el racismo sigue presente en la nfl

El 'matón' Richie Incognito vuelve a las andadas de los insultos racistas

El jugador, ahora en los Bills, parecía rehabilitado después de ser expulsado de la NFL por maltratar a un compañero, Jonathan Martin, que tuvo que retirarse deprimido por su actitud

Foto: Richie Incognito, con los Bills. (Reuters)
Richie Incognito, con los Bills. (Reuters)

La posición de línea ofensiva está entre las menos atractivas de todo el fútbol americano. Su labor es bloquear a las defensas para que no maltraten al 'quarterback' y abrir camino a los corredores, son muy escasas las estadísticas que reflejan su labor. Los jugadores que la componen son gigantes entrados en carnes pero con movilidad, moles difíciles de desplazar muy valoradas por los mariscales de campo pero, en realidad, solo por ellos. La mayor parte son completamente desconocidos, no tienen titulares en prensa, no aparecen reflejados en las crónicas porque poco pueden hacer con su juego para saltar a un texto. Son, de hecho, difíciles de diferenciar unos de otros. En ese mundo de ignotos hay, sin embargo, un nombre bien conocido: Richie Incognito.

Los motivos de su fama están lejos de ser los mejores. Incognito hoy juega en los Buffalo Bills, que esta temporada han conseguido meterse en los playoffs. Un equipo bronco en el que el jugador de la línea ha conseguido una segunda juventud. Su anterior vida, en los Miami Dolphins, terminó abruptamente. Incognito era un abusón. La historia de Jonathan Martin pasó como uno de los grandes escándalos de su tiempo. Ambos eran compañeros de equipo e Incognito, junto a otros compañeros, hizo la vida imposible de Martin que terminó saliendo del equipo deprimido.

La NFL encargó al fiscal Ted Wells que investigase lo ocurrido en aquel vestuario y él respondió con un informe de 144 páginas demoledor. En su extensa pericial aparecía un culpable por encima de todos, Incognito, que había manipulado a unos cuantos compañeros para meterse con Martin. Su compañero llegó a verse obligado a pagar unos cuantos billetes de avión hasta Las Vegas para disfrute de unos pocos y, por supuesto, tuvo que aguantar unos cuantos insultos racistas de Incognito, pues él es mulato y le llamaba "medio negro". No era la primera vez que el jugador de línea era el centro de la polémica, ya en la universidad de Nebraska tuvo broncas con compañeros y siempre fue considerado un jugador sucio.

La reinserción en Buffalo

Incognito fue suspendido durante ocho partidos y la siguiente temporada a sus fechorías no encontró nadie que le acogiese. Daba la sensación de que se había creado un proscrito. De repente, llamaron los Buffalo Bills. Quizá otra franquicia, al llamarle, hubiese generado una enorme controversia, pero esas cosas no ocurren en Buffalo. Es u na localidad bastante pequeña, situada en el estado de Nueva York, no demasiado lejos de las cataratas del Niágara o de Toronto. Un sitio tranquilo, de abrumadora mayoría blanca y en el que no suele residir la polémica.

Eric Wood, otro línea ofensiva de los Bills, fue el que le recomendó. "Le conocía de antes de la suspensión, yo sé que tipo de jugador es y sabía que era un jugador que casaría en Buffalo", explicaba este año Wood. Por el camino Incognito había tratado de recomponer su imagen, el matón salía por redes sociales, negaba ser racista e intentaba de algún modo volver a la liga con cierta decencia.

"Me siento muy identificado con esta ciudad, el esfuerzo, el trabajo duro, la mentalidad... ha sido un buen sitio para mí, es un lugar especial y también una gran organización con los jugadores dejándome ser un líder y un buen compañero", remarcaba esta temporada el propio Incognito en un periódico local. "Yo no soy un racista, juzgarme de ese modo es completamente erróneo. De ninguna manera o forma sería para mí aceptable utilizar la palabra Negro [que en Estados Unidos está considerada un fuerte insulto cuando es pronunciada por un blanco] incluso si es para un amigo". Lo cierto es que en la investigación de la NFL se le escuchaba esa palabra en un mensaje de voz a Martin.

La hinchada, una de las más animosas de la NFL, le acogió con cariño. La Bills Mafia, que así se llama, ha saltado a la palestra esta última semana por su enloquecida celebración al entrar en playoffs 17 años después. Los vídeos muestran muchos abrigos y enormes aficionados contentos con lo hecho por sus chicos, incluido Incognito, a pesar de que fuesen eliminados en el primer encuentro de la postemporada.

Y todo esto sonaría a una bonita historia de redención sino fuese porque el escenario era de cartón piedra. Un tuit del jugador de Jacksonville Yannick Ngakoue, rival de los Bills esta semana, dejaba las cosas claras. El matón seguía siendo un matón. "Una gran victoria. 64 [el número de Incognito] vas a tener que venir más duro la próxima vez, con tus insultos racistas no vale. Estoy orgulloso de mi herencia africana igual que el 70% de los jugadores negros de esta liga".

Marcus Ball y el racismo

Un compañero de los Bills, Dion Dawkins, ha salido en su defensa. No quiere creer que Incognito haya vuelto a las andadas y asegura que si él hubiese escuchado algo así no hubiese tardado en reaccionar y en decirle que estaba cruzando una línea. El protagonista, a pesar de tener Twitter y ser activo en la red social, no ha respondido de ningún modo las fuertes acusaciones de Ngakoue.

Incognito acaba contrato, pero después de una temporada, y si este último episodio no va a mayores, lo más probable es que el año próximo siga siendo parte de los BIlls.

Y sin embargo, Marcus Ball verá la liga en casa. Su tema es completamente diferente al de Incognito, pero surge de la misma raíz. Ball fue llamado por los Carolina Panthers y despedido solo un partido después de aquella llamada. Según cuenta él la historia en Sports Illustrated, un gesto durante el himno, levantar un dedo al cielo, le terminó dejando en la calle.

Tampoco Kaepernick, un 'quarterback' de nivel, encuentra equipo. Los propietarios dicen que no tiene nada que ver con sus protestas durante el himno, él fue el primero, pero cada vez resulta más complicado pensar en la veracidad de esas alegaciones. Ball, en su texto, cuenta que el dueño de los Panther, Jerry Richardson, no está conforme ni con las muy típicas trenzas de jugadores afroamericanos ni con los tatuajes. Lo cual en la NFL suena incluso chistoso, porque son una abrumadora mayoría los que llevan esa guisa.

Carolina es, además, uno de los lugares en los que la violencia policial contra los negros ha sido más llamativa y, en consecuencia, un sitio en el que el tema del racismo -y de las protestas por los derechos civiles- es especialmente caliente. Y es curioso, porque si alguien sabe de lo que puede dar de sí una sociedad interracial ese es Marcus Ball que en su carta le recuerda al mundo que su madre, que le crió en solitario, es blanca.

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