SURGIDO EN LOS BARRIOS MARGINALES DE PUCELA

El milagro del Aula Cultural: cómo el equipo antidroga de Valladolid es referente nacional

Referente del balonmano femenino nacional, Aula Cultural, nació a finales de los setenta en dos barrios masacrados por la heroína en Valladolid. Ahora destacan en Primera y juegan la Copa

Foto: O'Mullony, del Aula Cultural en acción. (Foto: Valentín G. Garibay)
O'Mullony, del Aula Cultural en acción. (Foto: Valentín G. Garibay)

Israel trabajaba en la fábrica de Pegaso y Charo en un taller de confección. Rondaban los veinte años y eran de barrios vecinos de Valladolid. Ya en 1976 la heroína pegaba duro por allí. Él subía a ver a su novia cada día, y juntos decidieron que sus vecinos más jóvenes tenían que encontrar una salida. La maniobra, en un primer momento, no pasaba por el balonmano, pero fueron improvisando.

“Esto comienza en el año 76, en un Aula de Cultura que se funda en el barrio de Las Flores, donde vivía mi novia. El alcalde de la época fundó seis Aulas en seis barrios, como meta social”, cuenta Israel Maniega a El Confidencial. Él, que era del barrio de Pajarillos, creó todo esto, y actualmente es segundo entrenador del equipo de División de Honor femenina. “Teníamos el Poblado de La Esperanza [realojo de las chabolas de la antigua gravera de San Isidro] muy cerquita, a medio kilómetro, era el centro neurálgico de la droga en Valladolid. Durante las 24 horas. Hablando con Charo llegamos a la conclusión de que no podíamos permitir que los jóvenes estuvieran todo el día en la calle y viendo eso”.

La tela de araña de las jeringuillas

Lo fácil, entonces, era quedar atrapado en la tela de araña de las jeringuillas. Escuchando al actual entrenador del primer equipo, Miguel Ángel Peñas, se entiende a la perfección: “De vez en cuando quedamos a cenar los de mi pandilla de Pajarillos. Empezamos a contar cuántos se han muerto por la droga, de los de las pandas de alrededor. Y contamos doce o catorce, entre amigos y conocidos. Tiraron para un lado y nosotros tiramos para otro lado”. Por eso, lo difícil en aquel entonces era organizar una asociación juvenil en el Aula inaugurada. Israel Maniega lo dirigió desde el principio: “Conseguimos organizar actividades de lunes a sábado. Los lunes, por ejemplo, organizábamos debates; los martes hacíamos teatro...”.

Cuando llegó el momento de la actividad deportiva, el sábado, un grupo de chicas, entre ellas la hermana de la novia de Israel –Mari Luz Álvarez– le dijeron que las tenía que entrenar, porque jugaban en su colegio al balonmano y creían que las monjas no lo tenían muy claro, ya que decían que subieran tres a atacar y que otras tres se quedaran a defender. “Yo jugaba de defensa central en Las Flores, en Primera Regional”, puntualiza Israel. De balonmano no tenía ni idea. “Lo único que os puedo decir es que yo por televisión he visto que suben y bajan los seis a la vez”, fue la frase con la que arrancó esta bendita locura.

“Me compré un libro de técnica y otro de táctica, y así empezamos, con los dibujos que allí ponían”. Mari Luz y sus amigas tenían entre doce y catorce años, y tan pronto participaban de los debates o se preparaban un papel en un montaje teatral, como salían disparadas al contraataque hacia la portería contraria. Lo mejor de todo, ante la sorpresa general, fue que empezaron a ganar partidos. E Israel comenzó a tener claro hacia dónde debía dirigirse ese Aula Cultural.

"250 chicos ocupados haciendo deporte"

Para mantener el rumbo y la velocidad, el proyecto se amplió consiguiendo montar una estructura de cantera en colegios de la zona. Primero con el Pío Del Río Hortega, y después, ya en Pajarillos, con el colegio Santiago López y con el Cristóbal Colón. Tanto Maniega como Peñas –a él también le liaron poco después– dejaron de jugar al fútbol por meterse de lleno en el mundo del balonmano, y han construido una trayectoria envidiable. A su alrededor, mientras tanto, continuaba reinando la poca información y la inconsciencia, nadie sabía nada del infierno al que te dirigían las drogas. “Los que salimos de esos entornos malos”, asegura Peñas, “nos libramos”. O, como resume Israel: “250 chicos ocupados haciendo deporte, y alejados del Poblado de la Esperanza, que está ahí a la vuelta de la esquina.”

Los libros de balonmano dieron paso a los cursos de entrenador, aunque los entrenamientos transcurrían como buenamente podían. Maniega rememora sesiones “en patios, a las diez de la noche, con niebla y sin luz, únicamente con la poca iluminación de las farolas de la calle Pelícano. Abría un poco las ventanas del parvulario para que saliera un poquito de luz de allí.”

Ver entrenar ahora cualquier tarde al Aula Cultural en Huerta del Rey, al otro lado del Pisuerga, transmite una espléndida sensación de justicia universal. “El primer día que entrenamos aquí para nosotros fue algo espectacular”, comenta Miguel Ángel Peñas, que presume de un cuerpo técnico de trece personas exclusivo para el primer equipo. “Aquí hemos metido casi a dos mil personas en un partido de balonmano femenino”.

La estrella del balonmano español del futuro

En el buen ambiente general destaca la presencia de la María Prieto O´Mullony, la próxima gran estrella del balonmano español. Lidera la clasificación de goleadoras de la Liga Guerreras Iberdrola con 184 goles en 21 partidos. Fuera de la pista también está a la altura de su papel de referente generacional: “Los domingos nos gusta ir a ver a las categorías base al Cristóbal Colón. Hay que verlas, es importante que las chicas pequeñas vean que las apoyamos, igual que ellas vienen a vernos los sábados. Se reflejan en nosotras. Nos miran y quieren ser como nosotras”.

Las categorías formativas del Aula Cultural son los cimientos de acero de este sueño sociodeportivo. No por casualidad su escudo tiene cinco estrellas, en honor a los Campeonatos de España que han logrado sus chicas (1992, 2008, 2009, 2010 y 2011). Esa primera generación campeona de España, la de 1992, surge del trabajo inmenso de creación de la cantera completa en colaboración con los mencionados colegios –el club había oficializado estatutos en 1986–. Aquella hornada provocó otro de los grandes orgullos pucelanos: “Las primeras internacionales que tuvo el Aula Cultural”, remarca Maniega, “fueron Sonia Velasco, Lara Valcuende y la portera Esther Silva, con la selección juvenil.”

Israel Maniega hoy tiene 64 años. Hace memoria desde un Polideportivo Huerta del Rey completamente vacío. El entrenamiento ya ha terminado. No tiene nada que ver con las primeras pistas que midió y señalizó con sus propias manos. Charo, su novia de Las Flores, luego se convirtió en su mujer, y ahí siguen.

Le preguntas que cómo es posible que el Aula Cultural, surgido de la nada, de la lucha contra la marginación social, se haya convertido en toda una referencia del balonmano femenino nacional, y se queda pensativo: “Eso mismo me pregunto yo”.

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