Tribuna
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Sobre la música, el ruido y el reggaeton
El ruido no es música, es un ataque a las neuronas. La música, por muchas que sean sus variantes, es armonía. Y el reggaeton, fundamentalmente, es ruido y no música
Hay ya no pocos estudios, de tono sociológico, que buscan dar cuenta del reggaeton. Y tratan de verlo como el símbolo de una generación desconectada de lo que serían formas caducas de otra en la que no se reconocen. Ese sonido de tintes criollos y en español sería una especie de una amarga protesta, un gemido de un mundo nuevo que no se ve retratado en lo que le antecede Y en paralelo, por ejemplo, con la fiebre de los tatuajes o el esmero por el color de las uñas.
Más allá de una sociología oficial o bien de andar por casa, me gustaría hablar a flor de piel. Y no quedarme en descripciones generales que apenas se comprometen en valoraciones concretas. Desde ahí, diré que el reggaeton no es música. Es ruido carente de armonía. Se atribuye a Napoleón la frase de que la música es el más soportable de los ruidos: una imbecilidad, una muestra de nula sensibilidad. El ruido no es música. La música, por muchas que sean sus variantes, es armonía. El ruido es un ataque a las neuronas, mientras que la música es la más bella de todas las artes. Y el reggaeton, fundamentalmente, es ruido y no música.
Entrar en cualquier sitio público se está convirtiendo en una tortura. Es como un martillazo en la cabeza, una letanía sin fin
No vale decir que encierra un mensaje, es trasunto poético o seudojustificaciones semejantes. No se trata de ponerse fino afirmando que hay que llorar escuchando a Mozart o levitar con Bach. Se trata de llamar a las cosas por su nombre.
Entrar en cualquier sitio público se está convirtiendo en una tortura. Es como un martillazo en la cabeza, una letanía sin fin. Y no protestes porque te llamaran antiguo y desadaptado. Qué le vamos a hacer. Pienso que es un caso claro de decadencia y de incultura. Y de sumisión a la tontería ambiental. Falta enseñanza musical. Falta una pedagogía que conduzca a uno de los placeres más humanos.
Como en tantas otras cosas, me doy por vencido y saldré mucho menos de casa porque fuera te espera, descarado, el reggaeton. Solo me queda encomendarme a Santa Cecilia, patrona de la música.
Hay ya no pocos estudios, de tono sociológico, que buscan dar cuenta del reggaeton. Y tratan de verlo como el símbolo de una generación desconectada de lo que serían formas caducas de otra en la que no se reconocen. Ese sonido de tintes criollos y en español sería una especie de una amarga protesta, un gemido de un mundo nuevo que no se ve retratado en lo que le antecede Y en paralelo, por ejemplo, con la fiebre de los tatuajes o el esmero por el color de las uñas.