89ª edición de los premios de la academia

Por qué 'La La Land' es la favorita a los Oscar para el Hollywood rancio y viejuno

Una mayoría de electores envejecidos y un sistema de voto conservador favorece que el Oscar a la mejor película acabe en manos de las producciones más complacientes

Foto: La estatua de un óscar todavía envuelta en plástico antes de la gala de 2016.
La estatua de un óscar todavía envuelta en plástico antes de la gala de 2016.

Aviso. Ni esto es un oráculo ni aquí somos 'pitonisos'. Quien quiera apostarse los cuartos que vaya al canódromo y que allí pida cuentas. Sin embargo, salvo sorpresa mayúscula y antinatura, es casi cien por cien seguro que 'La La Land' volverá a arrasar el próximo 26 de febrero en la 89ª edición de los Oscar de la Academia, donde está nominada en 14 categorías, y con una certeza todavía más aplastante que con la que se alzó en los pasados Globos de Oro con un total de siete estatuillas en un pleno absoluto respecto a nominaciones. ¿Por qué tanta seguridad? ¿Por qué tan poca emoción, tanta previsibilidad depresora de la magia de la gran noche del cine en la ciudad de las estrellas?

Por qué 'La La Land' es la favorita a los Oscar para el Hollywood rancio y viejuno

Para prever qué película y quiénes serán los triunfadores de la próxima gala de los Oscar, no hace falta aprender a leer los posos de la cerveza. Porque no llega a pura aritmética pero, parafraseando al Sherlock Holmes de 'Elementary' —disculpas previas por una referencia tan vergonzante—, no es cuestión de adivinar, sino de observar primero y deducir después. Simplemente echar un vistazo superficial a los mecanismos de selección y votación de las películas candidatas, a la composición de los miembros con derecho a voto de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y al mapa histórico de vencedores y vencidos de las pasadas ediciones y, ¡equilicuá!, los motivos por los que los Oscar son, así con brocha gorda, el epítome de la ranciedad y la carcunda cinematográfica.

¿Y por qué es 'La La Land' el artefacto perfecto para encandilar a la Academia?

Narcisismo gremial

Primero, porque la película de Damien Chazelle apela al ombliguismo de la comunidad hollywoodiense. ¿Una película que habla sobre los intríngulis del mundo del cine? ¡Qué novedad! En 2011 'The Artist', en 2012 'Argo' y en 2014 'Birdman' explotaron la misma fórmula para llevarse la estatuilla a mejor película. Y 'La La Land', un retrato hagiográfico de la figura del artista en el que se subraya el esfuerzo, los sacrificios y los obstáculos que hay que salvar para llegar a lo más alto de la 'ciudad de las estrellas', es un pastelillo 'autoindulgente' ideal para el paladar académico y academicista. Sin desvirtuar la película de Chazelle, que tiene hallazgos, y muchos, y que probablemente no se merezca la ola de odio que ha despertado después de que, desde el principio, crítica y público, en una extraña convergencia, la hayan aplaudido al unísono. Acción-reacción.

Ryan Gosling, Emma Stone y Damien Chazelle, con sus Globos de Oro por 'La La Land'.
Ryan Gosling, Emma Stone y Damien Chazelle, con sus Globos de Oro por 'La La Land'.

Un sistema que favorece la tibieza

Por otro lado, desde que en 2009 se cambió el sistema de elección, los Oscar tienden al conservadurismo y a premiar las propuestas más tibias, que no enciendan pasiones extremas ni polaricen al electorado. Hasta hace ocho años, las películas ganadoras se elegían por sufragio directo: un académico, un voto, recuento y el Oscar para la más votada. Actualmente, el sistema es mucho más intrincado: los 6.261 miembros —al menos esa era la cifra estimada en 2016— ordenan sus candidatas favoritas en una lista en la que el primer puesto es el que más peso tiene; sin embargo, las películas que reciben menos votos se van descartando, y si el primer puesto de la lista lo ocupa un título descartado, se pasa a tener en cuenta en la suma de votos la segunda opción en orden de preferencia. Y así hasta que alguna de las contendientes consigue el 50% de los votos más uno. Consenso, consenso, consenso, como diría Albert Rivera.

Este método hace que las películas más arriesgadas, las más pasionales, partan en desventaja frente a las que consiguen un apoyo más débil aunque más amplio. Un criterio que premia el conservadurismo frente a la innovación —siempre más controvertida— y que acaba consagrando a las propuestas más ortodoxas. Y 'La La Land', una película que homenajea al Hollywood clásico, a la esencia de la época dorada de las 'majors', pero que también coquetea con nombres reverenciados del cine europeo, es la candidata más sólida a aprovechar esa grieta, en el caso de que no haya unanimidad en lo alto de la lista.

Por otro lado, desde que en 2009 se cambió el sistema de elección, los Óscar tienden al conservadurismo y a premiar las propuestas más tibias

Una película tan personal como 'Manchester frente al mar', que mantiene un equilibrio tonal prodigioso, un bisturí que disecciona de forma muy precisa sentimientos muy complejos, un filme pequeño, contenido, que deja una sensación extraña en el cuerpo, es menos vistosa y menos propensa al voto académico. Al igual que 'Moonlight', una historia sobre cómo crecer en Estados Unidos siendo negro y gay, una historia menos mercantilizable y más distanciada del gusto histórico de los premios: lo más cerca que ha estado el Oscar a mejor película de la homosexualidad en las últimas décadas ha sido con 'American Beauty' en 1999. Ni 'Brokeback Mountain', ni 'Mi nombre es Harvey Milk', ni 'Dallas Buyers Club' pudieron llevarse el premio a casa. 'Carol', aunque optó a seis estatuillas, no estuvo siquiera nominada en la máxima categoría.

La fuerza del runrún

Recibir una nominación a los Oscar es como recibir una herencia en Andalucía en base a los actuales impuestos de sucesiones y donaciones: un caramelo envenenado. A la sangría económica que supone la publicidad previa al estreno —que Chazelle ha sabido solapar con la temporada de premios—, hay que sumar la intensa campaña promocional de las productoras para convencer a los académicos de que su película es LA película. Por eso, las cintas con mayor presupuesto son las que más facilidad tienen para llegar a esos electores que más de una vez han confesado haber votado sin haber visto todos los proyectos candidatos —es que ocho o nueve películas son muchas películas—, las que copan los espacios publicitarios e informativos de los medios de comunicación y las que mantienen un runrún más fuerte y duradero. Así que 'La La Land', que con 28 millones de euros de presupuesto es la tercera película más cara a competición después de 'Arrival' —que costó 44 millones de euros— y 'Hasta el último hombre' —38 millones—, parte con ventaja frente a 'Moonlight' —4,7 millones—, 'Manchester frente al mar' —ocho millones— o 'Lion' —11 millones—, sus principales competidoras.

Almuerzo de los nominados a los 89º Premios Óscar el pasado 6 de febrero.
Almuerzo de los nominados a los 89º Premios Óscar el pasado 6 de febrero.

Pero ¿quiénes son, además, esos 6.261 académicos que ven —o no— y eligen a la ganadora de los Oscar, año tras año? Durante décadas, la identidad de los componentes de la Academia con derecho a voto se ha mantenido en un oscurantismo medieval. Ni siquiera la página oficial de los Oscar aclara más allá de los requisitos necesarios para convertirse en elector: los actores, por ejemplo, deben haber participado en al menos tres proyectos, al menos uno de ellos estrenado en los últimos cinco años; los directores tienen que haber dirigido al menos dos películas, y al menos una de ellas debe haberse estrenado menos de 10 años antes de solicitar el ingreso, y en el caso de los encargados de los efectos visuales, hay que demostrar al menos ocho años de experiencia en un cargo importante. Una vez cumplidas dichas exigencias, es necesario contar con el respaldo de al menos dos miembros del departamento correspondiente —ya sea dirección, guion, interpretación, etc.— y pasar la criba de la Junta de Gobernadores —51 académicos que deciden quién entra y quién no—. Como san Pedro.

Hombre, blanco y anciano busca...

El 91% de los electores son blancos, el 76% hombres y el 86% mayores de 50 años

El resultado: un electorado mayoritariamente blanco, masculino y anciano. Según un reportaje publicado el año pasado por 'Los Angeles Times', el 91% de los electores son blancos, el 76% hombres y el 86% mayores de 50 años. La edad media es de 62. Un espectro demográfico heredero del viejo Hollywood que no es precisamente el sumun de la radicalidad y la experimentación. 'La La Land', en ese sentido, es la historia arquetípica de chico-conoce-chica —aunque sería más preciso describirla como chica-conoce-chico, en un giro posmoderno—, con una estructura maciza digna de la aprobación de McKee y cuyo gran giro renovador se encuentra en el final, que no es el prototipo 'made in Hollywood'. Es decir, somos modernos, pero no demasiado. El punto justo.

Como curiosidad, entre los votantes hay incluso personas que han abandonado su profesión en la industria cinematográfica —hasta 2012, votaban una monja, el dueño de una librería y un reclutador de los Cuerpos de Paz, entre otros—, cuyo voto vale lo mismo que el de Clint Eastwood, Julia Roberts, Annette Benning o Leonardo DiCaprio.

Protestas en contra de la discriminación racial en los Óscar en 2016.
Protestas en contra de la discriminación racial en los Óscar en 2016.

Por otro lado, los afroamericanos compondrían un 3% de la Academia, frente al 2% de latinos, por un lado, y asiáticos, por otro. Una desigualdad que se ha intentado tapar con pequeños gestos —como el nombramiento de la afroamericana Cheryl Boone Isaacs como presidenta de la Academia en 2013— y que en 2016 desató las críticas a través de la campaña #OscarsSoWhite, lo que provocó el boicot de cineastas y actores ante el hecho de que no hubiese ningún actor negro entre los 20 candidatos a la estatuilla. Quizás, el único punto débil de 'La La Land' frente a 'Moonlight' en un año en el que la Academia ha decidido enmendarse nominando también a 'Fences' y 'Figuras ocultas', retratos de la lucha por los derechos raciales en Estados Unidos. Sin embargo, y a no ser que Hollywood decida salir a pecho descubierto con una declaración de intenciones, 'La La Land' huele a bronce chapado en oro de 24 quilates.

Si no, que se lo pregunten a las casas de juego, en las que la película de Chazelle sobresale incontestable. En la página de juego William Hill, las apuestas se repartían la semana pasada de la siguiente manera: 1/10 'La La Land'; 8/1 'Moonlight'; 16/1 'Figuras ocultas'; 20/1 'Manchester frente al mar'; 66/1 'Hasta el último hombre'; 100/1 'La llegada'; 100/1 'Fences'; 100/1 'Comanchería', y 100/1 'Lion'. Chazelle y Emma Stone también encabezan el mayor número de apuestas a favor, mientras que Ryan Gosling aparece en tercer lugar tras Casey Affleck —que tendría que superar la críticas por acoso sexual— y Denzel Washington, que ya tiene en su haber dos Oscar. Y para conocer el desenlace, no habrá nada más que esperar a la madrugada del próximo domingo al lunes. Reclamaciones: aquí no, gracias.

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