Es noticia
El taxi del amor no para en Las Salesas
  1. Cultura
  2. Mala Fama
Alberto Olmos

Mala Fama

Por

El taxi del amor no para en Las Salesas

Santiago Isla retrata con humor y melancolía un microcosmos de clase alta madrileña en la excelente 'El hombre de mi vida'

Foto: Portada de 'El hombre de mi vida'. (Círculo de tiza)
Portada de 'El hombre de mi vida'. (Círculo de tiza)
EC EXCLUSIVO

Es probable que nadie fuera de Madrid haya oído hablar del barrio de Las Salesas. El topónimo es alegre y saleroso y sirve para recortar Chueca por sus mejores calles. En rigor, en la capital de España no se habla de Las Salesas como de un sitio coherente. A veces uno “pasa” por delante de las Salesas, que es una iglesia.

Santiago Isla aborda en El hombre de mi vida (Círculo de Tiza) la disección de este barrio que se ha inventado él, como García Márquez se inventó Macondo y lo llenó de guerras. Isla llena Las Salesas de “eventos”. También sale mucha gente que no tiene que trabajar para vivir.

Si nos acercamos a El hombre de mi vida se debe a su morbo millonario, al brillo vicioso de los dineros. Leemos por ahí que Santiago Isla es hijo de Pablo Isla Álvarez de Tejera y, qué quieren, nos tenemos que leer su libro. A lo mejor así entendemos mejor España, Zara y Occidente. Pablo Isla dejó la dirección de Inditex en 2022, con una indemnización de 27 millones de euros.

Su hijo, claro, no tiene la culpa de tanta despreocupación, pero se escribe siempre desde los padres, contra los padres o, por ponernos tiernos, para los padres. ¿Qué novela hace el hijo del de Inditex? Pues miren lo que les digo: sale mucha ropa.

Santiago Isla es hijo de Pablo Isla Álvarez de Tejera y, qué quieren, nos tenemos que leer su libro. A lo mejor así entendemos mejor España

Conseguida la curiosidad por el libro (tercero de su autor, por cierto), el ascendente textil se va deshaciendo, deshilachando mejor, y acabamos cara a cara con la novela de un joven de unos treinta años que tiene un mundo propio, muy gay y torturado. ¡En Las Salesas hay de todo, menos amor!

Es la falta de amor, y nunca de dinero, la que mueve al narrador por las primorosas calles de “el barrio más bonito de Madrid”. El tono de esta deriva sentimental es alegre, pizpireto, y recordamos sin esfuerzo al primer Jaime Bayly e incluso a Scott Fitzgerald. La gente que va de fiesta escribe toda un poco igual. También asoma Capote, más como actitud ante las letras que como referente estilístico; pero el Capote de los cócteles, no el de atender asesinatos.

La novela no va de nada, porque a mí ir de si te quieren o no te quieren es como no ir de nada. Vamos, no hay un argumento, que tampoco echamos de menos. Enseguida el autor muestra su mejor baza: describir personajes. A la manera de Holly Golightly en Desayuno en Tiffany´s (Bruch en Las Salesas, podría haberse titulado), el narrador tiene una amiga interesantísima, fascinante, jovial y huracanada, cuya peripecia laboral (los “eventos”) y personal (“puta”, la llaman unas amigas) anima el relato cuando no hay nada mejor. A los personajes se les llama a veces con el nombre apocopado, Sofía es “Sof” y Natalia, “Nat”. Hay cócteles en la embajada italiana y más cócteles sin embajadas. Nadie toma una cerveza, simplemente.

El tono de esta deriva sentimental es alegre, pizpireto, y recordamos sin esfuerzo al primer Jaime Bayly e incluso a Scott Fitzgerald

“Los gays sois como el diez por ciento de la población, pero el noventa por ciento de los guapos, y eso es una desgracia para todos menos para vosotros”, le dice Sof.

Se citan más o menos todos los bares y locales de alterne que hay en Las Salesas (algunos no sé si con el nombre inventado; otros, reales: Why not?), y se salta de una noción geolocalizadora de estatus a otra: hay una médium, gimnasios, “corte kármico”, Hermès, el Vips de Lista, El corte inglés de Serrano, Federal Cafe, Joyería Suárez, kombucha y (por terminar) una camisa pinstripe. Curiosamente, apareciendo sexo y cocaína, el autor se muestra muy recatado en su señalamiento y descripción, quedándose siempre a un paso del abismo de un Bret Easton Ellis que lo contara todo.

El hombre de mi vida tiene momentos muy divertidos, como cuando un personaje le pregunta a otro: “¿Qué es Montecarmelo?”. Respuesta: “Es como típico barrio residencial de familia numerosa. ¡Delirios de bajeza!” O cuando Sof acude a un retiro de silencio, en un monasterio castellano, y dura cuatro días: “¿Tú sabías que las monjas eran tan viejas?”.

placeholder Santiago Isla. (Círculo de Tiza)
Santiago Isla. (Círculo de Tiza)

El libro va dejando frases subrayables: “Una y otra vez están sufriendo la situación más trágica conocida por el hombre heterosexual: caer en fuera de juego”. “Era elegante como el lomo de una enciclopedia”. Y al propio narrador alguien le llama: “Marica pepera homófoba”.

Cuando te quieres dar cuenta, todo te interesa mucho, siendo que, por fuera, nada podría interesarte menos. La sentimentalidad desatada, como de culebrón o novela de Manuel Puig, va transformándose en el tono adecuado para inventar Las Salesas, y el lector acaba por creer que Las Salesas es un lugar hasta ahora desaprovechado.

Santiago Isla hace literatura con lo que tiene, lo que sabe y lo que le rodea, es decir, con lo que rodea a una élite social muy concreta. Lo hace tan bien que les perdonamos la tontería, el crop-top.

“A veces somos capaces de hacer cosas horribles con tal de importarle a alguien”.

Es probable que nadie fuera de Madrid haya oído hablar del barrio de Las Salesas. El topónimo es alegre y saleroso y sirve para recortar Chueca por sus mejores calles. En rigor, en la capital de España no se habla de Las Salesas como de un sitio coherente. A veces uno “pasa” por delante de las Salesas, que es una iglesia.

Literatura
El redactor recomienda