disputarán la final el domingo contra los falcons

Super Bowl: por qué los New England Patriots son el equipo de Trump

El presidente de los Estados Unidos se jacta de ser amigo del técnico Bill Belichick y la estrella Tom Brady, así como del dueño del club Robert Kraft. A todos ellos los utilizó durante su campaña

Foto: Brady y Belichick, durante un partido de los play off (EFE)
Brady y Belichick, durante un partido de los play off (EFE)

Donald Trump estaba cansado, durante su gira electoral, de leer como actores, intelectuales, científicos, deportistas y casi cualquier figura de relevancia pública le señalaba como el mal a evitar, el mayor problema al que podría enfrentarse Estados Unidos en el futuro cercano. Veía el magnate como todos los periódicos del país se ponían en su contra, como nadie con un cierto nombre parecía apoyarle públicamente. Ser de Trump, en ese tipo de círculos, estaba muy lejos de ser algo popular.

En esas llegó noviembre, con las elecciones en ebullición, y el prestidigitador se sacó un conejo de la chistera. Estaba en un mitin en New Hampshire, uno de los estados que compone la región de Nueva Inglaterra e invocó el nombre de alguien que, en la zona, es casi una deidad y que teóricamente le apoya: "Estaba en el avión y me dieron una carta, era del entrenador Belichick".

"Me ha escrito la carta más bonita y le he llamado para preguntarle si el señor Trump [habla de sí mismo en tercera persona] podría leerle la carta a la gente de New Hampshire. Me ha dicho que sí, pero que le hiciese un favor, que no leyese esa sino otra que fuese un poco diferente. Y yo pensaba que iba a mandarme otra quitando todo lo bueno, como haría alguien sin escrúpulos, pero él es todo lo contrario, es un campeón", narraba el presidente.

Posteriormente pasó a revelar la misiva de Belichick: "Felicidades por esta tremenda campaña, has negociado con una increíble prensa negativa y has salido de ello muy bien. Has demostrado ser un gran competidor y luchador, tu liderazgo es increíble, siempre he tenido un respeto tremendo por ti, pero tu dureza y perseverancia que has demostrado en el último año es remarcable. Con suerte en las elecciones los resultados nos darán la oportunidad de hacer América grande de nuevo".

Trump lee en público la carta de Belichick (EFE)
Trump lee en público la carta de Belichick (EFE)

Dos celebridades en la demócrata Boston

Bill Belichick es, probablemente, la persona más reverenciada de la ciudad de Boston. Desde que cogió a su equipo de fútbol americano, los New England Patriots, ha transformado lo que era una franquicia maldita en una máquina de ganar campeonatos. Este domingo, en Houston, disputará su séptima Super bowl. Ha ganado cuatro veces el título. Está considerado por derecho propio uno de los más grandes técnicos que ha dado el deporte y, junto a su 'quarterback' Tom Brady, es una personalidad de máxima relevancia en el nordeste de los Estados Unidos.

Belichick, como Brady, están asociados popularmente con Trump. Con ellos, como con casi todos los seguidores de relevancia del magnate, se da una circunstancia curiosa: son partidarios emboscados. Es decir, tanto el técnico como el 'quarterback', cuando son preguntados, en lugar de expresar abiertamente su armonía con el nuevo presidente dicen esa frase que tanto se repite en el deporte, esa que dice que ellos no se meten en política. Es curioso, porque los partidarios de la candidata demócrata, gente como LeBron James, no ha tenido grandes problemas en manifestarse abiertamente sobre el tema y contar sus preferencias en este caso.

Al técnico de los Patriots se le preguntó poco después por la dichosa carta, porque había dudas incluso de su autenticidad. Él confirmó que aquellas palabras eran suyas, aunque trató de quitarle hierro al asunto. "Escribo centenares de cartas y notas todos los meses, eso no significa que esté de acuerdo con todas las cosas que los que las reciben piensan de política, religión y otros supuestos", trató de decir Belichick que, al final, explicó el motivo de su misiva. "Tengo muchas amistades que son importantes para mí, eso es todo, no es sobre política, nuestra amistad viene de años atrás, cualquier persona que está más de cinco minutos conmigo sabe que no soy una persona política y mis comentarios no están motivados por la política", comentó el gurú de la pelota ovalada.

Las declaraciones, algo tibias, contrastan con el tono de la carta, claramente afectivo para su amigo, sí, pero también respaldando su candidatura presidencial. Algo más lejano está Tom Brady, la estrella, el brazo que traduce los mandatos de Belichick. A mediados del pasado año se le vio en la taquilla del vestuario una gorra de la campaña de Donald Trump (roja y con el emblema "make America great again"), pero cada vez que es preguntado dice que él no se mete en política y que solo quiere mantenerse concentrado para el partido que le toca. Una declaración muy de deportista que pertenece a quien es, quizá, la mayor estrella del mayor deporte de Estados Unidos, un hombre que encaja tanto en el prototipo de 'quarterback' de instituto a lo grande que hasta terminó casado con Gisele Bundchen, una suerte de jefa de las animadoras a nivel mundial.

Trump, por supuesto, no se corta en alardear su amistad con Brady. En el ya mencionado episodio de la carta escrita terminó diciendo "muchas gracias Bill Belichick, muchas gracias Tom Brady", como si el mariscal de campo hubiese hecho un anuncio para la campaña. Y eso que lo más que ha llegado a decir el jugador es que con el nuevo presidente habrá un green de golf en la Casa Blanca, una declaración tan vacía como parece.

Robert Kraft y Tom Brady (Reuters)
Robert Kraft y Tom Brady (Reuters)

Dueño del equipo y amigo personal

Hay otro miembro importante de los Patriots con conexión directa y amistad explícita con el nuevo presidente. No es otro que su dueño, Robert Kraft, que presume de amistad con el magnate. Es curioso, porque en la anterior campaña electoral el propietario de los Pats fue uno de los mayores donantes de Obama, y es de religión judía, que habitualmente tiene una mayor cercanía con los demócratas que con los republicanos. Lo suyo es, simplemente, una cuestión de piel.

"Cuando murió mi mujer, Myra, Donald y Melania vinieron a su funeral en nuestra sinagoga y me estuvieron llamando cada semana durante todo el año, el año más deprimente de mi vida, cuando estaba alicaído. Llamaba para preguntarme cómo estaba, para invitarme a sitios, intentando subirme la moral. Fue una de las cinco o seis personas que lo hicieron, y yo eso lo recuerdo", explica el dueño del equipo. Tampoco es extraño que dueños de equipos, grandes millonarios todos ellos, tengan relación con Trump. El de los New York Jets apunta a embajador en Londres, el de los Texans ha donado cuatro millones de dólares a los republicanos en los últimos seis años.

Más curioso es todo esto si se tiene en cuenta que el equipo está asentado en Boston, una de las ciudades más demócratas del país y que respaldó a Hillary Clinton con un 81% de los votos en las últimas elecciones. Ellos, los demócratas, también tendrán cierta representación en el encuentro, pues el 'tight end' Martellus Bennett ya ha dicho que, sin son campeones, a él no le esperen en la típica recepción de la Casa Blanca. Que no está para ver a Trump.

Los Patriots son, sin duda, el gran equipo de la época en la NFL. Probablemente en todo el deporte estadounidense. Su dominio sostenido les ha granjeado una afición como nunca antes tuvieron, pero también enconadas rivalidades con los aficionados del resto de los equipos. Tiene su lógica si se tiene en cuenta que, en estos años, han tenido problemas leales de todo tipo. A Belichick le pillaron y sancionaron por espiar a los entrenadores de sus rivales. Brady no jugó este año los cuatro primeros partidos porque la liga le apartó después de encontrar que el equipo deshinchaba a propósito los balones para que su estrella tuviese mejor control de sus pases. Controversias varias que les han puesto muy en contra del comisionado de la NFL, el también polémico Roger Goodell, ampliamente odiado por los aficionados de los Pats y por el dueño del equipo.

Ese equipo, con su brillo y sus miserias, parte como favorito el domingo. A su lado, quizá incluso presente en el estadio, estará el nuevo presidente. No será la primera vez, pues Trump, antes de la campaña, era un habitual en el palco del equipo bostoniano.

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