apunta a seguir jugando hasta los 45

Michael Jordan es la marca que Tom Brady quiere igualar en esta Super Bowl

El 'quarterback' de los New England Patriots quiere ganar esta madrugada su sexto anillo de la NFL. Los Eagles de Filadelfia son la última barrera para el legendario jugador de 40 años

Foto: Tom Brady lanza en la final de conferencia. (EFE)
Tom Brady lanza en la final de conferencia. (EFE)

Tom Brady tiene 40 años y es uno de los jugadores de más edad de la NFL. Es, por descontado, el 'quarterback' exitoso más longevo. Amenaza con llegar mandando en su equipo hasta los 45, una edad que es casi un imposible teórico para alguien de sus características. Al fin y al cabo, cada vez que entra en el campo hay once tipos enfrente cuyo máximo objetivo es golpearle de una manera u otra. Brady, quizá el deportista más exitoso de siempre, no teme a los golpes. No importa que la liga esté, por fin, pensando en la salud mental de unos hombres condenados a zurrarse, ni que haya jugadores que empiezan a plantearse si jugar al fútbol americano no es firmar un contrato con las enfermedades cerebrales derivadas de la práctica de este deporte. En Brady todo eso no tiene cabida, es un hombre con una misión.

La comparación más cercana, por lejos que se encuentren ambos, es la de Michael Jordan. No, ni siquiera juegan al mismo deporte, pero eso es un poco lo de menos en este caso, los dos se han pasado todas las pantallas del videojuego de su especialidad y compiten con los grandes de otras disciplinas. Este domingo, Tom Brady puede ganar su sexto anillo de campeón de la NFL. Tantos como consiguió el escolta de los Bulls. Sus habilidades no tienen nada en absoluto que ver y, sin embargo, las similitudes son tantas que casi es imposible regatear la comparación.

"Llegue a entrenarme a las 6.30 de la mañana y me dijo 'buenas tardes'. Fui llegando cada día antes a las instalaciones pero Brady ya estaba allí, dispuesto a darme las buenas tardes. El día que llegué a las 5.30 repitió la frase, pero yo le contesté que no contase con que apareciese antes de eso", explicaba hace unas semanas Rodney Harrison, uno de esas decenas de jugadores que han ido pasando por su lado. Lo decía, por supuesto, con admiración. Brady, como Jordan, era el primero de sus compañeros en llegar y el último en irse. Tiene algo de tópico el tema, pero al final es una muestra de lo necesario que es el compromiso cuando se tiene el talento para ser trascendente en un deporte.

Jordan también tenía ese punto de locura, de casi dar miedo a sus compañeros porque, al fin y al cabo, todos piensan que algo no están haciendo bien si los mejor dotados están exprimiéndose tanto. En todo caso, para llegar a esas cotas, casi cercanas a la obsesión, hay que tener en la cabeza un chip algo diferente, el de la competitividad. Por todos es sabido que Jordan, apostador, le gustaba el reto casi tanto como jugar al baloncesto. No había más que verle desplegar su ira cuando algún rival un poco insensato se atrevía a hacerle algún menosprecio, por ligero que fuese.

Competir por todo

"En un vuelo hasta Los Ángeles empezamos un juego con los dados, y yo le iba ganando 200 dólares. Empecé a vacilarle y vi cómo su frustración subía. Cogió el tablero y lo tiró hasta el final del avión, pero seguimos jugando y terminó ganándome 300 dólares. De repente era el hombre más feliz, con el mejor humor, ni siquiera me dejó pagárselos, a él le valía con haber ganado", contaba Wes Walker, también excompañero de Brady. El 'quarterback', reconocible por su estilo de vida frugal, también es recordado en alguna fiesta por ser el que bebía cerveza más rápido. Era una competición y él no admite una derrota ni siquiera en eso.

Uno de sus entrenadores recuerda de Brady otro atributo que también comparte con otros muchos deportistas estratosféricos: la memoria. Rafa Nadal es capaz de recordar golpes concretos de casi todos sus partidos, y eso que lleva una vida entera en lo suyo. Algo similar le ocurre al 'quarterback', con 18 años de profesional. "Fuera de su talento y su competitividad es algo que siempre le digo a la gente que le separa del resto del mundo, es como un ordenador", disecciona Bill O'Brien, que le entrenó en los Patriots.

Hay otra similitud entre Jordan y Brady, ambos hicieron una asociación magnífica con una de las grandes mentes de sus deportes. El escolta se encontró en Chicago con Phil Jackson y juntos, con el triángulo ofensivo y su filosofía oriental, hicieron del baloncesto su patio de recreo. Y Brady se encontró en su camino con Bill Belichick, una de las grandes mentes del deporte y juntos —con sus rarezas— crearon un imperio.

Porque Brady pasará como el mejor, y su entrenador también, pero probablemente no como los más limpios. En su pasado hay suspensiones, conflictos y un odio de los rivales bastante generalizado. Lo habitual es que lo hagan mejor aun cuando peor están las cosas, como en la Super Bowl del pasado año, la madre de todas las remontadas. Belichick es un tipo curioso, jamás da una pista, nunca dice nada que pueda revelar una táctica, es huraño y lejano a todo. Es un genio, el general de un ejército que no para de ganar.

Sigue la comparación entre el genio del baloncesto y el mariscal de campo. Jordan es recordado, entre cientos de cosa más, por un partido único en el que no importó que estuviese con la fiebre subida para dar una exhibición contra los Jazz, sus archirrivales. Eran las finales de 1997 y poco importó la gripe, anotó 38 puntos y Pippen casi se lo tiene que llevar en camilla. Brady puede contar que esta temporada, antes de la final de conferencia, tuvo un incidente en un entrenamiento que le obligó a tener 12 puntos de sutura en su mano derecha, la que utiliza para lanzar, y le mermó la movilidad de la misma. No le importó en absoluto para remontar a Jacksonville, porque estos tipos son más fuertes que el dolor.

El abrazo del maestro y la estrella.
El abrazo del maestro y la estrella.

Nadie creía en él

De Brady hay que decir que nadie creía en él. Nadie, en absoluto. Había pasado por la universidad de Míchigan, importante, pero cuando llegó el 'draft' nadie se lo tomó muy en serio. Que no quiere decir que el chico no fuese bueno, pero la noche de la elección no se reparó en su talento. Una ronda, dos, tres... hasta la sexta, la posición 199. Es casi imposible encontrar en el deporte estadounidense alguien con tan malas perspectivas que haya llegado tan lejos como él. Claro que en realidad tampoco nadie con mejores perspectivas ha llegado al nivel que ha mostrado Brady en estos años.

Ser el número 199 del 'draft' te aboca a no tener futuro en la NFL, pero eso no se le podía contar a este californiano, que siempre pareció convencido de que llegaría. "En el año 2001, antes de ser titular, estábamos mi primo y yo en una fiesta con él. Me dijo que tenía un plan y que iba a tener una gran oportunidad de jugar en esa temporada. Mi primo me miró. '¿En qué está pensando Tommy?', me dijo extrañado, tenía por delante a Bledsoe, que era una estrella y un número 1 del 'draft", rememora en 'ESPN' Pat Kratus, excompañero de habitación de Brady en Míchigan. La fe mueve montañas, aunque en el caso de Brady casi más importante que su ímpetu fue una lesión de su compañero. Gracias a ella empezó a jugar y después de aquella ya nunca más dejó su puesto. Salvo cuando él mismo estuvo lesionado, por supuesto.

Las lesiones, un punto curioso en Tom Brady. Desde hace años, y en esa pelea suya por la eterna juventud, tiene a su lado al controvertido Alex Guerrero. Es su consejero, su fisioterapeuta, el padrino de su hijo menor... mucho sería decir que es su médico, pues su educación es un grado en "medicina tradicional china" en una universidad de Los Ángeles que hace tiempo desapareció. Pero el caso es que cree en él a pies juntillas. Esto, de hecho, es uno de los puntos de fricción que recientemente han separado a Brady de su entrenador. A Belichick no le gusta un tipo que, además, ha ido extendiendo su influencia por el equipo como una mancha de aceite. O así fue, al menos, hasta que el entrenador decidió echarle de las instalaciones de los Patriots.

Las malas relaciones internas, en todo caso, son un clásico del equipo. De vez en cuando sale que se llevan todos horriblemente mal, quizá porque todos son bastante raros, seguro que porque hay rencillas. El caso es que al final llegan y se plantan en la Super Bowl. Y quieren ser los mejores de siempre, el entrenador más grande, el jugador legendario. El único que, quizá, puede competir con Jordan.

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