estreno de 'tarde para la ira'

Ira, venganza y demencia en 'Tarde para la ira': el cine se pone por fin de mal rollo

Raúl Arévalo da la campanada en su debut como director: un 'thriller' áspero sobre un tipo normal que pierde los papeles (y la cabeza)

Foto: Antonio de la Torre, en una escena del filme.
Antonio de la Torre, en una escena del filme.
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Si yo le digo a usted que piense en alguien tomándose la justicia por su mano, lo primero que se imaginará será, sin duda, una escena del cine estadounidense: Charles Bronson limpiando la ciudad de macarras y delincuentes, Chuck Norris sembrando Vietnam de napalm para hacer justicia retrospectiva, Uma Thurman cortando cabezas en 'Kill Bill' como si no hubiera un mañana. Lo que no es tan sencillo es pensar en películas españolas sobre venganza...

Y en esas llegó el actor Raúl Arévalo y se sacó de la manga una de las mejores óperas primas del cine español en los últimos años, 'Tarde para la ira', 'thriller' que se estrena el viernes tras pasar por los festivales de Venecia y Toronto, donde ha recibido excelentes críticas de la prensa internacional.

Ira, venganza y demencia en 'Tarde para la ira': el cine se pone por fin de mal rollo

Aunque el subgénero 'thriller' de venganza es un clásico del cine internacional, y aunque el 'thriller' en España está viviendo una nueva edad de oro, la gracia de 'Tarde para la ira' es que transita su propio camino para contar la historia de un tipo normal –​Antonio de la Torre, en un gran ejercicio de contención– envuelto en una espiral de ira, venganza y demencia.

Crudo y absurdo

He aquí un 'thriller' que, por un lado, no tiene (casi) escenas de acción, y por el otro, es más áspero que una piedra pómez. ¿Demasiado áspero para el gran público? "He hecho la película con absoluta libertad, sin miedo y con total apoyo de la productora. Es una película libre, con sus aciertos y con sus defectos, propios de un director novel. Eso sí, su crudeza dificultó la búsqueda de financiación. Cuando iba a visitar a los productores con los términos 'cruda', 'seca' y 'Dardenne' por delante... pues todo eso sonaba a error comercial a sus oídos, por eso me costó tanto levantar la película", admite Arévalo.

"Lo de 'thriller' no es más que una etiqueta. Para mí es un drama con toques de 'thriller'. Hay más tensión y mal rollo que acción trepidante", añade el director.

Uno de los carteles del filme.
Uno de los carteles del filme.

Pero como todo no va a ser mal rollito, Arévalo introduce unas gotas de humor costumbrista en la secuencia en la que da el do de pecho como director, la del quilombo en el gimnasio de boxeo, en la que De la Torre, Luis Callejo y Manolo Solo parecen salidos de una escena de los Coen. Entre la tensión, la risa floja y la violencia cruda y descarnada. Hablamos de una de las escenas del año, liderada por un Manolo Solo que se saca de la manga un antológico 'speech' de macarrilla andaluz desfasado.

"Esa escena es una de las dos más ambiciosas. La llevé muy trabajada al rodaje, pero requería ser sostenida por los actores, especialmente por el personaje verborreico de Manolo [Solo]. Un día, leyendo el guion con él, puso una voz de broma, imitando a personajes que había conocido en los ochenta en la Alameda de Hércules en Sevilla, y le dije: eso es mítico. La guerra fue convencerle para que lo hiciera, porque pensaba que iba a hacer el ridículo. Fue el toque de humor que buscaba para la película; que buscaba, por cierto, con pies de plomo. En los momentos más dramáticos de la vida, se generan situaciones cómicas absurdas que son necesarias para aliviar la tensión. Quería meter esos puntos de humor con cuidado. Fui a la sala de montaje cagado por si no funcionaban ", zanja el director. Pues sí: funcionaron, como la película.

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