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Cada vez más gente prefiere un bot de IA a un ligue. Obviamente
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Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

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Cada vez más gente prefiere un bot de IA a un ligue. Obviamente

Las aplicaciones de citas están en declive. Aumentan los solteros que no quieren pareja. Y mucha gente utiliza los chats de inteligencia artificial para tontear, tener compañía o una relación sentimental

Foto: Joaquín Phoenix, enamorado de un bot en 'Her' (Spike Jonze, 2014).
Joaquín Phoenix, enamorado de un bot en 'Her' (Spike Jonze, 2014).
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En los últimos años, en Occidente, entre el 30% y el 50% de las parejas que empezaban una relación se conocían online, y no en bares, el trabajo o la universidad. Pero la tendencia está cambiando. Desde que terminó la pandemia, las acciones de Match Group, la empresa propietaria de aplicaciones de citas como Tinder, Match o Meetic, han caído un asombroso 85%. En la primera mitad del año pasado, el número de usuarios de Tinder disminuyó un 10%. Y la soltería no para de crecer: en España, según el INE, el 25% de los hogares son unipersonales. Es como si los hombres y las mujeres estuviéramos aprendiendo a apañárnoslas sin la ayuda de otro humano.

Hay quien habla de una “fatiga de ligues”. Las omnipresentes aplicaciones requieren conductas que a la gente le resultan cada vez más exasperantes: revisar la oferta de personas disponibles como si se tratara de una mercancía, fingir que te crees que las fotos y las biografías son realistas y vivir un fracaso tras otro cuando te citas en persona. Según casi todas las encuestas, los nacidos a finales del siglo pasado y principios de este pasan más del sexo que quienes hoy somos cuarentones cuando teníamos su edad. De acuerdo con algunas, de hecho, mucha gente joven prefiere mirar el móvil a mantener relaciones sexuales. Puede que haya hasta una correlación negativa: cuando más tiempo se pasa en las redes, menos —perdón— se folla.

Sin embargo, parece que la reticencia a buscar pareja tiene razones más profundas y complejas. En la actualidad, nacen menos hijos que hace veinte años. Pero no porque las parejas estables tengan menos descendencia, sino porque hay menos parejas estables. Y no solo hay cada vez más personas solteras, sino que quienes lo están dicen que no es porque busquen pareja y no la encuentren, sino porque tener una no entra en su plan vital.

Algunos atribuyen esta decisión al contexto político. Hace no demasiado, las posiciones ideológicas de los hombres y las mujeres eran parecidas. Pero hoy la divergencia es mayor: los hombres jóvenes son cada vez más conservadores, mientras que las mujeres, en comparación, parecen más progresistas, lo cual podría hacer pensar que ahora la convivencia entre ambos sexos es más difícil que antes. También es interesante explorar la vertiente educativa: las mujeres tienen cada vez más estudios —en España, representan el 57% de los universitarios—, y muchas no quieren tener relaciones con hombres menos formados que ellas; en ese sentido, el atractivo de los hombres con estudios superiores e ingresos altos aumenta, pero son comparativamente pocos.

Cada vez más gente quiere estar sola y cada vez menos personas están dispuestas a pagar para conocer a gente real

La semana pasada, la periodista británica Sarah O’Connor aventuró otra posibilidad: la inteligencia artificial. O’Connor dice que los medios de comunicación y los tecnólogos están muy pendientes del ritmo de implantación de la IA en el mundo del trabajo, pero que han pasado por alto lo rápido que está entrando en las relaciones sentimentales. Según las encuestas que citaba, 1 de cada 5 adultos estadounidenses ha chateado con un sistema de IA como si fuera una pareja romántica: un 31% de los hombres y un 23% de las mujeres. La razón es fácil de comprender: los chats de IA “no te ofenden ni te rechazan, y pueden diseñarse para que encarnen tus deseos y apoyen tus valores”, decía.

¿Acaso no es eso mucho más cómodo que una pareja real? Hace trece años, cuando se estrenó la película Her, en la que un hombre introvertido entablaba una relación romántica con un bot de IA que tenía la voz, muy sexy, de Scarlett Johansson, muchos pensamos que esa posibilidad era ciencia ficción. Hoy ya no lo parece tanto (Sam Altman llegó a hacerle una oferta a Johansson para que fuera la voz de ChatGPT, algo a lo que ella se negó). Y pronto se producirá un cruce tecnológico entre los chats, el porno tradicional y OnlyFans, un servicio que permite pagar para tener un acceso supuestamente privilegiado a actores y actrices sexuales.

No solo hay cada vez más personas solteras, sino que quienes lo están dicen que tener una pareja no entra en su plan vital

Pero ¿en serio vamos a dar ese paso? Como cuarentón casado que ve todo esto con fascinación intelectual, más que como una posibilidad vital, y que no ha utilizado una app de ligar en su vida, me cuesta creerlo. Pero los datos son reales: cada vez más gente quiere estar sola, cada vez menos personas están dispuestas a pagar para conocer a gente real y cada vez más lo hacen para chatear con alguien ficticio. Quizá también esto pasará. En todo caso, parece que el sexo y el amor son ya, en esencia, un sector más de la industria digital.

En los últimos años, en Occidente, entre el 30% y el 50% de las parejas que empezaban una relación se conocían online, y no en bares, el trabajo o la universidad. Pero la tendencia está cambiando. Desde que terminó la pandemia, las acciones de Match Group, la empresa propietaria de aplicaciones de citas como Tinder, Match o Meetic, han caído un asombroso 85%. En la primera mitad del año pasado, el número de usuarios de Tinder disminuyó un 10%. Y la soltería no para de crecer: en España, según el INE, el 25% de los hogares son unipersonales. Es como si los hombres y las mujeres estuviéramos aprendiendo a apañárnoslas sin la ayuda de otro humano.

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