la directora de 'verano 1993'

Carla Simón: "El cine español necesita un sistema de cuotas"

La ópera prima de Carla Simón compite en ocho categorías en los próximos Premios de la Academia, que se celebran el sábado

Foto: Carla Simón, flamante ganadora de los Premios Feroz. (Efe)
Carla Simón, flamante ganadora de los Premios Feroz. (Efe)

Más o menos por estas fechas hace un año, Carla Simón (Barcelona, 1986) llegaba a la Berlinale con su ópera prima, entonces sólo 'Estiu 1993', bajo el brazo. Sólo hacía tres años que había salido de las aulas de la London Film School y ahora presentaba su primer largometraje en las pantallas de uno de los festivales de cine más importantes del mundo. De allí se llevó el Premio a Mejor ópera prima y el Premio Generación K-Plus del jurado internacional. Pero seguía siendo la —casi— anónima Carla Simón. La locura se desató después con la elección de su película, ya entonces conocida como 'Verano 1993', como representante de España a los Oscar, aunque finalmente se quedó en el camino. Sin tiempo para el desánimo, la lluvia de nominaciones a los Feroz, los Gaudí, los Fotogramas de Plata, los Goya, los Forqué y todas las ceremonias habidas y por haber en territorio patrio. Triunfadora indiscutible de los Feroz y los Gaudí, este sábado Simón podría revalidar su título de la última gran revelación del cine español.

Si consigue imponerse a 'El autor', 'Handia', 'Verónica' y 'La librería' en la categoría de Mejor película, Simón pasará a la historia del cine como la primera directora novel en ganar en la máxima categoría de los Goya y seguirá la estela de otros tres cineastas primerizos que con su primer largo dieron el campanazo: Agustín Díaz Yanes, Achero Mañas y Alejandro Amenábar. Ahí es nada. A menos de una semana de la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia, la barcelonesa sigue en una nube.

PREGUNTA. ¿Cómo se lleva la etiqueta de "gran revelación del cine español"? ¿Pesa?

RESPUESTA. Se lleva con mucha alegría. Es muy bonito, pero a veces es abrumador también. Pero estamos muy contentos, sobre todo porque no teníamos estas expectativas cuando rodamos la película. Desde el primer día, todo este viaje ha sido una sorpresa.

P. Hace apenas tres años era una más de las aulas de la London Film School. Este sábado encara sus primeros Goya como la gran favorita. ¿Cómo ha sucedido todo tan rápido?

R. Yo acabé la escuela en abril de 2014, más o menos, y hasta verano estuve ayudando a amigos en su corto. Y en verano me puse a escribir y entré a rodar en 2016, así que en realidad fue muy rápido todo. También es verdad que me centré mucho en eso: yo estaba viviendo en Londres, dando clases de cine a niños y luego ya en septiembre de 2015, cuando ya supimos que teníamos el dinero para poder hacer la peli, volvía a Barcelona para empezar el casting y todo esto.

P. Antes del largo hubo varios cortos. También con niños. También en relación a la muerte. ¿Una especie de bosquejos previos de lo que acabaría siendo 'Verano 1993'?

R. En Londres yo hice tres cortos. El primero era 'Born Positive', que era un documental con niños nacidos con el VIH; como yo no lo heredé de mis padres tenía mucha curiosidad de lo que se sentía. Luego hice 'Lipstick' (2013) que era sobre dos hermanos que se encontraban a su abuela muerta; ahí me di cuenta de que era un tema que quería seguir explorando, y de donde nació un poco la idea de hacer 'Verano'. Y luego me quedaba el corto final de graduación e intenté escribir 'Verano' como corto, pero enseguida me di cuenta de que había demasiado tema ahí. Así que hice otro corto, que es 'Las pequeñas cosas', sobre la relación de mi tía y mi abuela: mi tía tenía acondroplasia, o sea, era bajita. Y ambos personajes salen en 'Verano', así que, de alguna manera, los tres cortos fueron como semillas de la película. Pero también hice otro corto mientras estaba escribiendo 'Verano' que se llamaba 'Llacunes', que fue más una necesidad a partir del guión: lo hice con las cartas que me dejó mi madre cuando murió y lo hice desde los sitios donde las había escrito. Mientras escribía el guión me iba dando cuenta de que no me acordaba de ella y lo hice para intentar recuperar su figura. Eso fue un proyecto muy personal y, en paralelo, seguimos preparando la película.

P. ¿Cómo encontró a Laia Artigas y a Paula Robles, dos niñas sin experiencia, para protagonizar la película?

R. El casting fue un proceso muy largo, porque estuvimos como cinco o seis meses para encontrar a las niñas. La directora de casting vio a muchas: ella hacía una selección, yo veía los vídeos y entre las dos decidíamos a quién volvíamos a ver. Hubo varias rondas. Y Laia fue la penúltima niña que vi. Así que en realidad, tuvimos que esperar casi hasta el final. Buscaba niños que se parecieran a los personajes descritos. Me había dado cuenta en los cortos que era muy útil que los niños tuvieran algo de los personajes. Les hacía muchas preguntas personales, sobre su familia, para ver que tuvieran algo de Frida y de Anna. También era importante la relación entre ellas a nivel de complicidad. Hicimos pruebas con varias parejas de niñas y con ellas yo sentía que fluía, que podían tener conversaciones que se parecían a las que podían tener en la peli. Entonces ya para mí eso era una base, porque podían ser más ellas mismas.

P. ¿Cómo consiguió unas interpretaciones tan naturales?

R. Para que el niño se crea lo que está haciendo hay que crear un mundo alrededor de la película, así que pasamos mucho tiempo juntos, los adultos y las niñas para crear muchos momentos previos al verano del 93. Como para ir creando unos recuerdos compartidos y pasar tiempo juntos haciendo cosas muy cotidianas para crear la intimidad. Ellas nunca leyeron el guión y estuvimos varias semanas ensayando en las localizaciones las escenas para que ellas supieran lo que íbamos a hacer. Rodamos seis semanas, pero podíamos rodar muy pocas horas: las tres primeras alrededor de seis horas al día, las tres últimas a veces podíamos llegar a ocho, pero no deja de ser un rodaje muy rápido y toda esta preparación fue súper importante.

P. Dice que todo esto le ha venido de sorpresa, pero ¿en qué momento supo que tenía algo grande entre manos?

R. En realidad yo me di cuenta en Berlín, cuando la pasamos por primera ver con todo el equipo, en una sala enorme, y de repente encendieron las luces y había mogollón de gente en la sala llorando. Hasta entonces no fui consciente de lo que iba a provocar la película sobre la audiencia. Y fue una sorpresa absoluta que tuviese ese impacto emocional. Y fue muy bonito.

Laia Artigas, protagonista de 'Estiu 1993' ('Verano 1993')
Laia Artigas, protagonista de 'Estiu 1993' ('Verano 1993')

P. ¿Siempre tuvo claro que rodaría en catalán?

R. La opción de rodar en español estuvo sobre la mesa, sobre todo por un tema de distribución, porque era un poco problemático: las películas en catalán son tratadas más como películas europeas con subtitulado. Y por el tema de los actores, por la idea de poder escoger entre más gente. Pero bueno, luego empezamos el casting y me di cuenta de que era factible rodar en catalán, que había suficiente talento aquí para encontrar lo que necesitábamos y para mí era muy natural rodarlo en catalán. Mis productoras respetaron esa decisión. Lo que tenía más sentido era rodarlo en catalán, porque también hay una cuestión local, de donde lo rodamos, además que hay ciertos personajes que de carácter son muy catalanes.

P. ¿Cómo recibió que eligiesen su película para ir a los Oscar?

R. Lo de los Oscar fue un poco surrealista. Cuando mis productoras empezaron a plantearlo, era como absurdo pensar que podíamos llegar a los Oscar. Era un poco difícil de creer. Luego, cuando salió que iba a representar a España, a mí me sorprendió mucho. Y aunque al final no saliese, la experiencia de mostrar la película allí y de ver cómo funciona todo eso es interesante. A mí no me pareció raro que no saliera; al fin y al cabo hay 92 películas. Casi me dio más pena la ilusión que había puesta mucha gente que por mí misma, porque no tenía la aspiración de llegar tan lejos ni tan pronto. Competíamos contra películas muy grandes, con campañas de marketing brutales, de directores consagrados…

P. Y ¿cómo le ha cambiado la rutina, la vida, el pasar de ser una cortometrajista apenas conocida a ser la Carla Simón de la que todo el mundo habla?

R. Ha sido una locura, una locura absoluta de que no hay rutina. Llevo un año viajando muchísimo, lo que está súper bien, porque he conocido muchos países nuevos, he compartido la película con audiencias muy distintas, he conocido a gente y he visto muchas películas. Se abren muchas puertas, de nuevos proyectos —grandes, pequeños y medianos—, de dar clase… Pero respecto a hacer cine, a mí me gusta escribir, me apetece hacer lo mío. Hay cosas más pequeñas que me apetecen, pero en general es muy complicado que te llegue un guión a las manos y de repente lo veas clarísimo. De momento estoy escribiendo.

P. Dicen que es más difícil hacer una segunda película que dirigir la primera. ¿Hay vértigo?

R. Espero que no sea muy difícil levantar un segundo proyecto pero nunca se sabe: a veces tienes un proyecto más arriesgado y cuesta encontrar financiación. Eso no es ciencia exacta. Lo que siento es cierta presión, eso sí. Es inevitable. Pero confío en que, cuando me ponga a trabajar, esto se va a quedar aparte porque lo que me pesa más es la confianza que ganas cuando una película va así. Cuando estás haciendo una primera película te sientes muy cuestionada, muchas veces por mucha gente distinta. Así que es un alivio poder confiar en tu criterio, en la forma de trabajar. Y eso es un paso adelante brutal.

P. Usted forma parte ahora de una minoría, que es la de mujeres directoras. ¿Cuál es su propuesta para que existan las mismas oportunidades de hacer cine y, por lo tanto, que haya más voces femeninas en la industria?

R. Creo que el sistema de puntos es insuficiente y creo que no den tantos puntos a Producción que creo que faltan. El sistema de puntos es algo mejor que nada, pero creo que lo importante sería un sistema de cuotas en algún punto, aunque no de forma sistemática, sobre todo porque es lo que realmente permitiría solucionar la desigualdad. En Cataluña hay un colectivo que se llama Dones Visuals que lo que proponían ellas era hacer algo inspirado como en lo que hicieron en Suecia, y proponían un sistema de cuotas muy progresivo, con un mínimo de nota, con lo que la calidad no se veía mermada, pero que incentivan a las mujeres a que presenten proyectos. La raíz del problema es que hay menos proyectos presentados por mujeres que por hombres.

Carla Simón. (Efe)
Carla Simón. (Efe)

P. De las películas españolas del año, no todas, llegan a recuperar en taquilla el presupuesto invertido. El año pasado, 'Tarde para la ira', logró recuperar su exiguo presupuesto (1.200.000 euros) in extremis después de su triunfo en los Goya. ¿Qué pasa para que el cine español no sea más rentable?

R. Creo que la gente no va suficientemente al cine. Aunque creo que ha sido un buen año porque la gente ha ido a ver mucho cine español. Pero sí que creo que falta educación respecto al tema de ir a las salas. Creo que por donde hay que atacar eso es por la educación. Yo estoy en un proyecto que se llama Cine en curso, que me parece súper interesante, porque me doy cuenta de lo abiertos que están los chicos a ver cosas distintas y son capaces de analizarlo, de emocionarse. Realmente te das cuenta de que si somos capaces de educarlos y de educar a la audiencia para que sepa valorar todo tipo de cine, cambia la cosa. Pero nos queda mucho camino todavía.

P. Mariano Rajoy confesó en una entrevista reciente que no había visto ninguna de la películas nominadas a los Goya...

R. Creo que falta apoyo institucional. Volviendo a Cine en curso, que es un proyecto súper transformador, tampoco tiene mucho apoyo. Realmente políticamente deberían valorar mucho más el cine.

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