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Sobre la guerra (y por qué es la negación de lo más humano de lo humano)
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Sobre la guerra (y por qué es la negación de lo más humano de lo humano)

Nada es más necio que la guerra; habría que gritar guerra a la guerra. No es una contradicción: se trata de destruir la institucionalización de la muerte

Foto: Un hombre camina entre las ruinas de un edificio bombardeado en un ataque israelí-estadounidense en el este de Teherán (Irán). EFE/Jaime León
Un hombre camina entre las ruinas de un edificio bombardeado en un ataque israelí-estadounidense en el este de Teherán (Irán). EFE/Jaime León

Odio los fusiles, las ametralladoras, los tanques, los aviones, los drones y las bombas. Odio lo militar, esa casta imbécil y obediente. Y odio a quienes hablan de tácticas y estrategias como de un juego de niños. Se oculta, así, el dolor. El dolor de niños y no niños que son asesinados bajo una jerga necia.

Porque nada es más necio que la guerra. Es el oficio más antiguo del mundo, la prostitución por excelencia. Es un absurdo total. La guerra justa, la legítima defensa o el derecho a la guerra se mutan en armas y más armas. Lo preventivo o disuasorio es amenaza armada.

La educación para la paz debería ser una asignatura obligatoria. El Homo Belicosus debe dar paso al Homo Pacificus

Pero de tanto hablar de guerra como si se tratara de un mal necesario e incluso como un bien se olvida que es la negación de lo más humano de lo humano. Hacer de la guerra un negocio es como ser un bombero en el infierno o un cirujano de cadáveres.

Habría que gritar guerra a la guerra. Y si alguien dijera que es una contradicción, habría que contestarle que no es verdad. Lo que se quiere decir es que lo que hay que destruir es la institucionalización de la muerte. Queremos vida. Y queremos una real educación para la paz. Debería ser una asignatura obligatoria. Los movimientos pacifistas tendrían que tomar la calle. El Homo Belicosus debe dar paso al Homo Pacificus.

Si a alguien le suena vacío o ingenuo lo dicho, peor para él. Que se vaya por donde ha venido..

Odio los fusiles, las ametralladoras, los tanques, los aviones, los drones y las bombas. Odio lo militar, esa casta imbécil y obediente. Y odio a quienes hablan de tácticas y estrategias como de un juego de niños. Se oculta, así, el dolor. El dolor de niños y no niños que son asesinados bajo una jerga necia.

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