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La predicción de Tony Soprano: "¿Dónde coño está Gary Cooper?"
'Los Soprano' anticipa el cambio de valores de la posmodernidad. Ya no interesan los tipos duros, capaces de afrontar su aciago destino sin inmutarse; el mundo no quiere más John Wayne ni Humphrey Bogart
“¿Dónde coño está Gary Cooper?”. Es el lamento de un tipo de 1,85 metros y más de 100 kilos de peso que parte cabezas por la mañana y habla con su psiquiatra del sinsentido de todo por la tarde. Tony Soprano, el gánster más humano que ha dado la pantalla se acuerda varias veces del actor de cine clásico a lo largo de la serie de David Chase.
El mafioso saca a colación este oculto deseo por primera vez en una de sus sesiones de psicoanálisis. Exasperado por los ataques de pánico que padece, que le llevan a desmayarse en el momento más inesperado, y que parecen provocados por los traumas de una madre que nunca le quiso, se acuerda del actor: “Gary Cooper, ese sí que era un buen americano”.
Tony Soprano vuelve a mencionar al mesías de los Estados Unidos, a ese prototipo de héroe americano, en un coche, acompañado de sus principales capos. La familia llevaba días tratando de parar una manifestación de indígenas contra las procesiones en conmemoración de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, un día que es de celebración nacional para todos los italoamericanos.
Silvio, su mano derecha, había estado particularmente pesado con el tema, ya que consideraba que la posición de los indígenas era un insulto a los italianos. Tony Soprano se harta de este enfrentamiento de minorías y exclama: “¿Dónde coño está Gary Cooper? El héroe duro y silencioso que hacía lo que debía sin quejarse. Sin llorar por la dura infancia de su familia irlandesa o lo que coño sea”.
El personaje de James Gandolfini se refiere al papel de Cooper en ‘Solo ante el peligro’, donde hace frente él solo a unos bandoleros que vienen a perturbar la vida de un pueblo. Gary Cooper se queda solo ante la amenaza que se ciñe sobre él, apenas un borracho y un niño se muestran dispuestos a arriesgar su vida por un bien superior.
En la añoranza de Tony Soprano por un héroe ya mitológico, como el personaje de Gary Cooper, la serie anticipa el cambio de valores de la posmodernidad. Ya no interesan los tipos duros, fríos como el hielo, capaces de afrontar su aciago destino sin inmutarse.
Opinión El mundo ya no quiere un John Wayne que mate a Liberty Valance y sacrifique su futuro para ser absorbido en el agujero del olvido. Ya no se necesita a un Humphrey Bogart que diga adiós al amor en Casablanca porque hay algo más valioso que su propia historia. Y así con tantos y tantos personajes habituales del cine clásico que han quedado trasnochados en una posmodernidad donde las emociones a flor de piel cotizan al alza. Donde se hace exhibicionismo en redes de la propia muerte y donde la gente ha perdido la capacidad de leer los silencios.
En la odisea contemporánea de matar al padre hemos sido engullidos por el Leviatán del vacío, en una suerte de competición de sufrimientos y discriminaciones (como la de los indígenas y los italianos) donde no hay lugar para aquellos que quieren reivindicarse al margen.
Quizá víctimas del propio progreso, de los avances tecnológicos, de la reducción de la pobreza en términos generales, Occidente busca otros motivos para la tragedia. Y Tony Soprano sufre, pero odia sufrir, porque en el fondo se reconoce un privilegiado. Su madre no le quiso, y ese es un dolor que no se olvida, pero su pulsión es ser Gary Cooper y morir por un bien superior sin las cadenas del sufrimiento.
Opinión La desaparición del héroe clásico es la del hombre rebelde tal y como lo definió Albert Camus, aquel que se rebela contra el absurdo del mundo aunque sepa que no hay victoria posible. Porque es la única forma de vivir con sentido.
Los Soprano anticipan la melancolía de un tiempo de cristal, donde el abismo acecha en cada ausencia y en cada meta que se nos escapa. Pero vivir nunca fue fácil, como sabían nuestros abuelos y esos personajes del blanco y negro. Y así, acabamos como Tony Soprano, de copas con los amigos en algún antro, coleccionando relaciones sexuales o poniéndonos finos a tagliatelle en un restaurante, mientras cargamos con el peso de nuestros traumas y alzamos la mirada al cielo para preguntar: “¿Dónde coño está Gary Cooper”.
“¿Dónde coño está Gary Cooper?”. Es el lamento de un tipo de 1,85 metros y más de 100 kilos de peso que parte cabezas por la mañana y habla con su psiquiatra del sinsentido de todo por la tarde. Tony Soprano, el gánster más humano que ha dado la pantalla se acuerda varias veces del actor de cine clásico a lo largo de la serie de David Chase.