Yolanda Díaz, la mujer que susurraba a los "therians"
La política gallega abandona los liderazgos de izquierdas ante el reconocimiento hiperbólico de sus fans:“La mejor ministra de Trabajo de la democracia”
Se despidió Yolanda Díaz, aunque no sabemos de qué. No será candidata en 2027, pero eso no es noticia, porque nadie la quería de candidata. Entonces ha escrito cuatro folios en Bluesky (la red social del amor) para confirmar lo que ya dábamos por hecho: se acabó el amor. Sumar la quitó del encerado hace muchas sumas y restas, cuando empezaron las divisiones, y ahora a Yolanda se le multiplican los elogios hiperbólicos, que corean su condición de mejor ministra de Trabajo de la democracia. Esto da a entender que sólo un ministro de Trabajo de Franco puede hacerlo mejor que ella.
Simultáneamente, y supongo que no tiene nada que ver, los jóvenes se identifican con animalitos. Los llevan dentro, y entonces se ponen una careta de plástico para que los demás sepamos qué animalito llevan dentro. Llevan un gato o un koala; algunos se sienten “un día búho y al otro, golden retrevier”. Creíamos que los jóvenes se estaban haciendo fachas, y también creíamos que los jóvenes eran naturalmente de izquierdas. Ahora descubrimos que lo mismo son fachas que rojos que golondrinas. Depende del alpiste que coman.
Yolanda se va cuando más público joven tiene, porque a una golondrina sólo le puede hablar Yolanda Díaz. Dicen sus fans (caben todos en su piso oficial de 443 metros cuadrados) que hizo mil cosas muy bien, como ministra, y ni siquiera voy a discutirlo porque yo soy autónomo y no recuerdo que Yolanda nos considerara a los autónomos seres humanos alguna vez. Ni siquiera nos consideró koalas o golondrinas.
Lo que sí quiero apreciar es su hablar susurrante, y sus looks. Todos estos años haciendo el bien a los trabajadores con un outfit distinto cada media hora me ha hecho pensar sobre todo en esos outfits. La política va de cambiarse de ropa, como la copla española.
Recuerdo a Yolanda Díaz de gallega intensa, cuando Pablo Iglesias se sulfuraba en La Sexta y conectaban de pronto con una comunista que tanta ropa no tenía. Luego, gobernando, Yolanda descubrió El Corte Inglés, y hubo ahí mucho comunismo entre probadores y perchas de Claudie Pierlot y Sandro Paris. Esto de tocar poder y descubrir la moda le pasó también a Irene Montero, y a Ione Belarra. Pero no les pasa a los señores, que como mucho se ponen más la corbata de las bodas.
Hay ahí, por tanto, una brecha de género, aunque no sabemos de qué género, si lana, punto o algodón. Hay tantos géneros como therians.
Yolanda Díaz, a su llegada a la pasada edición de la gala del Premio Planeta. (EFE/Quique García)
Si criticabas que Yolanda Díaz iba muy mona como para que alguien en Pan Bendito la votara, te acusaban de machismo. Pero si llevas una pulserita con la bandera de España, te acusan de facha. Esto último quiere decir que la ropa algo de ideología lleva, y a uno le intriga la ideología que pueda haber detrás de los diez mil conjuntos extraordinarios que hemos visto lucir a Yolanda Díaz en los últimos seis años. Muy ecológico no parece. ¿Qué hace una ministra con esa ropa molona y más o menos cara que sólo se pone una vez? ¿La dona a Humana para que se la ponga luego David Uclés? ¿La regala a las criadas? ¿La devuelve?
El único comunismo textil posible en Yolanda Díaz es que fuera con la etiqueta puesta, y luego devolviera la prenda a El Corte Inglés de Goya. Todos hemos conocido a estas comunistas encantadoras: ponerse ropa recién comprada, sin cortar la etiqueta, y devolverla al día siguiente.
Sin embargo, no parece el caso, y el destino incierto de los miles de outfits de Yolanda Díaz será desclasificado dentro de 45 años. Entonces se morirá un diseñador famoso, para darle la puntada final a la desclasificación.
Si criticabas que Yolanda Díaz iba muy mona como para que alguien en Pan Bendito la votara, te acusaban de machismo
El otro aspecto que me ha fascinado siempre de la actual ministra de Trabajo es su manera de hablar, ya digo; con cariñitos. Sus alocuciones desde un tren, o planchando en su casa oficial, o desde atriles varios con banderas azules al fondo hipnotizaban a los peces en las peceras y a los bebés de las amigas. No sabe uno por qué Yolanda Díaz hablaba así, como una chica agraciada de Bloomington dirigiéndose al jurado de Miss Indiana en 1983. Hacerse la tonta, hacerse la rubia, resultar poco amenazante y sumamente naif era una elección personal de cálculo impreciso. ¿A quién se dirigía? ¿Por qué? ¿No la habrán escuchado en bucle todos esos adolescentes que ahora se creen ardillas?
“Es una economía horizontal, es una economía que abraza”, decía. Pero lo sustancial eran las pausas, el balanceo de los hombros, la voz sonreída, el candor coqueto con que maniobraba para que su flequillo le eclipsara un ojo. Ha llegado la tía que lleva los bolsillos llenos de caramelos, niños.
Yolanda Díaz define la economía española: "Es horizontal, que abraza, inclusiva, cooperativa, feminista" Le recuerdo que muy feminista no es: En España, las mujeres ganan en promedio un 19.6% menos que los hombres... pero no importa ella vive en los mundos de Yupi pic.twitter.com/79DFEGku8L
Sin embargo, todo era (necesariamente) falsificación. En mítines, desde el escaño o en las comparecencias graves (Errejón), Yolanda de pronto sabía hablar como si tuviera más de quince años, y mostraba las garras y la Rottenmeier que llevaba dentro, como si pasara súbitamente de teletubbie a gremlin. Sólo Edward Norton en Las dos caras de la verdad ha hecho un viaje actoral tan vertiginoso.
Teletubbie o gremlin, Yolanda Díaz nombró portavoz a Íñigo Errejón cuando todo el mundo sabía, comentaba, advertía o callaba sobre sus correrías. Por eso Yolanda no podía compartir papeleta electoral con Irene Montero, porque ocupaban la misma coordenada escalofriante de hipocresía. Sólo puede quedar una; sólo puede mentir una.
La sororidad, queridos amigos, ha acabado siendo eso: que sólo puede quedar una.
Iba a ser presidenta del gobierno y se marcha siendo la defensora de los derechos de los trabajadores que no la votaron nunca.
Ahora Yolanda Díaz se enfrenta a una denuncia de Julio Iglesias por condenar en República Dominicana hechos muy graves relacionados con el cantante, de cuya veracidad ella no duda ni un momento, mientras que de perrerías parecidas de Errejón en Madrid nunca supo nada. Dentro de la ministra, el animalito que constituye su identidad verdadera es el camaleón, un día de colorinches y otro, tan verde como la cara de la bruja del Mago de Oz.
Iba a ser presidenta del gobierno y se marcha siendo la defensora de los derechos de los trabajadores que no la votaron nunca. Entre medias, muchos animalitos disfrutaron de sus susurros. Si todos nos hubiéramos creído golondrinas, koalas y ardillas, Yolanda Díaz estaría en la Moncloa. Pero está tan cara la luz, la vivienda y los huevos que no nos podemos permitir conectar con nuestro animalito interior, el okupa de moda de los cursis.
Se despidió Yolanda Díaz, aunque no sabemos de qué. No será candidata en 2027, pero eso no es noticia, porque nadie la quería de candidata. Entonces ha escrito cuatro folios en Bluesky (la red social del amor) para confirmar lo que ya dábamos por hecho: se acabó el amor. Sumar la quitó del encerado hace muchas sumas y restas, cuando empezaron las divisiones, y ahora a Yolanda se le multiplican los elogios hiperbólicos, que corean su condición de mejor ministra de Trabajo de la democracia. Esto da a entender que sólo un ministro de Trabajo de Franco puede hacerlo mejor que ella.