estreno de 'un día perfecto'

León de Aranoa no ve muertos en la guerra de los Balcanes

En Un día perfecto no se ve disparar ni un tiro. Fernando León de Aranoa nos sirve una película bélica, ambientada en la guerra del Kosovo,

Foto: Imagen de 'Un día perfecto'
Imagen de 'Un día perfecto'

En Un día perfecto no se ve disparar ni un tiro. Fernando León de Aranoa nos sirve una película bélica, ambientada en la guerra del Kosovo, donde la acción se sitúa lejos del frente. Aquí el protagonismo no recae ni en los soldados que luchan en primera línea, ni en la población que sufre las consecuencias del conflicto ni tan siquiera en los altos mandos que deciden las estrategias militares. Los personajes principales son un grupo de cooperantes internacionales. Sus batallas, las que libran cada día para realizar su labor.

A partir de la novela Dejarse llover de Paula Farias y de sus propias experiencias en el conflicto de los Balcanes, el director de Barrio elabora un film que a priori se distancia de sus constantes más reconocibles. Un día perfecto arranca como una tragicomedia con un punto de humor negro y absurdo y se estructura en forma de una road movie que se mueve por Kosovo de la mano de cuatro trabajadores humanitarios.

La película se inicia con una situación a priori anecdótica. Alguien ha tirado un cadáver dentro de un pozo lo que obliga a los protagonistas, Mambrú (Benicio del Toro), Sophie (Mélanie Thierry) y B (Tim Robbins) a ingeniárselas para sacarlo antes de que contamine el agua. Lo que parece una tarea a priori sencilla deviene una misión cada vez más complicada. Con el cuerpo en el pozo como macguffin que hace avanzar el argumento del film, León de Aranoa se hace eco de una guerra que siempre queda fuera de plano, pero cuyas consecuencias los protagonistas sufren y conocen a lo largo de la jornada.

El director ha querido darle un punto irreverente a un film que invitaba al dramatismo. Su referencia en este sentido son los films bélicos gestados por el Nuevo Hollywood en los años setenta, películas como MASH (1970), la comedia médica de Robert Altman situada en la Guerra de Corea, o el alucinado viaje al corazón del horror que emprendió Francis Ford Coppola en Apocalypse Now (1979). De esta última, León de Aranoa toma prestada al menos una idea. El personaje de B no solo lleva una cinta en la cabeza como Dennis Hopper en ese título, sino que la música que escucha permite configurar una banda sonora plagada de rock, de Lou Reed a los Ramones, que intenta imprimirle a la película cierto espíritu punk.

La elección musical sin embargo hace pensar que su responsable no ha optado por cada tema en concreto por su ajuste a la escena que acompaña, sino que ha llevado a cabo una recopilación a destajo. En la secuencia donde suena la versión de Marilyn Manson de Sweet Dreams, la melodía transmite el tremendismo que la cámara ha estado evitando durante todo el metraje.

B encarna al veterano curtido en mil batallas que combate con humor la dureza de las situaciones. A su lado, Mambrú da vida al hombre templado y diplomático que solo quiere acabar su trabajo para volver a casa. Entre ambos se da ese compañerismo típico de los géneros cinematográficos tradicionalmente masculinos, del cine bélico y de aventuras al western. El director parece sentirse cómodo en este ambiente de complicidad entre hombres que remite al cine clásico. Quizá por ello los personajes femeninos parecen metidos con calzador. 

Photocall de 'un día perfecto'
Photocall de 'un día perfecto'

Una de las mujeres, Sarah, representa a la primeriza con mucha voluntad y muy poca experiencia, mientras que Katya (Olga Kurylenko) es por el contrario una veterana pragmática, además de la antigua amante de Mambrú. En ambos casos, las mujeres son portadoras de problemas que los hombres deben solucionar. Aunque hacia el final de la película sus roles cobran una mayor complejidad, resulta chocante toparse a estas alturas con dos personajes femeninos tan mal planteados.

Con Un día perfecto León de Aranoa quiere llevar a cabo una reivindicación del trabajo de los cooperantes en un registro diferente al que se le asocia de manera habitual. Pretende alejarse del drama realista y próximo practicado en Los lunes al sol o Princesas, al tiempo que factura un film con la ambición de llegar al mercado internacional gracias a un elenco conformado por caras conocidas. Así le otorga un músculo a la película del que no suele disponer cierto cine social: salpica algunos momentos con un humor de tintes negros que apela al absurdo de la guerra y no evita el aspecto más descarnado del conflicto aunque el horror siempre quede fuera de campo.

Pero León de Aranoa no acaba de conferir la convicción necesaria a este cambio de registro, como si temiera siempre traspasar la frontera de lo políticamente correcto y jugara a ser salvaje con el freno de mano puesto. Y mientras los organismos internacionales reciben los previsibles palos por poner trabas burocráticas a la labor de los cooperantes, el trabajo de éstos se presenta sin un asomo de sombra o cuestionamiento. Un día perfecto finalmente se sitúa más cerca de cierto cine ONG que de los films bélicos contraculturales a los que toma como modelo.  

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