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El problema real tras la campaña 'Te están robando Madrid' (que va mucho más allá de Madrid)
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El problema real tras la campaña 'Te están robando Madrid' (que va mucho más allá de Madrid)

El debate sobre gentrificación y plusvalías en Madrid se recrudece: campañas, inversiones y políticas urbanas enfrentan capital y trabajo mientras barrios se encarecen y residentes se desplazan sin soluciones estructurales claras

Foto: La puerta de Alcalá, en Madrid. REUTERS/Guillermo Martínez
La puerta de Alcalá, en Madrid. REUTERS/Guillermo Martínez
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Hace pocos días Más Madrid lanzaba la campaña de márketing "Te están robando Madrid", con vídeos y proyecciones sobre edificios, en las que señalan a varios empresarios, casi todos del sector inmobiliario, como rentistas y especuladores buitre y acusando a Ayuso y Almeida de estar regalándoles la ciudad. Aparte de una estética actualizada, la campaña no supone ninguna novedad en cuanto a que apunta a uno de los nudos más tensionados en el sistema de las grandes ciudades.

Desde mediados del siglo pasado, la generalización de los medios de transporte como el coche, el tren rápido y el avión, hicieron que la tranquila y popular vida de barrio en nuestras ciudades comenzase a cambiar rápidamente. Las conexiones rápidas implican movimientos rápidos y con ese salto de escala (unido al enorme crecimiento que sufrieron las ciudades) se aceleraron igualmente los procesos de mercado, para bien y para mal. Teóricos como Henry Lefebvre, David Harvey o el exministro Manuel Castells han estudiado largo y tendido estos procesos de mercantilización y aumento de las plusvalías en las ciudades de todo el mundo occidental.

En el espacio físico, las expectativas de cambios a mejor generan aumentos de valor del suelo en lugares concretos, sea porque aparece una estación, sea porque se inaugure un edificio atractivo cerca, quienes vendieron barato o quienes viven de alquiler (por el momento los menos) y no pueden hacer frente a las subidas de precios terminan por marcharse. El desarraigo, la frustración y el resentimiento aparecen como daño "colateral" de las lógicas insaciables del ánimo de lucro. Es el mercado, amigo.

En Madrid, este fenómeno lleva décadas operando y ese malestar llega ya hasta el bien estante distrito de Salamanca, donde muchos vecinos ven como la segunda ola de la gentrificación les pasa por encima. Como explicaba Esteban Hernández, el cierre del Vips de Lista es un ejemplo de desarraigo sentimental para los paisanos tradicionales del barrio, pero a los mexicanos les vale madre.

El barrio de Salamanca es hoy un distrito prime, abierto a la inversión global que atrae a fortunas muy superiores a las de sus vecinos de toda la vida. Muchos venden a buen precio y se marchan a la casa de verano, a las afueras o a la sierra, donde a partir de entonces vivirán también sus hijos. Así pues, las dinámicas de mercado globales han llegado al punto en que parte de la derecha sociológica madrileña se fagocita a sí misma. Eso sí, vendiendo caro para garantizarse una generación más de estabilidad.

Capital vs. trabajo

Desde hace cincuenta años cambian los políticos y los empresarios señalados, cambia el nombre de la ciudad, pero la cuestión sigue siendo esencialmente la misma: la descompensación de la balanza entre el capital y el trabajo.

Su propia naturaleza convierte a las ciudades en una materialización física del mercado, donde el trabajo es un recurso que se mide en eficiencia. La aglomeración de capital humano, intelectual, financiero y la cercanía física produce esa eficiencia acortando los tiempos, generando ecosistemas y creando los círculos virtuosos que atraen a más y más gente. Conforme se acelera el movimiento, lo hacen también los procesos de acumulación de recursos humanos hasta que el sistema de sistemas se vuelve tan complejo que los riesgos de desequilibrio aumentan exponencialmente y la ciudad cambia a una velocidad inasumible para garantizar una vida estable a muchos de sus habitantes.

Pensemos por un momento en un huevo frito que no dejase de crecer. Lo hace la yema, ese centro en el que aumenta la escala de la opulencia y la riqueza. ¡Que la fiesta no pare! Pero también lo hace la clara, las periferias, donde se arrinconan y se pudren los problemas. Ya hemos hablado aquí de la importancia que tendrán, más pronto que tarde, las periferias para definir nuestro futuro.

Foto: desarrollo-urbano-desigualdad-migracion-economia-1hms Opinión

El descontento aumenta y tanto la extrema izquierda como la extrema derecha intentan capitalizarlo en un contexto de creciente escasez de vivienda. Podemos ha conseguido que el gobierno apruebe una regularización generalizada de inmigrantes que hasta ahora trabajan y viven en condiciones de informalidad. El peso de un precariado que en dos años tendrá voto, y que el partido morado pretende darle voz, es un caladero de votantes muy suculento. No sería de extrañar que la activista y presentadora peruana de Canal Red, Laura Arroyo, se presente en el futuro a unas elecciones.

Al mismo tiempo, Vox está intentando capitalizar el voto español del trabajo. Al que el sueldo no le da para ahorrar, a quien se siente inseguro, regañado durante años por el progresismo y desnaturalizado en su propio barrio. Y también a los jóvenes de las clases acomodadas que se han marchado frustrados de los distritos del centro donde se criaron. Distritos a los que no podrán volver porque tampoco pueden ahorrar.

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En Madrid, como en el resto de ciudades globales, vemos como el capital y el trabajo se están enfrentando. El Partido Popular apuesta por abrir las puertas a la inversión extranjera y a la inmigración regular de clases altas y medias latinas que, con enorme rencor a los gobiernos de izquierda de sus países, buscan refugio en la ciudad. No es difícil capitalizar a esos votantes una vez que adquieran la nacionalidad, pero es una estrategia demasiado cortoplacista. Aunque sin cruzarse, las élites progresistas también participan del dinamismo, la ebullición cultural y el nuevo cosmopolitismo del gran centro de una ciudad que, aun dejando cadáveres tras de sí - como la librería Tipos Infames- sigue expandiéndose.

De hecho, Rita Maestre, la protagonista del vídeo y portavoz de Más Madrid en el ayuntamiento, gobernaba la ciudad, en buena medida para esas élites "malasañeras" cuando las grandes operaciones de transformación urbana fueron la remodelación de las zonas prime de Plaza de España y Gran Vía (doblando la acera frente a Zara y Primark) y la aprobación del nuevo distrito para el capital financiero de Madrid Nuevo Norte.

Han pasado seis años desde que no tiene responsabilidades de gobierno, y ahora son otros los que gestionan el camino de aumento de plusvalías del suelo por el que ella transitaba cuando los polvos en las periferias ya se convertían en lodos.

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Ahora, estas operaciones se han extendido más allá de la M-30, mejorando barrios tradicionalmente obreros como Usera, Plaza Elíptica (ZBE), el soterramiento de la A-5 o el parque de Ventas. Esta expansión del capital sigue el mismo patrón: los inversores se interesan por las nuevas zonas de oportunidad, los propietarios ven como sus casas aumentan de valor y dejan de depender únicamente de salarios insuficientes para ahorrar, mientras que los inquilinos se ven obligados a marcharse.

Ciudades globales progresistas

Se formula muchas veces la pregunta de por qué en Madrid gana estructuralmente la derecha, a diferencia de otras grandes ciudades con gobiernos progresistas. La respuesta no es sencilla. Los altos índices de ciudadanos con derecho a voto que tienen una casa en propiedad es, sin duda, uno de los factores, habida cuenta de que las revalorizaciones de sus barrios aumentan significativamente sus plusvalías. La educación concertada, muy demandada en los barrios más humildes también ha sido señalada como uno de los motivos, ya que opera como una salida asequible e individualista para que sus hijos no compartan las aulas con los hijos de los recién llegados. Duro, pero quienes apuestan por eliminarla echan piedras contra su propio electorado. Sin embargo todo esto ocurre también en Barcelona, una ciudad aparentemente más de izquierdas donde su electorado tiene un comportamiento más acorde con el de París, Londres, Amsterdam o Berlín. Sin embargo, todas estas ciudades tienen algo en común con Madrid. No dejan de ser gobiernos que compiten en la liga de ciudades globales por atraer capitales e inversiones internacionales. Los problemas son los mismos y los resultados se parecen bastante cuando los gobiernos, sean del color que sean, son todos business friendly.

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Si Madrid es ahora de derechas, también lo fue cuando Rita Maestre mandaba. Y esto es así porque en todas las decisiones estructurales del modelo de ciudad se puso del lado del capital. De hecho, a diferencia de Carmena o Anne Hidalgo, fueron Colau y Pisarello quienes verdaderamente plantearon al comienzo de su mandato una alternativa honesta de izquierdas apostando por el decrecimiento. Sacar al mercado de la ciudad era una apuesta estructural, verdaderamente anticapitalista y no un maquillaje estético y cultural. La apuesta salió mal, porque al descapitalizar económicamente la ciudad el sistema se desequilibró aún más y con ello se puso en riesgo la financiación de los propios servicios públicos. La economía circular no da para mantener los barrios. La yema se redujo en lugar de crecer. Al final su gobierno tuvo que recular y apostar operaciones vistosas en zonas prime del Eixample, como las supermanzanas peatonalizadas que, como ocurre en Berlín o en París, suben los precios del metro cuadrado a sus acomodados propietarios.

Cada vez son más los madrileños que no saben si les están robando o no, aunque intuyen que la ciudad está dejando de ser suya. Pero Rita Maestre, que ya tuvo la oportunidad de gobernar, demostró que, o bien carecía de la voluntad, o de la capacidad, para modificar el modelo actual. Es difícil explicar a tus votantes cómo mantener o mejorar los equilibrios en un sistema complejo como es una gran ciudad. En cambio, es mucho más fácil sumarse a la estrategia populista -en este caso, una versión 2.0 de Colau- : victimizar a la gente, culpar a un grupo reducido de supuestos responsables y proponer soluciones que agravarán la situación.

En todas las ciudades hay empresarios con pleitos, hay fondos de inversión y hay gentrificación con efectos negativos tan malos o peores que los de Madrid. El problema no se soluciona sacando de la circulación a unos pocos señores con nombre y apellidos. El problema es estructural y no lo va a arreglar Rita. Porque hasta el gobierno central, cuya ministra de Trabajo, que tiene el carnet del PCE (además de ser la máxima exponente de la coalición en la que se engloba Más Madrid), grava más las rentas del trabajo que los beneficios del capital. Es aquí donde reside la apuesta por la competición entre ciudades globales, priorizando los problemas que estas generan frente a la alternativa propuesta por Colau. Y tal vez sea una apuesta con bastante fundamento.

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La cuestión no es dejar de crecer, (menos aún cuando llegan cien mil personas nuevas al año). La cuestión es cambiar la estructura del modelo de ciudad utilizando el capital para crecer bien: potenciar nuevos centros fuera de la M-30, conectarlos entre sí y construir viviendas asequibles y zonas de trabajo integradas en esos centros. Volviendo a la metáfora del huevo frito, una ciudad próspera es aquella donde la o las yemas de prosperidad crecen a costa de la clara, y no la que aumenta de escala manteniendo la proporción original. Y es ahí donde han fallado gran parte de las ciudades globales. Ese será el gran reto de Madrid.

Hace pocos días Más Madrid lanzaba la campaña de márketing "Te están robando Madrid", con vídeos y proyecciones sobre edificios, en las que señalan a varios empresarios, casi todos del sector inmobiliario, como rentistas y especuladores buitre y acusando a Ayuso y Almeida de estar regalándoles la ciudad. Aparte de una estética actualizada, la campaña no supone ninguna novedad en cuanto a que apunta a uno de los nudos más tensionados en el sistema de las grandes ciudades.

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