los mejores (y peores) speechs

Discursos de Oscar: del profe gay de Tom Hanks a los santos de Almodóvar

Memorables, emotivos, cañeros y también ridículos... Con motivo de la celebración este domingo de la gran Gala de Hollywood repasamos las intervenciones más recordadas de los premiados

Foto: Pedro Almodóvar logró el óscar a la mejor película extranjera en 1999 por 'Todo sobre mi madre'
Pedro Almodóvar logró el óscar a la mejor película extranjera en 1999 por 'Todo sobre mi madre'

Los discursos son la sal y la pimienta de una gran gala de premios, su pecado y redención, su ansiolítico y su speed. Pueden alargar la noche de forma inverosímil alimentando tu frustración pero también espabilarte de golpe cuando renqueas a punto de desplomarte. Pueden cabrearte, divertirte o aburrirte soberanamente. A veces, incluso, pueden hacerte llorar. La altura del espectáculo resulta determinante. Aunque usted haya sufrido en su última edición la tortura de los Goya, seguramente disfrute del madrugón de los premios Óscar 2017, una engrasadísima maquinaria que, en la madrugada del domingo al lunes, celebra su 89 edición.

En los casi noventa años de historia de los grandes premios de Hollywood se han escuchado toda clase de discursos de agradecimiento. La mayoría clónicos, unos pocos impactantes, bastantes más ridículos. Diez de los más notables, para bien y para mal, se recogen a continuación.

Tom Hanks saca del armario a su profesor

Discursos de Oscar: del profe gay de Tom Hanks a los santos de Almodóvar

Al recoger el Oscar por su memorable interpretación de un homosexual despedido tras enfermar de sida, Tom Hanks se lo dedicó a John Gilkerson, su mejor amigo del colegio, y a Rawley Farnsworth, su profesor de teatro, "dos de los mejores gays de Estados Unidos". Pero resulta que nadie conocía la opción sexual del profesor Farnsworth hasta ese momento: Hanks acababa de sacarle del armario a la fuerza ante los ojos de todo el mundo (literalmente). La metedura de pata inspiraría en 1997 la comedia 'In&Out' convirtiéndose así en el primer y último discurso en lograr semjante hazaña.

Almodóvar y sus santos, sacados a la fuerza

Discursos de Oscar: del profe gay de Tom Hanks a los santos de Almodóvar

La cosa empezó a lo loco. Penélope Cruz gritó un estridente "¡Pedroooooooooo!" hurtándole al despistado publico norteamericano el apellido del director del filme que acababa de llevarse el Oscar a la mejor película extranjera. El tal 'Pedro' subió al escenario y se arrancó con un discurso costumbrista en el que enumeraraba, uno detrás de otro, todos los santos y vírgenes del calendario a los que su hermana había puesto velas por su triunfo. Un larguísimo speech que sólo terminó cuando Antonio Banderas y Pe lo sacaron de allí a rastras.

El subidón de Roberto Benigni

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Cuando le arrebató en medio del pasmo general el Oscar al mejor actor a Tom Hanks, Edward Norton, Nick Nolte e Ian McKellen, el italiano Benigni decidió que no sólo la vida sino que la noche también era "bella" y se abalanzó hacia el escenario en línea recta, es decir, sobre butacas y cabezas, en una cabalgada que tal vez él creyera épica pero que resultó más bien estrepitosa y sonrojante. No le dejaron volver a su butaca por el mismo lugar.

La emoción de Halle Berry

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Pocas bromas con este discurso. No sólo fue histórico -Berry era la primera mujer afroamericana en ganar el Oscar a la mejor actriz principal-, no sólo dio una lección de dignidad -recordando a todas aquellas actrices negras que lo habían mercido antes que ella- sino que además fue de verdad. Y de una emoción estremecedora. También es cierto que recientemente Berry mostró su decepción: "Pensé que en ese momento iba a comenzar un cambio, que iba a haber más diversidad y ahora me doy cuenta de que no abrió las puertas que creía".

La sobreactuación de Anne Hathaway

Discursos de Oscar: del profe gay de Tom Hanks a los santos de Almodóvar

Hay que reconocer que Anne Hathaway no cae simpática. Dios sabe por qué pero la actriz neoyorquina no contaba ya con el cariño del público aquella noche de 2013 en que acabó perdiéndolo para siempre. Su discurso, vergonzosamente sobreactuado y manifiestamente incómodo, su espantoso vestido rosa de Prada y un ostentoso collar de 10 millones de dólares, la hundieron. Años después se lamentaría: "Intenté simular que era feliz y me metieron mucha caña por ello. Esa es la verdad y lo que pasó. Es un asco. Pero lo que aprendes de esto es que tú sientes que te vas a morir de la vergüenza, pero no te mueres de verdad".

La ira de Michael Moore

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Es posible que Michael Moore se haya convertido hoy en un plomo insoportable que cada tanto intenta colocarnos el mismo documental con idénticas licencias de montaje (léase: manipulaciones). Pero en 2003 no había causa más justa, más universalmente asumida que la de la oposición a la segunda guerra de Iraq acometida por George W. Bush. Y Moore se convirtió en su heraldo. Su furibundo alegato contra el presidente de Estados Unidos, recibido entre aplausos y abucheos, destrozó aquel año la fiesta: "Vivimos en un tiempo donde tenemos elecciones ficticias que resultan en la elección de presidentes ficticios. Vivimos en un tiempo donde los hombres son enviados a la guerra por razones ficticias".

Premios Oscar

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