La imaginación es el retrato de algo, mientras que la fantasía se adentra en crear imágenes a nuestro arbitrio. Una no huye de lo real, mientras que la otra se recrea en lo irreal
Si nos atenemos a la etimología y significado de ambas palabras, la imaginación sería el retrato de algo, mientras que la fantasía se adentra en crear imágenes a nuestro arbitrio. Una no huye de lo real, aunque lo manipule, mientras que la otra se recrea en lo irreal. Una no pierde el contacto con los objetos, mientras que la otra queda al arbitrio de la voluntad. Lo dicho es de manual y bastante tópico. Habría que buscar una diferencia que nos ofrezca una distinción que resulte menos forzada. Y se me ocurre lo siguiente. Ambas serían lo mismo. Lo que sucede es que la imaginación nos ata a los hechos.
La fantasía, sin embargo, es el regodeo del ego, el desbordamiento de los deseos y, sobre todo, la ruptura con todo límite. Esto último es decisivo. Para intentar aclarar esto voy a recurrir a mis vivencias de la infancia. Y dejo de lado lo que tantos, y de modo especial la psicología, han especulado al respecto. Una familia como la mía, de siete hermanos y padre maestro, llegaba muy justa a fin de mes. Casi pasábamos hambre. A mí me gustaba a rabiar el chocolate, pero raramente llegaba a mi boca. Por otro lado, imbuido en un nacionalcatolicismo sin fisuras, daba vueltas a cómo podía ser aquel cielo del que me contaban que era todo felicidad. Entonces mi imaginación volaba a lo más alto. Y yo me sentaba en una silla de chocolate. Me la imaginaba tan real que pensaba que podía romperse con mi peso.
La fantasía, sin embargo, es el regodeo del ego, el desbordamiento de los deseos y, sobre todo, la ruptura con todo límite
Eso no me parecía mal. Todo lo contrario. Le otorgaba la silla todo su esplendor. Era la realidad por excelencia. No había un gramo de locura. Yo y el chocolate nos colocábamos a una altura divina. La imagen era ahora pura fantasía, un fenómeno que desafiaba cualquier miseria de la naturaleza. La fantasía era el remate de la imaginación. Si me traslado ahora a mi edad y al mundo que me ha tocado vivir, la decepción es total. Porque casi todo se evapora e incluso enseña la cabeza un transhumanismo que nos deja inermes. El desierto avanza, decía Nietzsche.
El desierto de la vida politico-social no divisa ningún oasis. Hay chocolate y sillas desparramadas, pero no hay cielo. Tampoco hay un infierno que nos asuste como entonces. Ha desaparecido incluso el limbo. Estamos a la intemperie. La imagino y su punta de lanza, la fantasía, solo viven de recuerdos. Triste situación. Se dijo en su tiempo que la imaginación debería tomar el poder. Es el poder el que ha tomado la imaginación y su extensión en la fantasía. Tal vez una cierta aurora consista en soñar con sillas, chocolate y cielo.
Si nos atenemos a la etimología y significado de ambas palabras, la imaginación sería el retrato de algo, mientras que la fantasía se adentra en crear imágenes a nuestro arbitrio. Una no huye de lo real, aunque lo manipule, mientras que la otra se recrea en lo irreal. Una no pierde el contacto con los objetos, mientras que la otra queda al arbitrio de la voluntad. Lo dicho es de manual y bastante tópico. Habría que buscar una diferencia que nos ofrezca una distinción que resulte menos forzada. Y se me ocurre lo siguiente. Ambas serían lo mismo. Lo que sucede es que la imaginación nos ata a los hechos.