las malas artes de escañuela contra cardenal

La disparatada querella con familiares que no son y grabaciones a periodistas

La Fiscalía cree que la demanda de Escañuela contra Cardenal carece de fundamento. El expresidente del tenis lleva meses preparándola para atacar al presidente del CSD

Foto: José Luis Escañuela, junto a Gala León, durante una rueda de prensa. (EFE)
José Luis Escañuela, junto a Gala León, durante una rueda de prensa. (EFE)

El presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, se encontró el pasado jueves con una querella que nadie veía venir. Los datos eran, cuanto menos, confusos. Un guirigay que incluía en el mismo texto ministros franquistas, a Gala León o conversaciones con periodistas grabadas sin el conocimiento de estos en las que el acusador trataba de sacar por todos los medios el nombre del acusado. No tenía el tema mucha coherencia interna. El que pergeñó dicha querella es José Luis Escañuela, antiguo presidente de la Real Federación Española de Tenis, de la que salió inhabilitado, e íntimo enemigo del secretario de Estado. Llevaba meses preparándola, casi como una obsesión. Su objetivo es desarmar a Cardenal, a quien acusa de su caída. El juez, a pesar de todo, la admitió a trámite con cinco firmes acusaciones.

Ahora la Fiscalía dice que no ve indicio de delito y considera que la querella está sustentada en humo. "Todo lo que hace el Juzgado de Instrucción número 36 es contra el criterio expreso y escrito del fiscal", explicaban este lunes a Efe fuentes del Ministerio Público. No entienden que el juez, con cierta fama de gustarle la exposición pública -y quizá eso explique todo- haya aceptado tramitar un escrito que "sigue siendo infundado y no ofrece solidez ni ningún tipo de rigor a la hora de abrir un proceso penal contra Miguel Cardenal", según la acusación pública. 

Es decir, la Fiscalía no solo no se adhiere a las tesis de la acusación privada, algo que tampoco es tan extraño, sino que abomina absolutamente de lo que se está produciendo. Creen que el escrito de Escañuela no tiene ni pies ni cabeza y se sorprenden de que exista un juez que le de carrete a lo que ellos ven como un sinsentido. Una posición muy parecida es la que defiende la Real Federación Española de Tenis, que con su nueva junta directiva quiere borrar cualquier vínculo con ese pasado.

El proceso es difícil de entender, y la disparidad de opiniones entre los miembros de la Justicia también. Para comprenderlo mejor hay que conocer un poco más la carrera de José Luis Escañuela, el querellante. El sevillano es uno de esos dirigentes federativos surgidos de la abogacía. Sin relación profunda con el deporte, con el tenis en su caso, supo hacerse un hueco en las estructuras del deporte por un método que se repite con más frecuencia de lo esperado: por conocer mejor las normas. Fue siempre capaz de utilizar los reglamentos, cuando no de forzarlos, para ir ascendiendo en la pirámide del tenis español.

 En 2009, y después del descalabro que supuso para el tenis español Pedro Muñoz, logró acceder a la presidencia. Era el candidato contrario a lo que había, y con eso era más que suficiente en momentos de zozobra. Escañuela siempre había mostrado querencia por la política, aunque nunca llegó a meterse en ella completamente. Fue presidente del Ateneo de Sevilla y mantenía buenas relaciones con el poder político andaluz, lo cual le fortificaba en su federación. La nacional podría haber sido una muesca más en su rifle para conseguir satisfacer lo que mucha gente le atribuía, ambición, que el solía traducir por "vocación de servicio público". 

Miguel Cardenal.
Miguel Cardenal.

De Lissavetzky a Cardenal

Hay presidentes federativos surgidos de las fauces del deporte, que conocen la dinámica de la competición y han vivido de ella en algún momento, como es el caso de Jorge Garbajosa. Hay otro tipo de dirigente que, más allá de la práctica esporádica, no llegan al deporte por su relación con el mismo. Suelen ser abogados, que saben bien cómo moverse y a los que les gustan los pasillos casi más que lo que pasa en los terrenos de juego. La llegada a la presidencia de la RFET de Escañuela es un proceso análogo a su interés por ser presidente del Ateneo o de la Asociación de Abogados Progresistas de Andalucía, que también los presidió. Su conocimiento de la normativa y su capacidad para medrar en un entorno en el que reina el desinterés les convierte en candidatos viables. Las federaciones, por lo general, no interesan más que a unos pocos. 

Escañuela entró en la Federación con la idea de apagar los muchos fuegos que se encontró y, de paso, ir forjándose un nombre. Tuvo buen trato con Jaime Lissavetzky, el primer secretario de Estado que se encontró, pero las cosas cambiaron cuando se topó con Miguel Cardenal. Tanto que su relación ha terminado como el rosario de la aurora, con querellas y acusaciones cruzadas. El último presidente del CSD es, probablemente, el más diferente a todos los anteriores. Se ha mostrado más preocupado por el estado económico del deporte español, normalmente lamentable, que por los resultados deportivos. Era, también, un dirigente de la crisis con un mandato claro del Gobierno: reducir presupuestos y deudas

Las cosas le fueron funcionando a Escañuela cuando el equipo iba ganando en la Davis. Jugar eliminatorias en casa, algo que pasó con mucha frecuencia en sus primeros años de mandato, asegura unos ingresos para la RFET que la convierten en una de las federaciones más ricas. Había dinero para hacer y deshacer, para invertir en proyectos como la Fundación del Tenis Español o el Observatorio del Tenis, que tiempo después sería uno de los muchos motivos de conflicto.

Cuando el dinero se acabó empezaron los problemas, al menos públicamente. Las auditorías anuales, reforzadas en tiempo de Cardenal, empezaron a arrojar sospechas sobre su honradez y transparencia. Él, que se vanagloriaba de haber firmado un acuerdo con Transparencia Internacional, era acusado de malas prácticas en la dirigencia. Empezaron a salir en prensa escándalos de cierta magnitud, como un gasto de 12.000 euros en caramelos a cuenta de la RFET en el año en el que Escañuela fue rey mago en la cabalgata de Sevilla. 

Al final terminó inhabilitado por el TAD, que consideró una "infracción grave" el "incumplimiento reiterado de órdenes e instrucciones emanadas de los órganos deportivos competentes al no remitir la documentación relevante requerida reiteradamente". En medio de este proceso Escañuela buscó la ayuda de la federación internacional, alegando injerencia pública, una estratagema también explorada por Ángel Villar en el fútbol. No le salió la jugada y atribuyó a Cardenal todos sus males. Presentes, por sus problemas legales, y futuros, pues de algún modo todos estos procesos suponen el fin de sus ambiciones en otros campos. 

En estos meses en los que ha estado parado, obligatoriamente retirado, se ha dedicado a proyectar una larguísima acusación a Cardenal que no pocos consideran estrafalaria. En ella se nombran a Antonio Carro, exministro franquista, porque según la acusación es familiar del secretario de Estado (lo cual no es cierto) y se llega al extremo de tratar de atribuir el despido de Gala León de la federación al propio Consejo. Incluso meter en medio a José Luis Sáez, presidente de la FEB, inhabilitado como él y que, según Escañuela, tuvo un trato de favor. 

En eso se sustenta una querella que un juez ve y que a la Fiscalía asombra. La misma que ha rechazado la nueva federación de tenis, que se aparta lo más posible del legado de Escañuela y que el presidente del CSD tampoco termina de encontrarle la lógica: "Está relpleta de falsedades, no he cometido ningún delito". 

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