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Reflexiones a propósito de la isla de Migingo
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Reflexiones a propósito de la isla de Migingo

Esa diminuta isla muestra, quién lo diría, un lado poético y una ocasión para mirarnos con menos orgullo y más modestia. Porque lo que realmente señala es la falsa felicidad de la que presumimos

Foto: Vista de la isla africana de Migingo. (Getty/Anadolu/Recep Canik)
Vista de la isla africana de Migingo. (Getty/Anadolu/Recep Canik)

Migingo es una isla que tiene algo de ensueño. Es una isla desconocida dentro del bullicio de tantos lugares que habitamos los humanos. Está en el lago Victoria y pertenece a Kenia, aunque la reivindica también Uganda. Parece que el conflicto entre estos dos Estados tiene que ver más con el mar que con la tierra. Lo que les importa es la pesca.

Si se contempla una fotografía de esa isla, sorprende como puede vivir tanta gente en tan poco espacio. Un diminuto islote donde todo son casas, pobres casas, más cosidas que unidas. Es como si se apretaran para no caer al agua. Y cuando se mira ese dibujo de una vida tan rara, surge la sorpresa. Una sorpresa ante lo extraño, lo excéntrico, lo imposible dentro de lo posible.

Pero también se enciende la imaginación que trata de dar vida a algo recóndito, un guiño a lo que siendo muy humano se escapa a los cánones al uso. Es un ejemplo de subsistencia, de lo que malamente entendemos por civilización. Y una callada denuncia de la pobreza.

Hoy que se vende la felicidad como se da un juguete a un niño, nos asalta el deseo de un país donde ser feliz consiste solamente en ser feliz

Esa diminuta isla muestra, quién lo diría, un lado poético y una ocasión para mirarnos con menos orgullo y más modestia. Porque cuando hablamos de marcharnos, huyendo, a una isla casi desierta y muy alejada, nos medimos a nosotros mismos. En esta huida, fuera de un turismo vacío o una mera exclamación, se hace patente lo vano de lo que nos rodea, las mentiras que llevamos como collares, el hastío de una vida tan superficial que en cualquier momento puede romperse.

Lo que realmente señala el islote es la falsa felicidad de la que presumimos. Hoy que se vende la felicidad como se da un juguete a un niño y que felicidad y ridículo se dan la mano, nos asalta un deseo. Un deseo parecido a lo que añoraba Pessoa: la lejanía de un país donde ser feliz consiste solamente en ser feliz. No será esta abandonada Migingo. Pero tal vez nos señale el camino.

Migingo es una isla que tiene algo de ensueño. Es una isla desconocida dentro del bullicio de tantos lugares que habitamos los humanos. Está en el lago Victoria y pertenece a Kenia, aunque la reivindica también Uganda. Parece que el conflicto entre estos dos Estados tiene que ver más con el mar que con la tierra. Lo que les importa es la pesca.

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