director de 'entre dos aguas'

Isaki Lacuesta: "El cine español no es Starbucks; es la panadería de la esquina"

Por primera vez en su carrera, el cineasta gerundense está nominado a los Premios de la Academia con sendas candidaturas a mejor película y mejor director

Foto: Isaki Lacuesta, en el Festival de Cine de Santander 2016. (EFE)
Isaki Lacuesta, en el Festival de Cine de Santander 2016. (EFE)

Hace más de 15 años que Isaki Lacuesta (Girona, 1975) se estrenó como director de largometraje con 'Cravan vs. Cravan' (2002), un documental en el que amalgamó el lenguaje de la ficción y del documental para redescubrir la historia de Arthur Cravan, el nieto poeta, boxeador y aventurero de Oscar Wilde. La película le valió dos premios en el Festival de Sitges y un lugar en el panorama del cine de autor español, dentro del que ha ido bregando para sacar adelante proyectos personalísimos al margen de la industria. Con 'La leyenda del tiempo' (2006) consolidó su atalaya de francotirador del retrato —a veces más contemplativo, a veces más rabioso— y con 'Los pasos dobles' (2011) ganó su primera Concha de Oro en San Sebastián a pesar de una recepción más que hostil —e inaudita— de parte de la prensa desplazada. Siete años después, la fotografía es bastante diferente: con 'Entre dos aguas', Lacuesta ha conseguido su segunda Concha de Oro y trascender el circuito festivalero para hacerse un hueco en la temporada de galardones: en los Feroz recibió el Premio Especial, en los Gaudí ha arrasado con siete estatuillas y en los Goya aspira a las dos categorías principales, las de mejor película y mejor director.

El sábado 2 de febrero, Lacuesta pisará la alfombra roja del Palacio de Congresos de Sevilla como aspirante a premio, momento inédito. "Estoy muy contento de estar nominado porque nunca lo habíamos estado: es la primera vez que voy a los Goya", contesta. Al director gerundense no parece gustarle demasiado la objetivación del éxito o valor de una obra en forma de galardón o de cifra de taquilla. Para él, se trata de un proceso mucho más íntimo. 'Entre dos aguas', en la que Lacuesta vuelve a jugar con los engranajes de la ficción y el documental, retoma contacto con Isra y Cheíto —los hermanos Gómez Romero—, los niños protagonistas de 'La leyenda del tiempo' que ahora encaran la treintena. Entre medias, la muerte de un padre en circunstancias trágicas, trabajos esporádicos y dinero exiguo, pero también la paternidad y un vislumbre optimista de una vida —a ratos— mejor.

PREGUNTA. ¿Ahora, con perspectiva, qué le han aportado como director y como persona 'La leyenda del tiempo' y 'Entre dos aguas'?

RESPUESTA. Para mí, el objetivo inicial al rodar ‘la leyenda del tiempo’ y ‘Entre dos aguas’ no era hacer cine de denuncia. Lo que me mueve no fue ganas de criticar algo, sino de estar en un sitio que me gusta mucho y convivir con gente que me gusta mucho. Llegamos a San Fernando (Cádiz) porque nos encantó el sitio y queríamos vivir allí y retratar lo que estábamos viendo. Con los años, esa fascinación y ese cariño no decrecen, no menguan, y seguimos rodando allí. Además, nos interesaba retratar a unas personas concretas de un lugar concreto a lo largo del tiempo; y, claro, cuando la vida es tan complicada como allí, de forma inevitable acabas hablando de las dificultades que hay en nuestro país de las que no somos conscientes. El otro día, un amigo me lo decía: había visto la película y le parecía sorprendente que todo esto existiera en España. Son cosas que tenemos al lado y no queremos ver: un lugar donde hay un analfabetismo funcional muy grande, hay gente que no tiene salida económica por más que lo intente… Eso está ahí y era inevitable mostrarlo.

Una imagen de 'La leyenda del tiempo'. (Sagrera)
Una imagen de 'La leyenda del tiempo'. (Sagrera)

P. ¿Por qué cree que películas como la suya, más autorales, encuentran el aplauso en festivales y premios pero no llegan tanto al público masivo?

R. Creo que el problema es que para medir las películas utilizamos los criterios lógicos de las multinacionales. Me sorprende que muchas veces hay frustración entre los compañeros por las taquillas que hacen, porque es como pedirle a la panadería de la esquina que haga las ventas de un Starbucks. Cuando, además, está bien que sea la panadería de la esquina. La taquilla de ‘Entre dos aguas’ [alrededor de los 100.000 euros] está a punto de llegar adonde los distribuidores esperaban que llegara. Este tipo de películas son mucho más baratas y se financian de otras maneras, y tienen su público y sus ingresos no solo en las salas, sino en festivales internacionales y en televisión. El retorno está por otro lado.

P. Los cortos españoles sí han llegado últimamente a los Oscar, pero no los largometrajes. ¿Por qué nuestros largometrajes más exportables no encuentran su sitio en Hollywood?

R. Yo creo que hay una cuestión, no de talento, sino de financiación. Que hacemos unas películas con cinco, seis, siete u ocho veces menos presupuesto que sus equivalentes europeas. Y en algo se nota, ¿no? Tampoco son tontos los suecos y los noruegos. En Noruega, que apenas son cinco millones de habitantes, que es lo que corresponde a una comunidad autónoma en España, tienen más ayudas que nosotros aquí. Compara, por ejemplo, ‘The Square’, de Ruben Ostlund, con ‘El autor’, de Manolo Martín Cuenca. La primera cuesta 10 veces más, y en algo se nota. En bastantes cosas que son definitivas a la hora de valorar una película.

Hacemos unas películas con cinco, seis, siete u ocho veces menos presupuesto que sus equivalentes europeas

P. En España, el cine de autor tampoco llega a las posiciones altas de la taquilla. ¿Quizá porque este público masivo está poco acostumbrado a una narrativa diferente, más contemplativa o experimental?

R. Yo no creo que ‘La leyenda del tiempo’ o ‘Entre dos aguas’ sean películas áridas, ni difíciles ni ensayísticas. Yo creo que son películas que las ve mi tía del pueblo y las entiende y las disfruta. Son películas empáticas y que no tienen una narrativa encorsetada como la de los manuales. Son películas muy inmediatas. Creo que la taquilla depende de la ocupación en los medios y en las campañas publicitarias. De hecho, en función de la cantidad de salas en las que salgas y de la inversión inicial que haya, más o menos ya tienes los techos marcados. Luego, evidentemente, hay sorpresas, para bien o para mal.

P. ¿El problema viene de los exhibidores, entonces?

R. Creo que se ha impuesto como lógica una forma de exhibición y distribución que es muy reciente y que responde a un consumismo voraz y típico de las multinacionales, en la que se estrenan las películas con 800 copias y quitarlas en un fin de semana o dos, que es algo que no existía en los setenta o los ochenta, incluso en los primeros noventa. Me sorprende ver cómo se ha impuesto el discurso de que hay demasiadas películas, como si el problema fuera que la oferta sea amplia, como he leído en muchos artículos. Como si el problema no fuera que todas las salas, en un 90%, están ocupadas por las multinacionales. No sobran películas. Sobran copias de algunas películas.

Cuando apareció el DCP [la copia digital que ha sustituido al celuloide en los cines], al principio se pensó que iba a ser una democratización y una forma de abaratar los medios. Hacer 500 copias ya no costaba tanto dinero. Pero cuando se obligó por ley, en un momento de crisis, que las salas compraran aparatos nuevos, esos aparatos los financiaron las multinacionales estadounidenses. Lo que ocurrió es que en cines de provincias, como me contó a mí un distribuidor de aquí, de Girona mismo, me comentaba: ‘Si es que la película de Carla Simón [’Verano 1994’] hace más taquilla que una película de Hollywood, pero con la taquilla de la de Hollywood me devuelven pasta del crédito. Entonces, eso afecta al 90% de las salas españolas, que tienen que devolver créditos a esas multinacionales que les facilitaron adquirir las máquinas de DCP. Muy pocas salas se financiaron con subvenciones públicas europeas. Pero casi más que eso me preocupa la ocupación del pensamiento; cuando escucho a periodistas que aman otro tipo de cine decir que hay demasiadas películas…

Isaki Lacuesta, tras recibir la Concha de Oro en 2018. (EFE)
Isaki Lacuesta, tras recibir la Concha de Oro en 2018. (EFE)

P. Pero no es un discurso que solo haya calado en la prensa. También dentro de la industria: las distribuidoras más modestas o productores como Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky hablan de "canibalismo" en los estrenos. El fin de semana del 9 de noviembre de 2018, por ejemplo, se estrenaron 18 películas.

R. El problema es la duración en cartel de las películas, no que se estrenen demasiadas. Mi película, que se estrenó en noviembre, todavía sigue en algunos cines, y estamos en enero. La cuestión es que la gente no lo sabe. Esa apuesta por el fin de semana siempre va a frustrar a los Gerardo Herrero de turno; ‘La leyenda del tiempo’ o ‘Cravan vs. Cravan’ se siguen viendo en salas, en festivales, en circuitos, en televisiones… Tienen una vida muy larga —van a hacer casi 20 años— y se siguen viendo, lo que me parece algo más normal que las apuestas cortoplacistas que van a frustrar a los Gerardos Herreros.

P. Muchos directores se quejan del peso de las televisiones en la industria española. ¿Usted también?

R. Las empresas privadas que hagan lo que les dé la gana. Me parece que están en su derecho; si quieren apostar por el monocultivo, es su opción. Me sorprende más de las cadenas públicas y de las líneas de subvención. Si RTVE rechaza sistemáticamente las películas de Oliver Laxe o Neus Ballús o Albert Serra, que son la gente que ha estado en festivales internacionales y tienen un reconocimiento —como forma de objetivar las cualidades, digo—, me parece muy extraño. En cuanto a las subvenciones, las selectivas [destinadas a óperas primas, cine documental, experimental o independiente y proyectos de un especial valor cinematográfico, cultural o social] no superan un 10% del total. El resto, al final, se va a dar dinero a quien ya gana. Por ejemplo, ‘Entre dos aguas’ ha sido una película muy difícil de financiar. Nos ha costado muchos años.

P. ¿Cómo ve entonces la llegada de Beatriz Navas que viene de la Casa Encendida, de una programación más vanguardistaal ICAA? ¿Cree que será un cambio positivo para el cine de los márgenes?

R. Lo veo con optimismo, de entrada, porque Bea Navas tiene unos criterios cinematográficos y culturales que me interesan mucho, tiene un bagaje y ha demostrado que es muy capaz de hacer cosas, y es una persona con talento. Luego, sobre si podrá cambiar cosas… pues yo creo que no la dejarán. Como ha ocurrido siempre que alguien ha intentado cambiar cosas.

Un fotograma de 'Entre dos aguas'. (BTeam)
Un fotograma de 'Entre dos aguas'. (BTeam)

P. En 2014 estrenó una película muy diferente a lo que acostumbra, 'Murieron por encima de sus posibilidades', con un discurso sobre la crisis muy crítico con los políticos y la banca. Cinco años después, ¿sigue igual de cabreado?

R. No. Me di cuenta de que hacer películas desde la rabia es algo que no me interesa y que, en este caso, fue un momento muy concreto en el que era imposible levantar ‘Entre dos aguas’ ni ‘La próxima piel’, no sabíamos cómo conseguir dinero para hacer películas, así que nos juntamos unos amigos e hicimos una película en cooperativa, sin pedir subvenciones a nadie, sin que ninguna televisión lo comprara. Era demostrarnos que podíamos hacer cine cuándo y como quisiéramos sin pedir permiso a nadie. Y por una cuestión de lógica coyuntural, como reflejo de lo que estábamos viviendo, decidimos hacerla sobre la crisis, queriendo dejar un testimonio de cómo se pensaba en España en esos años, siguiendo con la idea del retrato, que cada vez me ha ido interesando más. Lo pasamos muy bien y aprendimos mucho. Además, si no, hubiesen sido cuatro o cinco años en el paro. Y en vez de estar en el paro no paramos de rodar: nos juntábamos cada fin de semana o cuando podíamos, y al final fue un disparate económico: si no tenemos medios, rodaremos con más medios que nunca y con mejores actores que nunca… Y hubo cosas que si no hubiese hecho ‘Murieron por encima de sus posibilidades’ no hubiese sabido hacer en ‘Entre dos aguas’.

P. Eso como cineasta, y ¿cómo ciudadano?

R. Hace unos meses tomé una decisión, que fue hablar de política y del país en las películas, y en las entrevistas hablar de cine y de cultura, y de las cosas que me gustan. Sobre todo porque los políticos no dedican ni una línea a hablar de cultura ni de arte ni de cine. Si el poco espacio que dedicamos a hablar de cultura lo dedicamos a la política… Creo que podremos hablar de política cuando los políticos empiecen a hablar de cultura.

Las recomendaciones de Lacuesta

De cine español me han gustado mucho películas que no han tenido repercusión mediática ni de público, ‘Yo la busco’, de Sara Gutiérrez, que es una directora muy joven, de 25 años. La película está hecha desde la universidad, sin prácticamente apoyos económicos, com muy pocos medios, pero con mucho talento, con una mirada en primera persona que no pertenece a la clase social que ocupa el imaginario colectivo últimamente.   

Y otra película que me ha gustado mucho ha sido ‘Apuntes para una película de atracos’. Creo que Siminiani tiene un talento enorme para el montaje y una escritura muy distinta. Creo que es un tío que no responde a ninguna capillita ni a ningún estilo internacional. Es un cine absolutamente libre y que hace lo que quiere, y creo que hay un punto de cristalización de un estilo que compagina estilos y fórmulas de diferentes géneros que serían completamente distintos y que consigue que te parezcan totalmente naturales, y eso es muy difícil.

Y europea me ha gustado mucho ‘Lazzaro Felice’, de Alice Rohrwacher.

 

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