Profesor y "engañado como un chino"
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JOSÉ MARÍA ODRIOZOLA, JEFE DEL ATLETISMO ESPAÑOL

Profesor y "engañado como un chino"

Lo normal es que, a los 71 años, uno huya de los posibles sobresaltos y se esconda cerca de los suyos en busca del sosiego de

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Profesor y "engañado como un chino"

Lo normal es que, a los 71 años, uno huya de los posibles sobresaltos y se esconda cerca de los suyos en busca del sosiego de la vejez. Pero es a esa edad cuando José María Odriozola, sinónimo de atletismo español, vive los peores momentos de su extensa carrera como mandatario. Una profunda trama de dopaje en el seno de su deporte, de la que para muchos es imposible que al menos no se oliese algo, le ha puesto en el disparadero. Mientras, en estos difíciles días, él repite una y otra vez ante cualquiera que le quiera escuchar la misma frase: “Me han engañado como a un chino”.

Odriozola ya estaba a punto de cumplir 50 años cuando llegó a la presidencia de la Real Federación Española de Atletismo. Ex jugador de rugby y atleta, completó sus estudios hasta alcanzar la cátedra de Bioquímica en la Universidad Complutense de Madrid. En la facultad de Biología, situada en el mismo campus donde está la residencia Blume para deportistas de élite y el Consejo Superior de Deportes, y a tiro de piedra de la sede de la RFEA, desarrolló su labor como catedrático.

Los que trataron alguna vez con él saben que Odriozola posee una personalidad difícil. Tanto en las aulas universitarias como en los despachos federativos, la exigencia a sus subordinados siempre fue una constante. Para el aficionado medio, el cargo conjunto de presidente y seleccionador nacional de atletismo, caso bastante extraño en el deporte mundial, hace años que está indisolublemente unido a su nombre y su persona. Las dos últimas elecciones las ganó tras no presentarse alternativa alguna, hecho que demuestra lo enorme de la figura de este gallego dentro del atletismo español.

Y he ahí las dudas que se ciernen sobre su coartada, explicada públicamente el pasado lunes, acerca de su falta de responsabilidad en la llamada 'Operación Galgo'. Se hace difícil de digerir que un asunto tan gordo, ocurrido en un mundo que Odriozola gobernaba con la misma autoridad y cercanía que un profesor ejerce sobre sus alumnos, haya sido descubierto por la Guardia Civil sin que la RFEA ni siquiera hubiera abierto investigación alguna al respecto. Pero el jefe de todo el tinglado se limita a decir que “me han engañado”.

¿Y quién ha sido capaz de engañar a este pontevedrés de vastos conocimientos, que levantaba la admiración de sus alumnos por su inteligencia y que además está ya curtido en mil batallas en el mundo del deporte? Pues se trata de un viejo enemigo, Manuel Pascua, a quien Odriozola expulsó de la federación nada más llegar a la presidencia en 1989 para, años después, volver a darle una segunda oportunidad porque “creía que había cambiado”. Ahí es, según el presidente, donde está el engaño.

Pascua y Fuentes, los gurús modernos

En los 80, Pascua, entrenador de atletismo seis años mayor que Odriozola, introdujo en el deporte a un joven médico que llegó con la intención de revolucionar la preparación del atleta. Eufemiano Fuentes, ginecólogo de Canarias, junto a Pascua, trató de introducir su preparación biológica en el entramado federativo hace 25 años. Odriozola, entonces preparando su asalto posterior a la presidencia de Juan Manuel de Hoz, encontró en ellos dos a sus perfectos antagonistas, y por diferencias con su moderna visión de la preparación deportiva, dimitió de su cargo de responsable de la comisión científica de la RFEA. Al llegar al poder poco tiempo después, los expulsó sin temblarle el pulso. Fuentes lo intentó en otro deporte, el ciclismo, desde donde se convirtió en un sospechoso habitual a través de la Operación Puerto. “Celebraré que Eufemiano vaya a chirona”, sentenció Odriozola en una reciente, y muy jugosa, entrevista en el diario El País.

Por su parte, Pascua esperó en la sombra hasta volver a ser readmitido en la federación. Ambos gurús están imputados ahora como cabezas de una profunda trama de dopaje cuyo sistema es muy similar a las innovaciones que anunciaron a los federativos en los 80. Y cierto es que son unos métodos contra los que el presidente de la federación siempre luchó.

Precisamente, es a su incesante trayectoria como luchador antidopaje (demostrada en multitud de escritos, conferencias y puestos ejercidos) a lo que se aferra Odriozola para no verse manchado por ni una sola gota de “esta mierda”, como calificó el atleta Chema Martínez todo el escándalo destapado.

Limpio, quiere seguir al frente de lo que ya es su casa, algo que a su edad empieza a suponer una auténtica maratón profesional. En el atletismo, las quejas que se escuchan contra su gestión, que las hay, nacen más como consecuencia de la personificación que ha hecho del cargo que por levantar sospechas sobre posibles irregularidades.

"Ya no soy el de antes"

Pero en toda la vorágine en la que ahora se ve inmerso, conviene recordar la mejora que ha vivido este deporte durante su mandato, lo que le convierte de manera objetiva en el mejor presidente de la historia del atletismo español.

Amante del deporte y de los deportistas, Odriozola no se quitaba las zapatillas ni para dar sus clases de bioquímica. Esta ciencia estudia la composición química de los seres vivos, la misma que para Odriozola debe ser el límite desde donde mejorar marcas y colgarse al cuello medallas. Su ideario siempre se basó en que la nutrición deportiva, sobre la que ha investigado y ha escrito un libro, representa toda la gasolina que debe repostar un atleta.

Disfrutando de una excedencia voluntaria en su labor docente, Odriozola se ha llevado “el mayor disgusto” de su carrera federativa. Para un hombre inflexible, sabio en algunas materias y que ejercía gran control sobre todo su mundo, es difícil de explicar que todo lo destapado por la Operación Galgo se hiciera delante de sus gafas ahumadas sin que no viera nada raro.

Aunque Odriozola, tal y como afirma en el espacio corto desde hace meses, reconoce que está perdiendo facultades. “Ya no soy el de antes”, dice. Expresión que se convierte en el mayor pilar de su coartada. No hay que olvidar que detrás de esas gafas se encuentra una persona de 71 años. Y la velocidad y los reflejos son las primeras condiciones físicas que se pierden.

José María Odriozola Marta Domínguez Eufemiano Fuentes