ADRIANO LEITE, UN FUTBOLISTA EN EL FILO

Gordo, alcohólico e 'ingeniero' de la fiesta

Adriano Leite (28 años) está a un paso de convertirse en un nuevo muñeco roto del fútbol. Su vida lejos de Villa Cruzeiro, una de las

Foto: Gordo, alcohólico e 'ingeniero' de la fiesta
Gordo, alcohólico e 'ingeniero' de la fiesta

Adriano Leite (28 años) está a un paso de convertirse en un nuevo muñeco roto del fútbol. Su vida lejos de Villa Cruzeiro, una de las zonas marginales de Rio Janeiro, carece de sentido para él. No encuentra acomodo. Ni lo hizo en Milán ni ahora en Roma. Sorprendentemente, el club de la familia Sensi apostó por su fichaje el pasado verano. Tres temporadas, tres millones de euros por cada una de ellas.

Italia entera, la futbolística se entiende, se echó las manos a la cabeza. Y lo hicieron con toda la razón del mundo. Sus hazañas extradeportivas con el alcohol, la noche y las mujeres, le condenaron al regreso a Brasil, saliendo del Inter por la puerta de atrás. Hasta Mourinho tiró la toalla. Poco quedaba de ese jugador que asombró en un trofeo Santiago Bernabéu hace ya diez años y que luego se convirtió en objeto de deseo de los grandes de España. "El alcohol ha podido conmigo", repitió una y otra vez. "Estaba todo el día borracho", sentenció ya al otro lado del Atlántico.

Su llegada a Roma fue espectacular.Y lo digo por las dimensiones físicas cuando aterrizó en la capital italiana. La báscula no se creía lo que tenía encima cuando pasó el reconocimiento médico. 107 kilogramos señalaba el aparato en cuestión. 22 kilos por encima de su peso ideal como deportista de elite que se supone que es. Cierto es que rebajó tres kilos de cuando Pradé y compañía fueron a buscarle a Río de Janeiro.

Prometió cuidarse, rebajar su peso y llevar una vida recogida y de deportista. Los dirigentes de la Roma se curaron en salud ante lo que se les venía encima. La primera de las cláusulas que incluyeron en el contrato señalaba que si le pillaban fuera de su domicilio a partir de las doce de la noche, multa de 60.000 euros en la primera ocasión. Si repetía, rescisión de contrato sin recibir nada a cambio. El brasileño firmó sin oponer la más mínima resistencia. No hay que olvidar que en su huida del Inter renunció al dinero que el club de Moratti le debía. Otra de las cláusulas hacía referencia a los retrasos a su llegada a los entrenamientos, algo tan habitual en el Inter. Un minuto, mil euros. Ni uno de cortesía.

Tres meses después de su llegada a Roma, su peso sigue lejos del ideal. Pesar 99,9 no es de recibo para un jugador de fútbol. La consecuencia es que tan sólo ha jugado cuarenta y cinco minutos desde que se inició el campeonato. Ranieri, técnico del equipo romano, no traga y el brasileño no aparece. En la presente semana, con el aliciente del derbi ante la Lazio, le ha motivado y se ha entrenado con regularidad, pero aún así no será titular ante el líder del Scudetto.

Recluido en su casa

Adriano ha decidido refugiarse en su casa, al menos públicamente. Ni come en la calle, ni frecuenta los restaurantes cercanos a Trigoria. Nada de nada. Las llamadas a las doce de la noche le obligan a ello. Ni un minuto después de la medianoche. Esa es la consigna para que el brasileño mantuviera las formas, ya que la línea es imposible. El delantero estuvo dando vueltas a la cabeza. Las fiestas en su casa no le motivaban, así que decidió alquilar un barco en la costa, en Ostia, muy cerca de Roma, en donde montar reuniones de amigos, así lo ha reconocido, en las que el alcohol era el protagonista. De esta manera, Adriano cumplía lo establecido en el contrato y que señalaba que no podía estar en ningún lugar público más tarde de las doce. Ingeniería de la fiesta.

Ahora ya ha anunciado que quiere jugar. Su estado físico no lo permite, pero ha reconocido a sus íntimos que de no aparecer en el once de Ranieri, regresará a Río, a su Villa Cruzeiro natal, y se olvidará del fútbol. Lo ha hecho una vez y lo repetirá. La fecha clave es Navidad y esa semana de vacaciones que marca el calendario italiano. Ya en el Inter se retrasó y ahora hay apuestas a que no volverá. Y es que su centenar de kilos le impiden jugar.

Adriano no ha tenido una vida sencilla. Su padre, que falleció durante la militancia del delantero en el Inter, vivió con una bala incrustada en la cabeza a causa de un tiroteo. Sus amigos de toda la vida coquetean con el narcotráfico y la delincuencia. Las fiestas duran días, semanas. Dejó atrás la favela en su primer viaje a Europa pero su mente siempre ha estado en Villa Cruzeiro, en su chamizo, con los suyos. El 'Emperador', así se le llama, sólo es feliz en el Flamengo, en su ambiente.

Falta de cariño

Moratti, dueño del Inter, le consintió todo, pero la familia Sensi es otra historia. Ahogados económicamente, pueden dar al brasileño el empujón definitivo hacia el abismo, ese que Adriano ve de cerca. Mourinho lo explicó perfectamente. "Con el físico que tiene podría hacer lo que quisiera. Podría vivir sólo de pan y agua, pero es imposible". Su gusto por la bebida y las prostitutas le llevaron a no regresar de una concentración con Brasil.

Moratti habló de falta de cariño. "No le hemos dado todo lo que necesita. Es buen chico", afirmó días antes de abandonar. Mancini, técnico en la época del Inter, no quiere saber nada de él. Adriano zanjó todo reconociendo su adicción al alcohol. En Brasil volvió a ser feliz e incluso volvió a la selección, pero en cuanto pisa Europa se transforma y abandona la vida que debe llevar un profesional. "Quiero que mi novia Danielle esté conmigo en Roma y se terminarán muchos problemas. Peso 99,9 kilogramos y creo que puedo jugar". afirmó esta semana. Mientras, en Milán ríen ante la ocurrencia de la familia Sensi.

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