la realidad del equipo de bobsleigh español

Quijotes sobre hielo

Casi sin medios, pero con mucha ilusión, el bobsleigh pelea por volver a unos Juegos Olímpicos. Esta es la historia de un sueño que comenzó hace ya cinco años y que va camino de cumplirse

Foto: Bárbara Iglesias y Eva Fernández disputarán el Campeonato del Mundo Júnior en enero (Foto: Javier Pintado)
Bárbara Iglesias y Eva Fernández disputarán el Campeonato del Mundo Júnior en enero (Foto: Javier Pintado)

Al bobsleigh español le separan casi 1.400 kilómetros de la elite. Esa es la distancia que hay entre Gijón (Asturias) y La Plagne (Francia). La primera ciudad es el lugar de residencia de Javier Pintado Piquero, la persona que resucitó la modalidad en España hace un lustro. En la segunda, una de las subsedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville 1992, a los pies de los Alpes, está la pista más cercana.

Pintado intentó hacerse un hueco en el bobsleigh junto a otro asturiano, Pedro Díaz, en la temporada 2011-2012. Su historia salió en los periódicos, aunque el equipo no cuajó. No se rindió a la primera y siguió insistiendo. "Mi idea siempre fue hacer un equipo nacional de bobsleigh", explica ahora a El Confidencial. Un año después se cruzó con Bárbara Iglesias y Noemí Pérez y les propuso formar el equipo femenino. Aquello, que podría parecer una locura, ha acabado saliendo bien si tenemos en cuenta las expectativas. "No queremos caer en el olvido", declaraba en una entrevista a este medio Noemí Pérez en noviembre de 2012, justo después de disputar junto a su compañera la primera prueba de su vida. Tres años después, ya sin ella en el equipo, el bobsleigh español está más vivo que nunca.

Eva Fernández (izq.) y Bárbara Iglesias en la pista de Winterberg en noviembre (Foto: FEDH)
Eva Fernández (izq.) y Bárbara Iglesias en la pista de Winterberg en noviembre (Foto: FEDH)

Adictas a la velocidad

"Iba muy rígida, parecía un tronco. No sé cómo llegué abajo. Es una sensación muy incómoda, pero no hay otra manera de aprenderlo. Es así y punto. Las sensaciones al principio son horribles", recuerda Bárbara Iglesias. Ahora todo es distinto. "En cuanto a sensaciones, la diferencia es abismal. Imagina que te ponen en una montaña rusa a 120 km/hora, sin frenos, que en las curvas vas por la pared y que tienes que conducir tú. Pero es precioso. La sensación que te produce es como para vomitar adrenalina. Es una pasada. No hay nada que haya probado que se le asimile", describe Iglesias, que se define como una adicta a esa sensación. "La primera vez que bajas después de un año tienes miedo, pero llegas abajo y dices: necesito bajar otra vez".

Ella es la única que aguanta, junto a Javier, del debut de 2012. En este tiempo ha tenido tres compañeras: Noemí Pérez, que lo tuvo que dejar porque superó el límite de edad júnior (25 años); Cristina Ibaseta; y Eva Fernández, a la que se lo propuso ella misma este año. Cuando le dijeron que tenía que buscar a una 'break woman' (en un 'bob' a dos es la que va detrás), pensó en su entrenadora de 'crossfit', que había sido nombrada en julio la mujer más fuerte de España. "Me lo pensé muy poco y le dije al momento que sí", dice Fernández, que debutó en noviembre. Ella e Iglesias salieron desde Pontevedra, donde viven, pararon en Gijón para recoger el 'bob' (trineo), que es de Javier Pintado, se montaron en una furgoneta y siguieron con un viaje de 22 horas por carretera para llegar a Winterberg (Alemania), sede de la prueba de la Copa de Europa. Es un viaje que Iglesias ha hecho muchas veces en los últimos tres años (a Winterberg y a otras estaciones) y Fernández hizo por primera vez.

Es como bajar una montaña rusa y que al mismo tiempo 200 jugadores de rugby te den una paliza

"Fue horrible", reconoce Eva Fernández sobre su primera bajada. "Lo primero que me preguntó Bárbara fue qué había sentido. Se lo describí como si bajara una montaña rusa y al mismo tiempo 200 jugadores de rugby me dieran una paliza. Era una sensación que no esperaba. Dentro del trineo hay demasiados movimientos. Encima, yo que voy detrás no voy viendo nada y pierdo la noción del espacio. Es algo que no te esperas. No vas sujeta por nada, sólo por tus propias manos. Hay un traqueteo que no esperas. Y encima a gran velocidad". La siguiente vez, dice, todo mejoró. "Ah, vale. Es esto", pensó.

En Winterberg acabaron penúltimas el primer día y últimas el segundo, un resultado que las dejó muy satisfechas. "Mucha gente se cree que sólo es ganar. Pero para nosotras, haber terminado esta competición penúltimas ya es un logro. Y si en la siguiente subimos un puesto, es como si otras ganaran una medalla de oro", dice Eva. "Es muy sencillo: si Alemania tiene tres equipos, Austria tiene dos y Rusia tiene otros dos, esos primeros puestos son imposibles. Entonces te quedas entre Bélgica y Japón, que están por delante, pero con un poquito de mejora podemos discutir con ellos. Ojalá pudiéramos quedar por la mitad, pero ahora mismo es imposible", explica Bárbara.

Una medalla hace casi sesenta años

La historia del bobsleigh español, aunque parezca inverosímil viendo el estado actual, se remonta a principios del siglo XX. Con más o menos importancia, tuvo presencia en el panorama deportivo nacional hasta mediados de siglo, cuando el Marqués de Portago y Vicente Sartorius quedaron cuartos en los Juegos Olímpicos de Cortina d'Ampezzo (Italia) en 1956 y terceros un año después en el Campeonato del Mundo celebrado en St. Moritz (Suiza). España siguió teniendo equipos hasta 1971, cuando Luis López Solanes murió en un entrenamiento del Mundial de ese año. Pasaron casi dos décadas hasta que hubo otro proyecto. La iniciativa fue de Juan Antonio Samaranch, por entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, que en 1990 se lo propuso a la Federación Catalana de Deportes de Invierno. El proyecto, que tenía como objetivo la clasificación para los Juegos de 1992, fue asumido por la federación española, cuya negligencia acabó con él. La historia la cuentan Jaime Gómez y Fernando Arrechea en el blog Olimpismo2007 y no tiene desperdicio: falta de medios, desprecios personales, dirigentes incompetentes, etc.

La precariedad también la ha sufrido Javier Pintado y el resto del equipo veinte años después, pero en su caso no ha sido consecuencia del mal hacer de los responsables federativos, sino pura supervivencia: en España, el bobsleigh es precario o no es. Ha sido este año cuando han comenzado a tener un apoyo directo y constante de la Federación Española de Deportes de Hielo (FEDH), que ha costeado todos los gastos. Antes, Javier Pintado hacía de "entrenador, mecánico, todo", recuerda Iglesias. Ahora hay más gente involucrada y el bobsleigh comienza a tener una estructura, aunque muy pequeña. "Hemos dado el paso de demostrar que esto es un proyecto sólido", dice Pintado.

"Yo entiendo que no hay nada y que es muy difícil pedir y que te den. No dan para otras cosas que son más comunes y es más fácil practicarlas. Pero poquito a poco se van interesando. El primer año nos fuimos y nadie sabía que nos habíamos ido", dice Iglesias. Tener a su compañera en la misma ciudad ha mejorado la situación, a pesar de que sigan sin poder entrenar con el 'bob' antes de las competiciones. "Parece que no, pero llegar allí y haber entrenado, aunque sean unas pesas, es diferente".

Quijotes sobre hielo

Esta temporada, las competiciones para Bárbara y Eva se han reducido a dos: la prueba de la Copa de Europa a finales de noviembre y el Campeonato del Mundo Júnior del próximo mes de enero. La de Winterberg fue una carrera necesaria para la clasificación (necesitaban tres pruebas diferentes en dos circuitos y contaban los resultados del año pasado). No hay presupuesto para más. "Los demás se quedaron en el circuito", explica Iglesias. "Nosotras no podemos, de momento. Hay que conformarse con quedar últimas o penúltimas. Antepenúltimas ya es la leche. Yo hice veinte mangas. Y el resto eso lo hace en cualquier semana. En cuanto empiezo me quedan tres días antes de competir. Como vuelque o tenga un problema en una curva, ya es una menos que me queda. Este año no se puede y es lo que hay".

"Son don Quijotes", dice Xoan Escudero. Hace un par de años, junto a dos compañeras de la productora 'Y la nave va', decidió grabar un documental sobre Bárbara Iglesias. Durante año y medio la acompañaron a ella y al resto del equipo a varias competiciones; consiguieron la financiación por 'crowdfunding' y el resultado es 'El tiempo futuro', una cinta que acaban estrenar en un pase privado y que comienza ahora su trayectoria por los festivales. "Son unos pioneros, nadie les está agradeciendo nada. No les van a poner una calle", añade.

Una ayuda llegada desde Rusia

Escudero señala a Javier Pintado como el motor de todo, pero la familia del bobsleigh ha ido creciendo. Al principio sólo había un equipo masculino y ahora también hay uno femenino, uno de bobsleigh adaptado y uno juvenil. Y se han ido sumando piezas fundamentales. Una de ellas es la rusa, nacionalizada española, Oxana Tatchina, una expiloto que se estableció en Málaga hace unos años tras acabar su carrera deportiva. Se ofreció a trabajar con la FEDH, pero no obtuvo respuesta. Más tarde vio las noticias sobre Pintado, se puso en contacto con él a a través de Facebook y entró en el C. D. Carrilanas, que es el club que está detrás del bobsleigh en España. Tatchina ha aportado el conocimiento de su diez años en el equipo ruso. "Javi nos enseñó todo lo que sabía, pero a nivel de pilotaje Oxana me abrió los ojos. Poder tener a alguien que a cambio de nada te lo da todo ha sido muy importante", dice Iglesias.

"Ellos acababan de empezar. Fueron a Austria (hace tres años) sin conocer a nadie. Y yo los conozco a todos, son mi familia. Yo sé cómo es ser piloto y que nadie hable tu idioma, ir a una pista y que nadie te ayude", relata Tatchina. Con ella, el bobsleigh español ha dado un salto, no solo en sus métodos de entrenamiento, sino en su presencia internacional: desde el año pasado, Oxana es árbitro de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton. Eso no sólo permite a España estar representada a nivel internacional, sino que también le facilita a ella los desplazamientos para acompañar los equipos. "Hace tres años no podíamos ni soñar con esto. No es sólo progresar con los deportistas, sino evolucionar como entrenadores y árbitros".

De izquierda a derecha: Javier Pintado, Oxana Tatchina y Martín Souto (Foto: Bobsleigh Spain)
De izquierda a derecha: Javier Pintado, Oxana Tatchina y Martín Souto (Foto: Bobsleigh Spain)

Una promesa de 16 años

"España no deja de ser una nación muy pequeña, muy pequeña, con muy poca capacidad. Vamos los justos. Frente a naciones que mueven a decenas de personas. Pero ya tenemos un respeto, ya somos alguien, ya no somos unos locos que aparecen por allí", cuenta Pintado. Junto a Oxana, él es el encargado de gestionar y planificar el trabajo del equipo, aunque tampoco puede dedicarse a tiempo completo. Nadie puede hacerlo: él trabaja en una ferretería y Oxana es monitora deportiva, como Bárbara y Eva. Sus vacaciones las suelen reservar para viajar a las competiciones. La última en la que estuvo Javier fue en noviembre en Igls (Austria), donde acompañó a Martín Souto, un joven gallego de 16 años que es el futuro del bobsleigh español.

Como a Bárbara, Javier Pintado también descubrió a Martín para el bobsleigh. Ambos provienen de las carrilanas, modalidad de los deportes de inercia muy popular en Asturias y Galicia. En el bobsleigh hay ejemplos de deportistas de otras disciplinas que se adaptan muy bien (sobre todo atletas), y no es raro que los pilotos lo fueran antes en otras disciplinas. La misma Tatchina compitió en atletismo antes de pasarse al 'bob' casi a la misma edad que lo ha hecho Martín. Por eso ve en él un margen de mejora enorme. "El niño de verdad que tiene talento. Tenemos que cuidarlo", dice. 

Bárbara Iglesias (Foto: Y la nave va)
Bárbara Iglesias (Foto: Y la nave va)

Objetivo: Pyeongchang 2018

Ella lo acompañó hace unas semanas a Lillehammer (Noruega), donde compitió en su cuarta prueba en un año y se clasificó para los Juegos Olímpicos de la Juventud que se celebrarán en febrero en la misma ciudad. Lo hará en 'monobob', una modalidad nueva. "Ya tiene mucha experiencia. En el futuro será piloto de 'bob' a dos y 'bob' a cuatro. Los Juegos serán para él una experiencia brutal", añade Tatchina. Eso sucederá entre el 12 y el 21 de febrero; antes, entre el 19 y el 24 de enero, se disputará el Campeonato del Mundo Júnior en Winterberg, donde competirán Bárbara Iglesias y Eva Fernández. Será el último campeonato en categoría júnior para ambas. A partir de entonces se centrarán en el gran objetivo: la clasificación para los Juegos Olímpicos de Pyeonchang 2018.

No buscamos sólo hacer lo mínimo para estar en los Juegos Olímpicos, sino llegar con dignidad

"Queda lejos, pero tampoco lo está tanto. Sería un sueño poder representar a tu país", comenta Iglesias. "Lo hablábamos las dos en el viaje de vuelta (desde Winterberg), que dio para mucho. Y la verdad es que sería magnífico. Sería alcanzar una meta muy grande, algo bastante importante", añade su compañera.

"España tiene posibilidades de llevar este deporte a los Juegos Olímpicos", afirma Oxana Tatchina. Tanto ella como Javier Pintado son optimistas, pero también son conscientes de que no alcanzarán el objetivo si las cosas no siguen evolucionando. "No sólo necesitamos buenos deportistas, sino crear una estrucutura y poder estar en las pistas", explica Pintado. "Si lo conseguimos, vamos a estar. Si no, le pondremos mucha ilusión y ganas, llegaremos hasta donde podamos, y muy orgullosos de ello, pero no estaremos en los Juegos. No buscamos sólo hacer lo mínimo para estar, sino llegar con dignidad. Necesitamos crecer para asegurarnos que no sólo llegamos, sino que vamos a hacerlo bien".

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