre de ese año de media docena de atletas de Alhama de Murcia, encabezados por el medallista olímpico Antonio Peñalver. Sólo así un juzgado de Tenerife que había archivado la denuncia de Eduardo, un joven atleta canario, reabrió el caso.

Antonio Peñalver (Murcia, 1968) fue subcampeón olímpico en decatlón en Barcelona 92 y en diciembre de 2016, recibió una llamada solicitando ayuda para Eduardo, al que la juez no había creído cuando relató que había sufrido abusos cuando tenía 13 y 14 años. "Nos han dicho que tú también pasaste por lo mismo cuando Millán te entrenó en los años 80 en tu pueblo y el suyo, en Alhama ¿Podrías declararlo ante la policía para ayudar a que reabran el caso y crean a Eduardo?”. Su respuesta, tal y como reconoció en El País fue: "¿Cómo no voy a hacerlo? Es lo menos que puedo hacer. No podía permitir que el denunciante quedara como un mentiroso. Lo que digo en la declaración es lo que pasó, sin más historias”. Unos días después de hablar ante la policía, contó en una extensa entrevista en el diario lo que le había ocurrido. Y el relato ponía los pelos de punta.

Millán trabajaba como profesor en el centro donde Peñalver estudiaba. Tenía 13 años: “En el momento en que se produjeron los abusos no entiendes lo que está pasando. Sólo la primera vez me dirigió la palabra, y yo contesté que no, pero siguió, por supuesto. Se repitió unas cuantas veces, no sé cuántas, durante unos meses. No era todas las semanas. Fueron varias excursiones a la sierra. Después de trabajar y entrenar, nos acostábamos en una habitación de unos 15-20 metros cuadrados. En el suelo dormíamos sobre esterillas o jarapas uno al lado de otro... Y te despiertas con, con... ¿Qué haces? ¿Gritas? No puedes hacer nada. Al menos, entonces, yo no pude hacer nada. Ni los compañeros. Estaba a 15 centímetros del de al lado. ¿Qué haces?”

Hijo de campesinos, con el atletismo como fin vital y un entorno en el que Millán era una especie de dios, cuando los abusos cesaron y la Federación le contrató con vistas a los Juegos de Barcelona, Peñalver pensaba “que había sido el único”, apenas se hablaban y le pasaba los planes de entrenamiento. “Llegué a ser subcampeón olímpico porque entre nosotros nos ayudábamos y nos convertimos en pequeños autoentrenadores. Los hermanos Benet, por ejemplo, me enseñaron a pasar las vallas. Él me cargaba tanto que destrozó mi zancada. Pero la cuestión deportiva solo tiene relevancia por el efecto de manipulación que tuvo durante muchos años. Me acuerdo incluso que en el invierno 91-92 la única vez que me dirigió la palabra fue la víspera de que nos fuéramos a Estados Unidos. Y luego, en las concentraciones, ¿cómo ibas a llevarle la contraria? Se mostraba tan cercano, tan amigo, ante otros atletas y los demás entrenadores, como si fuéramos amigos, cuando a lo mejor hacía meses que no me hablaba. No tuve fuerza contra esa imagen tan perfecta de superentrenador, superamigo y súper de todo. Yo no fui capaz de decirle a nadie en su momento que todo era mentira, tanto en lo personal como en lo deportivo. En todo. Todo era mentira”, relató.

Antonio Peñalver, plata en Barcelona, sufrió abusos sexuales. (Imago)
Antonio Peñalver, plata en Barcelona, sufrió abusos sexuales. (Imago)

La responsabilidad de la Federación

En diciembre del 92, Peñalver no recuerda exactamente cómo, pero alguien le preguntó si había sufrido abusos sexuales y se dio cuenta que no era el único, que había “como 20 o 30 más”. Entró en shock, perdió 13 kilos, no salió de casa en meses. En el 93 “hubo reuniones para intentar poner una denuncia que no se puso porque dijeron que había prescrito, pero es todo borroso”. Mientras, a Millán le trasladaron de Murcia a Extremadura, donde siguió entrenando a niños, a jóvenes. La Federación, por lo tanto, tenía conocimiento de los hechos. José María Odriozola fue presidente desde 1989 hasta el 2016 y también el que decidió que Millán fuera el responsable de las pruebas combinadas de atletismo. Pese a todo.

Antonio Peñalver se preguntaba a sí mismo: “¿Cómo puede ocurrir que durante 25 años esté alguien callado? Aunque nunca estuve seguro de todo, yo supuse que todo había acabado con la salida de Alhama de Millán. Se suponía que donde fuera iba a haber prevención y vigilancia”. Y no, no la hubo. Hasta que en 2016, recibió una llamada desde Tenerife, cuando la madre del joven canario Eduardo ayudada por la policía, investigó y localizó a posibles víctimas anteriores después de que la jueza archivara la denuncia. Eduardo asegura que entre 2011 y 2013, cuando tenía entre 14 y 17 años sufrió abusos sexuales y semanas después de que Peñalver declarara ante la policía otro joven, también menor, que sufrió abusos en 2015 y 2016 se atrevió a denunciar a Millán. El caso de Antonio Peñalver ya ha prescrito legalmente, pero declarará como testigo de la fiscalía. Odriozola, que también ha sido citado, ha pedido hacerlo por videoconferencia.

Gloria Viseras y Jesús Carballo.
Gloria Viseras y Jesús Carballo.

Entornos seguros

La justicia dictará sentencia en el caso Millán, pero en cada caso de abusos sexuales a menores se repiten, sin importar el país o la modalidad deportiva, los mismos parámetros. La ex gimnasta Gloria Viseras, que en el 2012, ya prescrito también su caso, denunció a su antiguo entrenador Jesús Carballo, explicaba en El Confidencial: “Hay que dejar de culpar a los padres por no enterarse, a los deportistas por no hablar y hacer que las instituciones pongan los mecanismos de control para detectar los entornos potencialmente abusivos antes de que se produzcan. Hay una serie de marcadores muy claros que deben hacer saltar todas las alarmas. ¿Por ejemplo? Entornos muy cerrados en los que una o dos personas controlan espacios, tiempos, niñas, lo que comen, lo que escuchan, lo que hacen. Adultos, entrenadores o 'fisios' que se quedan a solas con menores en habitaciones cerradas, es que esto está normalizado en el deporte y hay que poner controles. Debemos aprender de lo que ha pasado y anticiparnos, detectarlo, porque es tremendo que, por ejemplo, hasta que no han pillado a Nassar con miles de imágenes de pornografía infantil nadie hizo nada al respecto”.

Viseras hacía una reflexión que deberíamos grabarnos a fuego: “Espero que se entienda que cuando te sucede algo así, tan grave, siendo una niña, lo primero que haces es negarlo. Sientes vergüenza, sientes culpa, te sientes responsable, todo es un largo proceso, pero la cuestión no es por qué los niños tardan años en hablar. Los niños tienen derecho a estar protegidos y sanos en entornos libres de violencia y esto es responsabilidad de los adultos. La pregunta es por qué los adultos no protegieron a las niñas, no por qué las niñas no lo cuentan”.

Deportes

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios