Es noticia
Vuelve Carl Schmitt, el intelectual que adoran la izquierda y la derecha radicales
  1. Cultura
  2. El erizo y el zorro
Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

Por

Vuelve Carl Schmitt, el intelectual que adoran la izquierda y la derecha radicales

Un nuevo libro de conversaciones recupera al filósofo alemán, que colaboró con el régimen de Adolf Hitler y que luego han admirado pensadores de extrema izquierda, como algunos de los fundadores de Podemos

Foto: El filósofo y jurista Carl Schmitt. (EFE/Editorial El Paseo)
El filósofo y jurista Carl Schmitt. (EFE/Editorial El Paseo)
EC EXCLUSIVO

Debía ser el año 2018. Yo volvía del gimnasio. Iba en pantalón corto, estaba sudado, tenía una toalla envuelta en el cuello y me faltaba el aliento. De repente, vi a uno de los fundadores de Podemos sentado en una terraza charlando con uno de los grandes periodistas de este país. Nos saludamos y me invitaron a unirme a ellos. Estaba incómodo por mi indumentaria y me pregunté si no olería mal. Aun así me senté. "Estamos hablando de Carl Schmitt", dijo el periodista. El líder de Podemos siguió hablando de él en términos elogiosos. "Hay que cogerlo con guantes, con mucho cuidado, como si fuera un explosivo", decía, dejándose seducir por su propia voz. "Pero es fascinante y aún hoy tiene un uso político". Yo sentía que me faltaba el oxígeno en el cerebro. Seguramente no por el ejercicio.

Porque Carl Schmitt fue el gran teórico jurídico del nazismo. Según su filosofía, el poder real no se ejercía siguiendo las constituciones o las leyes; el poder crudo consistía en tener la capacidad de decretar el estado de excepción en momentos de emergencia y regir en estas ocasiones sin ninguna clase de limitación legal. Los procedimientos burgueses —el parlamentarismo, las regulaciones— no tenían sentido; lo único real era la voluntad de los poderosos. La política consistía, básicamente, en generar una "colectivización" de la amistad y la enemistad para propiciar choques entre ambos grupos. Gracias a todas esas ideas, los líderes nazis escogieron a Schmitt para que legitimara legalmente las acciones de Hitler. Y perteneció a algunos de los principales órganos jurídicos y académicos del Reich. Pero durante la Segunda Guerra Mundial su relevancia fue decreciendo y quizá por ello se libró de la desnazificación posterior a la derrota alemana. Entonces, en los años sesenta, encontró acomodo en España, donde algunos juristas del franquismo le respetaban mucho por su defensa de la dictadura como única forma política válida en la modernidad para sostener los valores conservadores.

Recordé la escena con el líder de Podemos al leer Mientras el Imperio siga ahí, que ha publicado la editorial El Paseo. Se trata de la transcripción de una larga entrevista que Schmitt concedió en 1971, en la que repasa sus orígenes familiares, algunas de sus ideas y su simpatía por el nazismo. Se trata de un libro muy extraño: el filósofo divaga sin fin sobre toda clase de asuntos, menciona disputas que hoy nadie recuerda y aborda cuestiones que parecen esotéricas, lo que requiere innumerables notas al pie. Schmitt tenía en el momento de la entrevista 83 años y puede que desvariara un poco, pero llevaba más de dos décadas abordando su participación en el Gobierno de Adolf Hitler de una manera oblicua, mezclando una total falta de arrepentimiento con el mensaje de que no había tenido más remedio que hacerlo, por lo que sus argumentos resultan difíciles de entender. A pesar de todo, es un libro magnético, inquietante.

placeholder Cubierta de 'Mientras el Imperio siga ahí', de Carl Schmitt.
Cubierta de 'Mientras el Imperio siga ahí', de Carl Schmitt.

Schmitt insiste en su origen católico y en cómo la sensación de pertenecer a una minoría, y recibir por ello insultos y golpes, forjó su carácter. Como lo hizo su determinación por estudiar Derecho cuando las condiciones económicas y sociales de su familia no deberían habérselo permitido. También insiste en su rechazo a la modernidad tecnológica. Hace analogías terribles: cree que Adolf Hitler y Constantino, el emperador que se convirtió al cristianismo y transformó de arriba abajo la sociedad del Imperio romano al elevar a los cristianos de las catacumbas a lo más alto del Estado, eran personajes parecidos. Y al ser preguntado por enésima vez por qué hubo gente que, como él, se implicó en el nazismo, lo explica con una metáfora taurina: "Los toros, durante semanas […] han estado en la oscuridad, entran en la arena desde la oscuridad, donde hay un griterío. Y después ¿ha visto usted lo suficientemente cerca la mirada del toro? Bueno, pues está allí, y están allí ya los toreros, los picadores… y el torero con su trapo rojo y su extraordinaria espada… La mirada del toro en ese momento: no sabe dónde se encuentra, no sabe, simplemente ve […] es en esa mirada donde está todo, la disposición para defenderse, disposición para matar; todo está ahí. Eso era". Más tarde sugiere que en realidad su caso fue más anodino: se implicó con el nazismo sabiendo que solo más adelante descubriría de qué se trataba realmente. Parece insinuar que él no era más que un pícaro, como los de las novelas españolas. Es todo escalofriante.

Mientras el Imperio siga ahí es un libro raro, el monólogo de un hombre mayor y arrogante que solo de vez en cuando es comprensible. Pero que siempre resulta temible. Sobre todo porque hoy, como sabía el líder de Podemos, sus ideas están regresando con fuerza entre quienes creen que las leyes no son más que un recurso burocrático y lo único que cuenta es la voluntad de los tiranos para imponer sus propias reglas.

Debía ser el año 2018. Yo volvía del gimnasio. Iba en pantalón corto, estaba sudado, tenía una toalla envuelta en el cuello y me faltaba el aliento. De repente, vi a uno de los fundadores de Podemos sentado en una terraza charlando con uno de los grandes periodistas de este país. Nos saludamos y me invitaron a unirme a ellos. Estaba incómodo por mi indumentaria y me pregunté si no olería mal. Aun así me senté. "Estamos hablando de Carl Schmitt", dijo el periodista. El líder de Podemos siguió hablando de él en términos elogiosos. "Hay que cogerlo con guantes, con mucho cuidado, como si fuera un explosivo", decía, dejándose seducir por su propia voz. "Pero es fascinante y aún hoy tiene un uso político". Yo sentía que me faltaba el oxígeno en el cerebro. Seguramente no por el ejercicio.

Filosofía Segunda Guerra Mundial Política Hitler Libros Ensayo Unidas Podemos
El redactor recomienda