Tribuna
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Flatus vocis kueskolari
El paisaje político de nuestros días está a rebosar de 'Flatus vocies', de puro aire que no dice nada, de voces vacías de contenido
Lo que sigue es un sintético comentario a un librito o panfleto que acabo de publicar. Su título es Flatus vocis kueskolari, una serie de observaciones filosóficas acerca del fenómeno muy humano y fisiológico del ventosear. Antes de nada, diré que lo he escrito porque me da la gana, sin caer en cursilerías como que escribo por amor (algo que ha dicho más de un francés), que lo hago por ser útil a otros (como ha dicho más de un anglosajón) o por deber (como ha dicho más de un germano). Repito que lo hago porque sí, porque me encanta dialogar con lo que escribo y por desahogarme. Quede esto claro.
Paso ahora al título de Flatus Vocis. Su traducción, sin más rodeos, es soplo, puro aire sin decir nada. La voz va vacía de contenido. Algún comentario al respecto. Hay un pasaje en la obra de Aristóteles en el que se lee que los animales tienen voz, pero carecen de lenguaje. Quiere decir que el animal se mueve por estímulos y que reacciona a ellos sin encadenar frase alguna. Le falta logos. Nosotros, por el contrario, poseemos un lenguaje articulado basado en la capacidad de decir algo y que nos posibilita afirmar que un hecho del mundo es verdadero o falso.
Cuando todo acaba en gritos y en palabrería, lo que manda es el viento, con más o menos olor.
Cuando todo acaba en gritos y en palabrería, lo que manda es el viento, con más o menos olor. El paisaje político de nuestros días está a rebosar de Flatus vocies. En una mirada histórica habría que recordar también el viejo problema de los universales. La cuestión era (y es) dilucidar si solo hay nombres, lo que se llama nominalismo, o si nuestras palabras refieren a conceptos reales, con el peligro de acabar en el platonismo. La disputa continua vigente. Pero todo ello nos conduce a la idea de escatología. Y ahí se unen Freud y la escatología. Habría algo que ya no es útil en este mundo, solo que alude vagamente a un más allá.
Otro aspecto a resaltar de este panfleto es el rechazo del puritanismo, esa ñoñería que confunde real educación con prohibiciones. El puritanismo no es solo represión, sino imbecilidad teatralizada. Por todo ello, el librito recorre diferentes formas de vientos. Con toda sinceridad, sin ofender a nadie, salvo a los que, por muy bastos que sean, van de finos. Recordando que lo sublime y la simple tierra habitan juntos en nosotros.
Lo que sigue es un sintético comentario a un librito o panfleto que acabo de publicar. Su título es Flatus vocis kueskolari, una serie de observaciones filosóficas acerca del fenómeno muy humano y fisiológico del ventosear. Antes de nada, diré que lo he escrito porque me da la gana, sin caer en cursilerías como que escribo por amor (algo que ha dicho más de un francés), que lo hago por ser útil a otros (como ha dicho más de un anglosajón) o por deber (como ha dicho más de un germano). Repito que lo hago porque sí, porque me encanta dialogar con lo que escribo y por desahogarme. Quede esto claro.