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"Queda usted oficialmente invitado a mi fusilamiento"
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José Antonio Zarzalejos

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"Queda usted oficialmente invitado a mi fusilamiento"

Los hijos del siglo pasado que nacieron en los setenta, y ya, algunos en los ochenta, son los escrutadores más interesantes del pasado reciente y los más intuitivos sobre el futuro inmediato. Es el caso de González Férriz

Foto: Cubierta de 'La otra guerra fría', de Ramón González Férriz.
Cubierta de 'La otra guerra fría', de Ramón González Férriz.

Leer a Ramón González Férriz suele ser un ejercicio de autoayuda. Expone con serenidad, aporta datos y dardea con clase. Su perfil periodístico y literario se sitúa a caballo entre el tradicional y el digital, de modo que su género resulta intergeneracional y abarca un registro amplio de apetencias lectoras. Comprobamos su idiosincrasia reflexiva en El Confidencial en piezas atentas a episodios que van definiendo la época, rescatándolos para explicaciones que hacen entender el mundo de hoy.

González Férriz es un tipo más bien tímido, pero con una férrea decisión de fondo y ese temperamento se percibe aún mejor en las piezas largas de sus relatos como La otra guerra fría. Como el capitalismo y el comunismo convirtieron la cultura en un campo de batalla, su última obra que se presenta hoy a las 19 horas en la librería La Central del Museo Reina Sofía.

El autor es de esos que se denominan ‘generacionales’ porque han instalado el puesto de observación en la década de resaca que son sus actuales cuarenta y pico. Los hijos del siglo pasado que nacieron en los setenta, y ya, algunos en los ochenta, son los escrutadores más interesantes del pasado reciente y los más intuitivos sobre el futuro inmediato. Toda comparación es odiosa, pero Ramón González Férriz con esta visión diagonal de la Guerra Fría tiene un parecido a otro autor que he devorado tanto como su ensayo. Me refiero a Paco Cerdá, otro periodista-historiador ( 14 de abril y Premio Nacional de Narrativa con Presentes). Esas dos obras y La otra Guerra Fría de González Férriz ensayan un modo, plenamente exitoso, de referir la historia levantando la alfombra del pasado para hurgar en los aspectos colaterales que explican los acontecimientos nucleares.

La recensión de un libro no debe ser un mero ejercicio de resumen. Baste con dejar sentado que Ramón nos lleva de la mano en una excursión por los parajes de la Guerra Fría a través de la literatura, el cine, la música y las artes pictóricas emergentes en las dos potencias que protagonizaron la historia mundial después de la conflagración de 1939-1945: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Fue la cultura, dice el escritor, un factor de ‘transformación’ de la situación y un producto de su propia metamorfosis hasta su agotamiento del que, con mañas diferentes, parece haberse recuperado tanto en Moscú como en Washington. González Férriz transita entretenidamente para el lector por los escenarios que suponíamos más o menos conocidos del siglo pasado pero que él redescubre en una versión brillante, rítmica, que no permite demorar su lectura e incita a beberla de un trago, sin descanso. Van a encontrarse en el libro con viejos amigos, escritores, cantantes, actores, cineastas, pintores… todos ellos enhebrados en el toma y daca de aquellas décadas de luces y sombras.

placeholder Boris Pasternak en 1959. (Wikipedia)
Boris Pasternak en 1959. (Wikipedia)

Todos los capítulos son indisociables en el retablo que ha compuesto el autor, pero el vuelo del relato del capítulo cuarto, Invitado a un fusilamiento, es extraordinario. Cuenta el estado de ánimo de Boris Pasternak al entregar para su publicación el manuscrito de Doctor Zhivago en 1956 y su decisión de declinar el Nobel de Literatura en 1958 (Considerando el significado que la sociedad a la que pertenezco ha dado a este premio, debo rechazar este galardón inmerecido que se me ha concedido. Por favor, no reciban mi rechazo voluntario con desagrado). Cuando el escritor ruso dio en mano los 433 folios de su obra al agente literario italiano, una novela sofisticadamente subversiva en la URSS de entonces profirió la frase que González Férriz califica de ‘más ominosa’: ‘A partir de este momento queda usted oficialmente invitado a mi fusilamiento’. Al final, no fue ejecutado y murió de un cáncer de pulmón.

El casting de los personajes seleccionado por Ramón para ofrecernos el escaparate cultural de la Guerra Fría es amplio y sugerente. No se echa a nadie de menos, ni sobra ninguno. Como tampoco falta párrafos sueltos de la España de aquel tiempo en una labor de engarce histórico que eleva este ensayo a la categoría de los necesarios para introducirse en claves del pasado que explican el presente como se deja constancia en el epílogo del ensayo titulado Una nueva guerra fría. En definitiva, sabíamos que, en palabras de Stalin, "los escritores son los ingenieros del alma" pero González Férriz nos dice con solvencia que esa ingeniería se extendió a la música, el cine, la pintura… y que, seguramente, contribuyó a excitar el ansia de esa libertad de creación que vuelve a estar en riesgo. Así, esta La otra guerra fría de González Férriz resultaría un aviso para que, en estos tiempos inciertos, la libertad cultural en todas sus expresiones no regrese al refugio de la caverna.

Leer a Ramón González Férriz suele ser un ejercicio de autoayuda. Expone con serenidad, aporta datos y dardea con clase. Su perfil periodístico y literario se sitúa a caballo entre el tradicional y el digital, de modo que su género resulta intergeneracional y abarca un registro amplio de apetencias lectoras. Comprobamos su idiosincrasia reflexiva en El Confidencial en piezas atentas a episodios que van definiendo la época, rescatándolos para explicaciones que hacen entender el mundo de hoy.

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