una futura estrella que asoma con fuerza

Marcos Ruiz, "un friki de la halterofilia" para coger el testigo de Lidia Valentín

Triunfador en el último Europeo Sub 23, después de sumar otros éxitos internacionales en los dos últimos años, este haltera catalán aparece como relevo de la gran campeona

Foto: En la imagen, Marcos Ruiz. (FOTO: Isaac Morillas / FEH)
En la imagen, Marcos Ruiz. (FOTO: Isaac Morillas / FEH)

Su excelente respuesta en el Europeo Sub 23 simplemente confirmó lo que venía apuntando durante los últimos años. En una especialidad en la que Lidia Valentín lo ha copado todo con una carrera para enmarcar, el mundo de la halterofilia alumbra poco a poco a pujantes atletas llamados a agarrar algún día el testigo de la gran campeona. Marcos Ruiz (Molins de Rei, Barcelona,13-10-1996) sumó en Durres (Albania) dos medallas de oro (dos tiempos y total olímpico) y una de plata (arrancada), confirmado lo que se piensa de él desde hace tiempo. En el interior de la Federación Española de Halterofilia (FEH) está muy bien considerado, se estima que España cuenta con un deportista que puede hacer grandes cosas cuando alcance la madurez y lleguen las grandes citas. “Me volví un friki de la halterofilia en cuanto me metí en este mundo”, desvela en conversación con El Confidencial.

De un día para otro pasó de dar patadas a un balón a entrar en un lugar desconocido. Con 13 años, un amigo le habló del mundo de los gimnasios, de lo mucho que disfrutaba entre pesas. “Pásate un día, aunque sólo sea para verlo”, le espetó. Así lo hizo Marcos y un mes después el fútbol quedó aparcado en un rincón. Para siempre. “Me encantó el ambiente que me encontré, el buen rollo que había, no encontraba problemas por ningún lado... Y aquello me enganchó de inmediato”, recuerda. Y aquel niño se metió en un extraño espacio que con el tiempo le atrapó por completo.

Hasta hace dos años, comenta, “no me imaginaba que pudiera alcanzar éxitos en el mundo de la halterofilia. Estaba en San Cugat, pero cuando me dijeron que me fuera a Madrid a la Joaquín Blume ya empecé a pensar que podría hacer cosas importantes”. Los buenos resultados comenzaron a llegar en cascada. Campeón de España Sub 17 (junior y absoluto), subcampeón del mundo junior en arrancada en 2016, campeón de Europa junior en arrancada, dos tiempos y total olímpico… Sin olvidar sus éxitos en territorio nacional. “Me dije, si de verdad me pongo las pilas, puedo triunfar en este deporte”, así evoca cómo un buen día tuvo claro que en esta dura especialidad podría ganarse un lugar preferencial. El que ya ocupa.

“Un bronce tonto”

El primer sorprendido por su tremenda progresión “soy yo”, reconoce. “La verdad es que no me esperaba estar en la actual situación”, apunta ahora que ya aparece en primera línea. Afrontó el Europeo junior de 2015 sin grandes pretensiones, “con mucha tranquilidad”. Pasó que un haltera ruso falló y Marcos se colgó “un bronce tonto, no me lo creía”, comenta. En el Mundial junior de 2016 escaló un peldaño más con una plata que le dejó con la boca abierta: “Yo fui el más sorprendido”. Y este último éxito sellado en Albania ya lo asumió casi como algo normal: “No sabía cuál sería el color, pero sí tenía claro que aspiraba a estar en el podio”.

Tras cuatro años en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat y ahora dos en la Joaquín Blume de Madrid, Marcos vive como un profesional de la halterofilia. Sólo los domingos aparecen con las agenda despejada; el resto de jornadas, entrenamientos y más entrenamientos, aderezados con sus estudios a distancia. También tiene tiempo para prepararse para ser algún día entrenador de halterofilia (ya tiene en su poder el nivel 1), pero por el momento toca estar a punto para los muchos compromisos que le esperan ahora y en el futuro.

Su familia, sus amistades, expresaron su sorpresa aquel lejano día en el que Marcos decidió que la halterofilia sería parte fundamental de su vida. “Por decirlo de alguna manera, suena raro eso de dedicarse a un deporte tan minoritario, sin olvidar los prejuicios que rodean a este deporte”, destaca. El hercúleo haltera tuvo que esuchar a su alrededor unos cuantos murmullos, pero desde el primer momento encontró satisfacción viviendo entre pesas. Y no, esos prejuicios nada tiene que ver con el dopaje que tanto ha ensuciado el mundo de la halterofilia. “Ese asunto aparece en niveles muy superiores”, subraya.

La leyenda de la estatura

Se refiere Marcos a esa leyenda que apunta a que los niños se quedan bajitos por culpa de la halterofilia. “Especialmente no le gustó a mi madre que entrara en este mundo”, señala el catalán. Esa fábula, indica, provocó que en su entorno más cercano se torciera el gesto al conocer los planes del joven. “Y es todo mentira, aunque sé que tira atrás a muchos padres cuando se enteran de que sus hijos se quieren dedicar a esto”, recalca. “Piensan que su niño no va a crecer”, añade. “Pero yo mido 1,82 y soy más alto que mi padre”, remata para desmontar el cuento. “No es sólo cuestión de fuerza, es también mental, pero por el momento soy escéptico sobre la figura del psicólogo. Me concentro muy bien cuando compito, subo la barra… y punto”, expone sin vacilar Marcos.

“No hay que confundir halterofilia con ir al gimnasio, son dos cosas muy diferentes”, significa Marcos. Antes, reconoce, “iba a divertirme, ahora disfruto un montón este deporte pero de otra manera, ahora ya profesional”. Ahora el trabajo de deportista de élite le deja reventado más de un día, pero sabe que no puede frenar, ya no hay camino de retorno. “Aunque esté cansado, sigo pensando en disfrutar en todo momento”, dice el joven atleta, “aunque ahora me ya me tomo la halterofilia de otra manera, nada que ver con aquellos primeros años”.

Marcos Ruiz, en plena arrancada. (FOTO: Isaac Morillas / FEH)
Marcos Ruiz, en plena arrancada. (FOTO: Isaac Morillas / FEH)

La mejor

Cuando el espinoso asunto del dopaje aparece en escena, no duda ni un segundo Marcos a la hora de dar su opinión. “Es que te puedes morir con el dopaje”, subraya con un punto de indignación. Confía en que mute la situación en el mundo de la halterofilia, pero es escéptico: “Mucho tienen que cambiar las cosas para que desaparezca esta lacra. Aparte del dopaje en sí y las mejoras que provoca en el rendimiento, hay un mercado de dinero debajo, porque hablamos de un mercado muy caro. Esto no es barato...”. Y apostilla: “El problema es que en muchos países se asume como normal el uso de sustancias prohibidas, es parte de su cultura, siempre hay que entrenar con 'eso'….”.

Toca el remate final y Lidia Valentín entra en escena. “Es la mejor deportista de la historia de España”, sentencia Marcos sobre la triple medallista olímpica, una marca sobresaliente. “Lo hace todo de maravilla; entrena bien, compite bien, se cuida como la que más, se lo curra de cojones...”. Las palabras salen de su boca como un torrente al hablar de su compañera. “Si quieres ser el mejor futbolista, te fijas en Messi y Cristiano Ronaldo; si quieres ser el mejor haltera, pues te fijas en ella”, atestigua. Los Juegos de Tokio 2020 aparecen en su agenda. Una cita para la que trabaja, dice para acabar, “mucho y a conciencia”, con el fin de formar parte de la delegación española.

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