el adiós de un grande del deporte español

Rocas: "Sufría cada día entrenándome, no quería arrastrarme, por eso me retiro"

El extremo de 37 años, dos veces campeón del mundo con España, deja el balonmano desde el agradecimiento. "A mí me lo ha dado todo, desde mi mujer y mi familia a mis amigos"

Foto: Albert Rocas, en s u despedida. (EFE)
Albert Rocas, en s u despedida. (EFE)

Cuando lo deja Albert Rocas no lo deja cualquiera. Dos veces campeón del mundo, 20 temporadas en la élite, una de las grandes estrellas que ha dado el balonmano. A una figura como él se le despide con honores, en el Comité Olímpico Español, entre vítores y buenas palabras. "No pensaba yo que fuese tan emotiva la ceremonia, en la vida me hubiese imaginado algo así", explica para empezar la conversación con El Confidencial. Claro que igual las cosa está en vivir el momento y no pensar demasiado en lo que está por venir. De hecho, unos minutos después, justo antes de la despedida, Rocas asegura que su exitosa carrera no era casi ni un sueño: "Nunca pasó por mi cabeza debutar en Primera, no te digo ya ir a la Selección".

Empecemos esta vez por el final, que es ese adiós. Para llegar al homenaje antes hay una decisión que tomar. En este caso obliga el físico, las facturas que ya no se pueden pagar. "Siempre lo he dicho, que cuando no te diviertes hay que abandonar. Mi cuerpo no daba para más, después de tres operaciones no estaba para entrenar todos los días, ni para la exigencia que yo quería que mi carrera tuviera. No quería ni arrastrarme ni dejar de divertirme", cuenta. Retirarse, especialmente en los deportes de equipo, es casi una cuestión de honestidad. Seguir en la brecha por su nombre, cuando las piernas ya no alcanzan su fama, no era algo que Rocas se quisiese permitir. "Estaba sufriendo entrenando cada día, me tenía que medicar constantemente y ya no merecía la pena".

El balonmano termina como jugador, pero nunca se lo podrá, ni querrá, despegar de su vida. "A mí me ha dado todo, he conocido a mi mujer, a mis amigos, he formado una familia gracias a este deporte. Empecé a jugar con seis años y esos amigos que hice en ese equipo siguen siendo mis amigos", enumera. De los seis de entonces a los 35 de ahora ha ido incorporando otros muchos nombres que ahora, en la despedida, reaparecen para darle las gracias. "He recibido muchas muestras de afecto, eso es lo que más me llena, todos lo mensajes bonitos".

"Que esto no es fútbol..."

Ahora toca una nueva época, con el deporte de fondo, por supuesto. "Estudié en Madrid, en la Camilo José Cela, y el máster también. He ido formándome de manera semipresencial porque tenía muy claro de que tenía que hacer otras cosas, que esto no es fútbol y no da para vivir de las rentas para siempre". Así que toca ser coordinador del departamento de Educación Física en el colegio Estudiantes Las Tablas, en Madrid.

Rocas, en un partido con la selección. (EFE)
Rocas, en un partido con la selección. (EFE)

En su tiempo en el balonmano le ha dado, lógicamente, a ver prácticamente de todo. Entre otras muchas cosas, cómo la Asobal ha pasado de ser una liga disputada y de referencia a un campeonato de un solo equipo. "Yo cuando jugué en el Barcelona había años que quedaba tercero. Ahora, en Logroño -su último equipo ha sido el Naturhouse- sabes que vas a caer en Champions y en Liga en algún momento, que vas a perder puntos por el camino. No estás a ese nivel competitivo, pero se intenta llevar de la mejor manera posible. Igual no puedes pelear por la liga, pero intentas hacerlo en alguna copa, a ver si les das un susto, o ganarles algún partido a ellos, que es una motivación. Cuando no puedes ganar títulos te acostumbras a pelear por otras cosas", relata Rocas.

El estado de la Asobal

Y es que la crisis llegó a todas partes y el balonmano no fue ajeno al proceso. Solo mantuvo el músculo económico el equipo que tenía el respaldo del fútbol. "La liga se ha descompuesto por completo, los clubes hacen lo que pueden, pero es que el dinero ha desaparecido. Vivimos un momento de burbuja, el dinero afloraba en cualquier lado y ahora hay que sobrevivir, pero es lo que toca. Igual nos ha faltado un Madrid de balonmano".

No hay lamento, no hay pena, no es más que un análisis. Rocas no quiere cargar las tintas o señalar más culpables que la realidad económica del país, probablemente porque no los hubo, simplemente un deporte grande, pero artificialmente potenciado con dinero público -como casi todos- que cuando vino la ola no tuvo resortes para capear el temporal. La parte buena es que la selección no se dolió de aquello, porque la materia prima existe. Aunque ahora para ganarse la vida haya que marcharse a vivir a otro país de Europa.

Albert Rocas, con el Naturhause, su último equipo. (EFE)
Albert Rocas, con el Naturhause, su último equipo. (EFE)

La Selección, su club de siempre

"Hay una pérdida de potencial económico, de recursos, pero este país vive del talento de los entrenadores de base", explica. Él ha vivido grandes equipos, los mejores, los dos campeones del mundo. También es medallista olímpico, en Pekín. ¿Suficiente? Más o menos, los títulos suben la popularidad del deporte, pero eso no siempre se mantiene en el tiempo. "Cuando vas ganando algo hay un boom, lo vivimos en Túnez y en Barcelona, pero eso se va apagando, si no vas ganando año a año. Hay mucha competencia entre deportes, evidentemente que se pueden mejorar cosas, pero también podría tener menos repercusión", cuenta.

"Pero yo no creo que el balonmano esté maltratado, siempre quieres un poco más, hay que ser ambicioso, pero se hace lo que se puede con los medios que se tiene. Es fútbol tiene otra posición, a los niños se les bombardea con fútbol y es difícil escapar de ello, lo hagan bien o mal tendrán atención mediática, pero el resto dependen de tener un mega 'crack'. Seguramente si la selección hubiese ganado todo, como ha hecho Francia, hubiese tenido un punto más de atención", reflexiona.

El caso evidente es Francia, donde las victorias constantes han llevado a labrar una de las mejores ligas del mundo y han logrado que el deporte se sitúe incluso por encima del baloncesto en el país. "En Alemania o Francia el seguimiento es brutal, como en Dinamarca, donde se sigue más que el fútbol. En España hemos pasado de una liga muy potente a una secundaria y eso nos hace pensar que todo está mal, pero eso mismo ocurre en Hungría o en Macedonia, donde un equipo sobresale y se lo juega todo en Europa".

Se cierra también una carrera en la selección con 178 partidos internacionales, que se dice pronto. "Es el club en el que más he estado, para mí como un grupo de amigos, hemos pasado muchos años juntos, he ganado medallas... ha sido un privilegio y un honor estar en la selección, me he sentido siempre un privilegiado, ha sido un gran premio", disecciona sobre su tiempo en los Hispanos.

Y así termina una carrera, 30 años metiendo goles desde el extremo, 20 en la élite, casi tantos en la Selección. En España, en Dinamarca; con el Barcelona, pero también en Granollers, Valladolid o Pamplona con el Portland. "Lo que puedas ganar, los títulos o el dinero, son secundarios, si no hay diversión y no te apasiona todo lo demás no va a llegar". Albert Rocas, un grande del deporte español.

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