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¿Realmente se creían que todo era un cuento?
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Alberto Olmos

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¿Realmente se creían que todo era un cuento?

Hasta que llegó el informe de la UCO, Moncloa solo luchaba contra el exceso de imaginación

Foto: El empresario Víctor de Aldama aparece en la comparecencia de Leire Díez. (EFEChema Moya)
El empresario Víctor de Aldama aparece en la comparecencia de Leire Díez. (EFEChema Moya)
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Como todo el mundo sabía que Santos Cerdán iba a ser acusado de corrupción, Pedro Sánchez estaba muy tranquilo. El empresario Víctor de Aldama declaró en sede judicial en noviembre de 2024 que le había dado 15.000 euros en metálico a Santos Cerdán, lo que despejaba el camino para que el presidente del gobierno se enterara de los chanchullos de su número 3 “esta misma mañana” (por el jueves 12 de junio pasado). Han sido seis meses en los que Sánchez ha creído que un empresario imputado por fraude fiscal en el sector de los hidrocarburos tiene, sobre todo, mucha imaginación. “A ver, menuda inventada, la estrategia de este personaje es la mentira”, afirmó el mismo día 21 de noviembre en que Aldama declaró que le entregó dinero a Cerdán, “en el bar que hay enfrente de Ferraz”.

El diario El País facilitó que Pedro Sánchez sólo pudiera enterarse este junio del presunto cobro de comisiones de Cerdán al publicar a principios de año titulares como éste: “Las mentiras de Aldama y sus altavoces mediáticos engordan el caso Ábalos”. El diario consideraba su propia pieza un “análisis”.

El 11 de junio, es decir, veinticuatro horas antes de que se difundiera el informe de 500 páginas de la UCO, Gabriel Rufián declaraba, también a El País: “Pero es que, el señor Santos Cerdán, ¿qué tipo de causa judicial tiene encima? Un día se empieza a rumorear que hay un informe de la Guardia Civil contra alguien y se empieza a decir que es un corrupto.” Cómo somos de cabrones los españoles, ¿eh?

Decía Nabokov que lo más importante de la ficción son los detalles. La realidad está llena de detalles, mientras que lo no sucedido carece naturalmente de ellos. Por eso, para dar sustancia a cosas que no han sucedido (o sea, para escribir ficción), resulta fundamental ser capaz de generar alegres matices que aporten a lo imaginado el peso específico de lo cierto.

Foto: aldame-pago-electricista-de-mierda-cerdan-acciona

Así, había dos opciones: o Aldama había leído a Nabokov o decía la verdad. (También podía uno preguntarse qué le aportaba a Aldama fingir que le dio 15.000 euros a Cerdán). Ojo a este detalle: “en un bar enfrente de Ferraz”. Y a este otro: en el bar (declara Aldama) entró Cerdán y entró Koldo, y Aldama le dio el sobre a Koldo y el vasco se lo entregó a Cerdán. Si te vas a inventar una entrega de dinero nunca ocurrida, muy difícilmente se te pasa por la cabeza que un sobre con dinero para Cerdán se los das primero a Koldo.

¿Ustedes saben si hay un bar justo “enfrente de Ferraz”? Aldama sí lo sabe.

También podía uno preguntarse qué le aportaba a Aldama fingir que le dio 15.000 euros a Cerdán

En un taller literario, el ejercicio más incómodo que puede plantear el profesor es éste: escribe un cuento sobre lo que quieras. Resulta mucho más fácil escribir “un cuento de terror que se desarrolle en un convento de carmelitas descalzas” que uno sobre “lo que quieras”.

Digo esto porque corrió un papel cutrísimo que Aldama aportó como prueba, y donde salían nombres y cifras escritas a bolígrafo, al parecer, por Koldo. Se notaba que era con bolígrafo Bic. Leíamos, por ejemplo: “25 Orense, 105 Valladolid”. La gente se rió mucho con este papel. Como es obvio, las personas que amañan contratos y viven escondiendo cientos de miles de euros de la policía lo tienen todo apuntado en un PowerPoint impecable, listo para ser proyectado en la pared de los juzgados cuando les pillan. Pasa lo mismo con los sicarios, que llevan la lista de sus asesinados en una presentación de PowerPoint.

Las personas que amañan contratos y viven escondiendo cientos de miles de euros de la policía lo tienen todo apuntado en un PowerPoint

Nuevamente, era mucho más difícil para Aldama garabatear cifras a voleo y nombres de ciudades aleatorias en un papel que, de hecho, tener de verdad ese papel con cifras y ciudades. Para más dificultad, Aldama tendría que haberle dictado esos datos creativos a un amigo a fin de afirmar en el juzgado que la letra era de Koldo.

Como Pedro Sánchez publica libros que no escribe, no podía saber todo esto. Su ignorancia literaria ha sido su perdición, al creer que nada hay tan fácil como inventarse historias. No es nada fácil, amigos, inventarse historias. Pero, según él, hasta los periodistas desafectos trabajan con la fantasía, y todo lo que publicaban contra su esposa o su hermano se debía enmarcar dentro del territorio de la escritura creativa. Pedro Sánchez es un Don Quijote inverso, pues si nuestro hidalgo clásico pensaba que era verdad todo lo que leía en los libros de caballerías, Pedro Sánchez cree que es mentira todo lo que lee en los periódicos.

Es la primera vez que dudo de que Sánchez utilice la hipótesis del montaje y la conspiración para tapar sus desaguisados. Es posible que se crea de verdad que jueces y periodista se inventan historias contra él, coordinados con el obviamente muy creativo y avispado señor Feijoo. ¿Fiesta en el parador de Huesca, con prostitutas? Buenísimo, a publicar.

placeholder El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (Europa Press/Gabriel Luengas)
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (Europa Press/Gabriel Luengas)

Ha habido por tanto una peste bubónica de fabulación literaria (bulos, fango, fake news, lawfare); estaba todo el mundo creando historias sin parar, subido al potro desbocado de la ficción, contra Pedro Sánchez. Moncloa ha enloquecido de tanto leer en los periódicos que hacía cosas que no sabía que hacía, y ya no sabe qué es verdad y qué, ficción, sobre sí misma.

Como pasa siempre en la competición literaria, al final llega un Proust, llega un Thomas Mann, llega la UCO. 500 páginas han escrito estos ratones de biblioteca, La Montaña Mágica de la corrupción. Antes de tener tiempo para escalar esas 500 páginas, todo el mundo sabía que eran muy buenas, una obra maestra.

La literatura y la verdad por fin se daban la mano.

Como todo el mundo sabía que Santos Cerdán iba a ser acusado de corrupción, Pedro Sánchez estaba muy tranquilo. El empresario Víctor de Aldama declaró en sede judicial en noviembre de 2024 que le había dado 15.000 euros en metálico a Santos Cerdán, lo que despejaba el camino para que el presidente del gobierno se enterara de los chanchullos de su número 3 “esta misma mañana” (por el jueves 12 de junio pasado). Han sido seis meses en los que Sánchez ha creído que un empresario imputado por fraude fiscal en el sector de los hidrocarburos tiene, sobre todo, mucha imaginación. “A ver, menuda inventada, la estrategia de este personaje es la mentira”, afirmó el mismo día 21 de noviembre en que Aldama declaró que le entregó dinero a Cerdán, “en el bar que hay enfrente de Ferraz”.

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