Ha costado 27 años, pero al final nos han hecho pagar por el deporte en televisión
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UN ESCENARIO IMPENSABLE A FINALES DEL SIGLO XX

Ha costado 27 años, pero al final nos han hecho pagar por el deporte en televisión

Las presiones políticas y un desaguisado judicial extendido durante décadas han taponado la explotación del deporte en televisión

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El 2 de septiembre de 1990 algo cambió en nuestras vidas. A las cinco de la tarde, como marcaban los cánones, Canal Plus emitió en España el primer partido de fútbol codificado. Fue un Valencia-Atlético de Madrid en Mestalla que se saldó con empate a uno, goles de Eloy Olalla y Gerhard Ródax. Un partido tedioso, narran las crónicas, retransmitido por los debutantes Carlos Martínez y Jorge Valdano, que hizo regresar a los españoles al bar para ver el partido, una costumbre en desuso desde comienzos de los 70, cuando los televisores se popularizaron en nuestro país. Aquella emisión fue la primera piedra de una obra que con el tiempo se demostró titánica: hacer pagar a los españoles por el deporte en televisión. Han necesitado 27 años para hacernos pasar por taquilla pero, tras las ventas de los derechos de la Champions (Mediapro) y los JJ.OO. (Eurosport) a operadores que han avanzado no emitir en abierto, es ahora cuando podemos decir que finalmente lo han conseguido.

Hasta la llegada de Canal Plus los derechos del fútbol pertenecían a las autonómicas, en el caso de la Liga, y a Televisión Española en las demás competiciones. Para arrebatarles un solo partido a la semana –y como segunda elección, pues Forta elegía primero–, fueron necesarios meses de negociación, un gobierno afín (la próspera dupla Polanco-González) y 18.000 millones de pesetas. En teoría era un acuerdo con el que ganaban todas las partes. Los aficionados tenían la posiblidad de ver un partido más por jornada, con un despliegue técnico como nunca se había visto antes, merced a la revolución informativa que Alfredo Relaño, primer director de deportes de Canal Plus, implantó en las retransmisiones de fútbol.

La Liga, por su parte, incrementaba sus ingresos con la llegada del nuevo actor, lo que repercutiría en maletines más gruesos para atraer esos galácticos necesarios para equiparar la liga española con otras que la superaban en todos los ámbitos como el Calcio y la Premier. Y por supuesto también fue beneficiada Canal Plus, que habia hecho una apuesta de máximos: "La inversión de Prisa fue grande, tanto en medios humanos y tecnológicos como en derechos televisivos, porque había que romper el muro de cristal que los españoles tenían con el pago de un golpetazo. Te diría que lo conseguimos, que conseguimos miles de abonados durante los primeros meses, pero no fue así. La cosa funcionó, pero no a los niveles esperados. Nunca. A casi todo el mundo le fascinaba la programación del Plus, lo siguen diciendo incluso ahora, si bien no se abonaban tantos como quisimos", comenta con sorna un exdirectivo de la cadena.

Porque si ahora la cuestión es discutible, es innegable que a comienzos de los 90 los españoles no estábamos por la labor de pagar por ver la televisión. De hecho, cuando se redactó la Ley de la Televisión Privada en 1988, Canal Plus ni siquiera figuraba entre las candidatables. Estaba Antena 3, con el respaldo de ABC y su hermana mayor radiofónica, y Telecinco, apoyada por Silvio Berlusconi y la ONCE. La tercera licencia estaba oficiosamente adjudicada a un grupo liderado por Mario Conde, Antonio Asensio y Rupert Murdoch, aunque el conglomerado de Diario 16, que llevaba años exigiendo una televisión propia, también albergaba esperanzas. La oferta de Canal Plus no seducía al gobierno, que ni siquiera concebía la idea de implantar un canal de pago en España. No obstante, las buenas relaciones entre Felipe González y Prisa, que a lo largo de la década cristalizarían en decenas de acuerdos y prebendas, prevalecieron sobre las demás ofertas, aunque con ciertas imposiciones como emitir seis horas de programación en abierto todos los días.

Hasta que llegó Álvarez-Cascos

Aunque la codificación del fútbol fue la más aparatosa, la oferta de Canal Plus incluía otros deportes que dejaron de verse en abierto como el golf, la NBA o el boxeo, habituales de las madrugadas de La 2. Con los años se sumarían a la oferta la liga ACB –un desastre en términos de exposición del que nunca pudo recuperarse– o la Diamond League de atletismo. Para mediados de los 90 la tecnología estaba preparada, gracias a las plataformas por satélite, para implementar el pago por visión, lo que es lo mismo, abonar un extra por determinados programas y no por todo el canal. Esto significaba que por primera vez el aficionado iba a poder seguir todos los partidos de su equipo a lo largo de una temporada… pasando por caja cada vez, por supuesto.

En 1996 la Liga amplió el acuerdo que tenía con las autonómicas y Canal Plus para dar entrada a la Antena 3 de Antonio Asensio en la ecuación. Nació así el partido de los lunes, que más que interesar al aficionado fue el detonante de las guerras del fútbol, ya que Forta y Prisa tomaron la modificación de las condiciones contractuales como una agresión. Detrás siempre hubo un trasfondo político: Antena 3 contaba con el respaldo del nuevo gobierno, liderado por José María Aznar, que desde el primer momento se opuso a que el grupo Prisa ganase más cuota de poder. Por eso cuando el 23 de diciembre Asensio se reunió con Polanco y TV3 para repartirse los derechos del fútbol, en lo que se conoció como el Pacto de Nochebuena, el gobierno se vio obligado a tomar cartas en el asunto.

El 5 de julio de 1997, por procedimiento de urgencia, el gobierno aprueba la conocida como 'ley del fútbol'. Fue impulsada por el vicepresidente Álvarez-Cascos, al que la oposición le criticó maliciosamente "tener demasiada prisa" en relación a Canal Plus, el gran damnificado de la operación. La norma, aún vigente en forma del partido de los viernes, considera al fútbol como un fenómeno de "interés general" y se establece la obligación de emitir al menos un partido de la jornada en abierto siempre que haya algún operador interesado.

Pese a que el ejecutivo lo presentó como una medida para garantizar el acceso en abierto de la sociedad a determinados contenidos, lo cierto es que todos los demás lo interpretaron como una roca en el camino de Canal Satélite, que estaba a punto de hacerse con los derechos de todos los equipos. Esto no solo podía ser la gallina de los huevos de oro para Prisa, sino que también significaba la muerte de Vía Digital, aún nonata, la plataforma satélite de Telefónica respaldada por Moncloa. Curiosamente, aunque Izquierda Unida fue la única en votar con el PP la 'ley del fútbol', algunos de sus diputados lo hicieron tapándose la nariz. Así se expresaba la diputada de IU Inés Sabanés en El País: "A nadie se le escapa que la verdadera intención de esta ley es materializar la intervención en el fútbol, y más concretamente en las retransmisiones habituales de los partidos de Liga, para invalidar contratos y acuerdos firmados que han dejado en mala posición a la plataforma digital impulsada por el propio gobierno en lo que afecta a oferta futbolística". El PSOE no solo votó en contra, sino que llevó la ley al Constitucional, que diez años más tarde ratificó el texto legal amparándose en la "primacía de los derechos sociales".

La guerra del fútbol y el éxodo de espectadores

Del Pacto de Nochebuena nació Audiovisual Sport, tenedora de los derechos de todos los equipos de Primera y Segunda División, que a la postre estaría implicada en todos los campos de batalla de la conocida como 'guerra del fútbol'. Se trata de un enfrentamiento en los tribunales entre Mediapro y Audiovisual Sport que se resolvió en 2015 a favor del primero y dio lugar a otro decreto ley, el 30 de abril, por el cual se obligaba a los clubes a ceder sus derechos a la Liga para que esta los explote conjuntamente.

No obstante, mientras los gigantes de las telecomunicaciones se daban de palos en los tribunales por el suculento 'pay per view', los españoles fueron desilusionándose con la idea de pagar por cada partido. Como puede comprobarse en el gráfico inferior, la crisis económica frenó en seco el número de eventos contratados, y lo hizo para siempre. Así, si en 2006, el tope de la serie, se compraron más de 16 millones de partidos, cuatro años más tarde apenas se superó el millón.

La caída en el consumo de PPV coincide en el tiempo con la proliferación de portales que ofrecen contenido deportivo pirata, de los que Rojadirecta es su principal exponente. Fundada en 2015 por un veinteañero gallego, Igor Seoane, los operadores estiman que les ha hecho perder más de 2.500 millones en ingresos. La web se ha convertido en una hidra de mil cabezas: cada vez que alguien decide cerrarla –y en una ocasión fue el FBI–, surgen réplicas exactas en otras esquinas de internet. En esta línea también ha ganado popularidad en los últimos meses Arenavision, un portal ruso que indexa canales de 'streaming' de alta resolución a otros de pago. La Liga considera que en estos momentos dos millones de españoles acceden a sus contenidos de forma ilegal cada fin de semana.

Dos millones que conforman una resistencia pétrea al pago, que siempre ha existido, y que, a partir de 2018, se quedará también sin la Champions y los Juegos Olímpicos, que se emitirán en los canales de pago de Mediapro y Eurosport respectivamente. Al menos siempre pueden agarrarse al Getafe-Las Palmas de los viernes, cortesía de Álvarez Cascos.

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