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Currículum y títulos

En esa lucha por ver quién ha mentido más, los partidos han vuelto al juego falaz del 'tu quoque'. Se niega lo propio y se denuncia lo ajeno. Para reír. O para llorar

Foto: La diputada del PP Noelia Núñez, que dimitió de todos sus cargos tras conocerse que había mentido con su CV (EFE Archivo Juan Carlos Hidalgo)
La diputada del PP Noelia Núñez, que dimitió de todos sus cargos tras conocerse que había mentido con su CV (EFE Archivo Juan Carlos Hidalgo)

Es un vicio nacional inflar un currículum. Para obtener una plaza en los muchos oficios de la sociedad se presentan una serie de méritos que, generalmente, se exageran. Si se tiene un conocimiento macarrónico de la lengua inglesa, muy habitual en los españoles, se dice que el dominio de la lengua de Shakespeare, es total. Este tipo de exageraciones que, a veces, rozan el ridículo, se toma como pecado venial o mentira piadosa.

Se ha producido en los últimos días, sin embargo, una tormenta considerable porque un buen lote de políticos no solo han hecho una auténtica hipérbole con sus curricula sino que han mentido con toda desvergüenza. Y se ha generado un escándalo que, en cierto modo, me parece desmedido y hasta impostado. Porque esperar que un político no mienta es como esperar a Godot.

Todo está siendo estéticamente deplorable. Es tan feo que invita a apartar la cara. Una ocasión más perdida para dar una muestra de dignidad

En cualquier caso, me gustaría destacar tres aspectos en esta carrera en que la que tocar la guitarra en un cumpleaños vale para afirmar que se está a punto de superar a Narciso Yepes. O que dar una clase particular a un vecino equivale a ser un muy cualificado profesor universitario. El primero es sociológico. El segundo es moral. Y el tercero es estético. Desde un punto de vista sociológico, presumir de títulos es propio de una sociedad un tanto infantilizada en la que prima la apariencia. Es como llevar muchas insignias en la pechera. O parecerse al Licenciado Vidriera, con la vieja picardía de hacer que se sabe. El tener apabulla al ser. No es la mejor nota para la gente de este país, alardear de lo que no se tiene. Una barata seducción.

Desde un punto de vista moral, lo que se ha visto estos días es una ruda mentira que merece castigo. Se han ocupado puestos en las instituciones engañando y eso es propio de sinvergüenzas. Y en esa lucha por ver quién ha mentido más, los partidos han vuelto al juego falaz del tu quoque. Se niega lo propio y se denuncia lo ajeno. Para reír. O para llorar. Finalmente, todo está siendo estéticamente deplorable. Es tan feo que invita a apartar la cara. Una ocasión más perdida para dar una muestra de dignidad.

Es un vicio nacional inflar un currículum. Para obtener una plaza en los muchos oficios de la sociedad se presentan una serie de méritos que, generalmente, se exageran. Si se tiene un conocimiento macarrónico de la lengua inglesa, muy habitual en los españoles, se dice que el dominio de la lengua de Shakespeare, es total. Este tipo de exageraciones que, a veces, rozan el ridículo, se toma como pecado venial o mentira piadosa.

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