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¿Queremos vaciar definitivamente España?
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Fernando Caballero Mendizabal

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¿Queremos vaciar definitivamente España?

La decisión de que algunos trenes dejen de parar en Castilla y León revela que el mundo de las ciudades se desentiende del rural por criterios economicistas. El mensaje es: sois un estorbo

Foto: Concentración en Sanabria contra la eliminación de paradas de tren en Castilla y León. Emilio Fraile / Europa Press
Concentración en Sanabria contra la eliminación de paradas de tren en Castilla y León. Emilio Fraile / Europa Press

Hace unos días Renfe anunciaba que, a partir del 9 de junio, se eliminarán varias paradas en los dos servicios matutinos que unen Vigo con Madrid. La medida busca contentar la reclamación del alcalde de Vigo, Abel Caballero, de que el AVE no pare en localidades de Castilla y León para acortar media hora de viaje de forma que los viajeros puedan llegar a la capital lo suficientemente pronto.

Renfe, que a diferencia de Ouigo o de Iryio, es un servicio público, ha decidido eliminar la parada en la estación de alta velocidad de Otero de Sanabria y modificar las frecuencias en Medina del Campo y Segovia. El objetivo de reducir el tiempo de viaje entre Galicia y Madrid puede parecer razonable, habida cuenta de que en esas estaciones suben pocos, muy pocos viajeros que deban estar antes de las 11 de la mañana en algún despacho, aula o consulta en Madrid. Ahora no habrá ninguno. Y con ello se eliminan también las condiciones de posibilidad que a lo largo de los años haya gente que se anime a salir de la ciudad y mudarse a comarcas como Sanabria, porque el tren que los conecta con Madrid no pasará en horas punta. Y es así como se vacía un país.

La incomprensión del mundo rural

En pocos días la noticia ha empezado a trascender los medios locales. Para ello han sido necesarias concentraciones frente a las estaciones y la amenaza de que si el AVE no para en los andenes, se le impedirá el paso. La amenaza de cortar las vías es justa porque literalmente lo que estamos viendo es como el mundo de las ciudades se desentiende de la responsabilidad que tiene con su mundo rural por criterios economicistas. El mensaje implícito es claro: sois un estorbo, no merece la pena que nuestros trenes (que evidentemente no son los vuestros) deban hacernos perder el tiempo parando en vuestras estaciones.

Es así como la incomprensión entre el mundo rural y las ciudades va creciendo hasta convertirse poco a poco en tensión. Porque la sensación generalizada es de abandono. De que un país, una nación de ciudadanos iguales, en vez de metropolizar sus territorios, en vez de hacerlos partícipes de los circuitos socioeconómicos virtuosos que ocurren en las ciudades, los convierte en hinterlands administrados desde éstas. Una suerte de lugares innecesarios que descuadran las tablas de excel de los ministerios. Y España acumula demasiadas tensiones internas como para seguir echando leña al fuego.

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Nuestro país se está convirtiendo en un lugar donde los problemas y las preguntas importantes sin respuesta no dejan de aumentar. Eso da lugar a confusiones, a gritos en las tertulias, a medias tintas, a discursos y broncas que no arreglan nada… Una de las que se han convertido en vector de la conversación pública en los últimos años es la que gira en torno al concepto de la “España Vacía”. Un término que eclosionó tras la publicación del libro de Sergio del Molino y que tardó muy poco en mutar a “Vaciada”, victimizado durante la hinchazón populista de la última década.

Una vez en el gobierno, el populismo que surge con ese “Vaciada” se convierte en un ministerio sobre “Transición Ecológica” al que se le añade un concepto tan etéreo como “reto demográfico”. Ésto va de retos e intenciones y se arregla colocando un nombre pomposo en una puerta lateral de Nuevos Ministerios. El nombre ya soluciona el problema de cara a los votantes. Luego aparecen las comisiones de estudio, los informes que justifican las visitas a ver como lo han hecho en otros países y todos los “proyectos ilusionantes” que se llevarán a cabo para animar a alguno de los cincuenta millones de habitantes de nuestro país a mudarse a esas provincias y comarcas donde la densidad de población compite con las de Laponia o Siberia. Nombre este, el de “Siberia”, que oficiosamente se le ha dado a una de esas comarcas desconectadas de Extremadura.

El papel de las ciudades y la visión en túnel

Uno de esos estudios ministeriales analizaba las políticas francesas para revitalizar el mundo rural que hace ya mucho vota contra las élites parisinas. Élites consideradas nocivas y empobrecedoras en tanto que, más allá del Boulevard Périphérique, han convertido al hexágono gobernado desde el Elíseo en una periferia de su sistema centralizado. Para que en Francia volviesen a mirar con buenos ojos a París, había que vertebrar el territorio deslocalizando funcionarios y aumentando, como ocurre en Alemania, las frecuencias y conexiones del tren. Había que conectar el París que manda con las ciudades intermedias y éstas con los pueblos. Así, el flujo migratorio a la ciudad se invierte y la energía y vitalidad acumulada en la gran urbe empieza a distribuirse por todo el país.

En este artículo no vamos a entrar a analizar el tema de la deslocalización de funcionarios o instituciones, ni la posibilidad de que los municipios participen de la corresponsabilidad fiscal que en países estados como Alemania han servido para retener población e industria por toda su geografía. Lo que nos interesa aquí es que en ambos casos la clave para activar económica y demográficamente un territorio pasa por el tren.

Y lo sangrante en este caso es que por mucho que el Ministerio de “Transición Ecológica y Reto Demográfico” tenga estos análisis hechos, sus vecinos de edificio en el Ministerio de Fomento deciden suprimir las paradas de los AVE matutinos que pasan por alguna de esas zonas necesitadas de estar bien conectadas.

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Como las grandes preguntas no se plantean, y en muchos casos tampoco se contestan, tenemos un problema para definir objetivos de país. Si en España queremos que siga habiendo vida y oportunidades fuera de las grandes ciudades hay que crear, no destruir, las condiciones de posibilidad para que los habitantes de los pueblos se queden y para que su demografía vuelva a crecer. Y para ello es necesario tener visión de conjunto y en muchos casos ser conscientes de que no se pueden aplicar las mismas medidas en lugares distintos sin adaptarse a ellos.

Uno de los principales de la construcción de un estado tan complejo es la compartimentación. Los criterios y objetivos de los ministerios, direcciones generales y empresas públicas son en muchos casos estancas las unas de las otras. Si lo importante es llegar antes a Madrid es normal quitar la parada en la que apenas se sube nadie… aunque sea una línea de vida.

El papel de Madrid DF

Otro ejemplo claro son las subidas del salario mínimo. Salarios pensados para las ciudades, que ahogan la actividad económica fuera de ellas y en muchos casos las abocan a la economía sumergida. Aunque muchos economistas defienden que el SMI no debe ser superior al 60% del salario medio, en provincias como Segovia o Zamora, el SMI ronda ya el 80%.

La sensación es que ni hay ni se busca la adaptación. Se utiliza la tábula rasa según criterios rabiosamente centralistas y sin atender a las realidades particulares.

Se imponen los criterios uniformistas y de rentabilidad económica, y no de servicio público. Y todo ello desde ministerios que se encargan constantemente de recordarnos su sensibilidad plurinacional y sus avances hacia el federalismo.

Cuando los AVE pasen sin parar por las estaciones de Medina del Campo y Sanabria se reproducirá aquella escena final de Bienvenido Mr. Marshall. El futuro se marchará en esos trenes.

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La gran responsabilidad de las ciudades, y sobre todo del Estado es hacer que Madrid esté bien conectado con el resto del país no para que succione su energía sino para que la aumente. Ser un proveedor de servicios y financiación, el escaparate de lo que se produce fuera de la ciudad y el mejor cliente de estos lugares. Ser, en definitiva, el sol que más caliente y no un agujero negro.

Pero el gobierno de España, que es el que tiene las competencias en todo lo que teniendo que ver con Madrid trasciende las lindes de su Comunidad, se empeña implícitamente en que Madrid se convierta en un lugar antipático y desconectado.

¿Y si terminamos de vaciar España?

El sociólogo Alberto Zamorano fue el autor 2024 de un Trabajo Final de Grado titulado Entre la persistencia y el olvido: hacia una clasificación comarcal de la despoblación. Un trabajo que tuvo bastante impacto en los medios de comunicación y que analiza el declive que sufre el noroeste de país, o lo que él denomina “la herradura española”.

Preguntado por la decisión de Renfe, Zamorano afirma :

“Se percibe un claro doble rasero en la toma de decisiones. En apenas cuatro meses, el alcalde de Vigo ha conseguido reducir en siete minutos el trayecto a Madrid, a costa de dejar incomunicada a la comarca de Sanabria. Mientras tanto, Zamora acumula más de dos años de esfuerzos por lograr una conexión madrugadora que permita trabajar en Madrid, sin resultado alguno. Estas diferencias alimentan la desafección política, una parte del país se siente olvidada.

Sanabria es una de las comarcas más castigadas del país. Figura entre las diez más despobladas de España y, en 2022, sufrió los incendios más devastadores de nuestra historia reciente, en la Sierra de la Culebra. Aún se recupera no solo de las llamas, sino también del silencio institucional: ningún responsable político dimitió. Ahora, como último golpe, pierde la conexión de AVE, confirmando que la falta de voluntad política pesa más que cualquier discurso sobre la “España vaciada”.

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La lucha contra la despoblación debe ser transversal a todas las políticas públicas. De nada sirve el plan contra el “Reto Demográfico” si después en el día a día, al legislar y actuar, no sé piensa más allá de la M-30”.

Comenzaba el artículo diciendo que se nos acumulan las preguntas importantes sin respuesta y que por tanto no podemos fijar un criterio que determine las políticas públicas. Quizá una de esas preguntas deba ser si queremos despoblar definitivamente esas 30 provincias. Porque si no aumentará la percepción de que son un incordio para quienes nos administran a base de tablas de excel y concentrarnos todos en las ciudades, ya sea en Vigo, en Barcelona o en ese Madrid donde muchas decisiones ministeriales no se entienden.

El peligro está en que parece que no se coordinan entre ministerios o incluso peor, en que todo queda en eslóganes mientras las decisiones apestan a gabinete despótico propio de los tiempos de Felipe V.

Por eso, estaría bien que nos pregunten si queremos o no queremos terminar de vaciar España.

Hace unos días Renfe anunciaba que, a partir del 9 de junio, se eliminarán varias paradas en los dos servicios matutinos que unen Vigo con Madrid. La medida busca contentar la reclamación del alcalde de Vigo, Abel Caballero, de que el AVE no pare en localidades de Castilla y León para acortar media hora de viaje de forma que los viajeros puedan llegar a la capital lo suficientemente pronto.

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