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Sobre la Semana Santa (vista desde una actitud serenamente laica)
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Sobre la Semana Santa (vista desde una actitud serenamente laica)

No estaría de más enseñar a las generaciones más jóvenes a conciliar la libertad de expresión y de culto con la crítica razonable y democrática a los excesos de la piedad

Foto: Procesión en Palafolls del Cristo de La Buena Muerte, protagonizada por legionarios. (EFE/Alejandro García)
Procesión en Palafolls del Cristo de La Buena Muerte, protagonizada por legionarios. (EFE/Alejandro García)

La Semana Santa, que comienza el Domingo de Ramos y acaba con el de Resurreccion, es una fiesta central del calendario cristiano. Y en ella se celebra lo que, según los Evangelios, habría sido la pasión y muerte de Jesús. Es un recorrido que culmina con la Pascua, el triunfo de la vida sobre la muerte, el paso del dolor a lo que sería el gozo final.

En mi niñez, en pleno franquismo triunfante, todo se llenaba de sermones, via crucis y procesiones. En medio de la escasez y pobreza general, la Iglesia ocupaba la plaza pública y vigilaba cualquier disidencia privada. En muchos lugares, se prohibía incluso hablar y se aconsejaba respeto y silencio.

Con el paso del tiempo, la secularizacion ha ido ganando terreno. Y la consideración de estos días como descanso y vacaciones ha pasado a primer plano. Todo ello con la llegada masiva de turistas que se entretienen y hasta se entusiasman fotografiando pasos y nazarenos. Hoy el color de esta Pasión en cuestión se mantiene en unas procesiones que inundan la via publica. En algunas, se puede ver algo tan atrabiliario y medieval como es el de llevar a hombros unos legionarios la figura de un Cristo crucificado.

placeholder Unos nazarenos en Sevilla. María José López / Europa Press16/04/2025
Unos nazarenos en Sevilla. María José López / Europa Press16/04/2025

Una actitud serenamente laica tendría que hacer cuadrar diversas perspectivas. Por un lado, cierta condescendencia con las expresiones simbólicas muy arraigadas. Una manifestación que sea puntual, no invasiva y folclórica no hay por que prohibirla sin más. Es lo que ocurre cuando se festeja un éxito futbolístico, por ejemplo, y nadie se lleva las manos a la cabeza.

Por otro lado, habría que delimitar, de verdad, la separacion entre el Estado y la religion. Cualquier exageración teocrática está fuera de lugar. Y en tercer lugar, no estaría de más enseñar a las generaciones más jóvenes a conciliar la libertad de expresión y de culto con la crítica razonable y democrática a los excesos de la piedad. En este sentido, a mí me resulta muy cumplicado explicar a mi nieto, y es un ejemplo, cómo se casan los fusiles con un Cristo doliente.

La Semana Santa, que comienza el Domingo de Ramos y acaba con el de Resurreccion, es una fiesta central del calendario cristiano. Y en ella se celebra lo que, según los Evangelios, habría sido la pasión y muerte de Jesús. Es un recorrido que culmina con la Pascua, el triunfo de la vida sobre la muerte, el paso del dolor a lo que sería el gozo final.

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