estreno de 'negociador'

La negociación con ETA reducida al absurdo

Borja Cobeaga estrena una arriesgada comedia costumbrista sobre las conversaciones con la banda

Foto: 'Negociador'
'Negociador'

Jesús Eguiguren, presidente del Partido Socialista de Euskadi (PSE), fue el representante del Gobierno en la fallida negociación con ETA de la pasada década: la que pasó del alto el fuego al atentado en la T4 (2006).  Eguiguren se reunió en varias ocasiones con Josu Ternera en un hotel de Ginebra. Durante la negociación, hubo muchos tiempos muertos, así que Eguiguren y Ternera hablaron de las cosas más variopintas para matar el rato: "De nuestros hijos, de gastronomía... Ternera era un maniático de la comida sana", contó el político vasco en el documental Memorias de un conspirador (Ángel Amigo, 2012).

Sobre esta declaración –“Ternera era un maniático de la comida sana”- se pueden hacer muchos análisis. He aquí dos de ellos:

1) El político vasco es un proetarra, ya que charlaba de banalidades con un miembro de ETA. Eso es lo que pensaban, más o menos, los que en su día lincharon verbalmente a Eguiguren por compartir mesa con Ternera. Tenían sus motivos para pensar así, sin duda, aunque no se entiende cómo puede uno negociar con ETA sin cruzar palabra con sus representantes.

2) Hay quien cree que este tipo de detalles costumbristas, qué comieron Eguiguren y Ternera mientras negociaban, no tienen importancia. Pues resulta que igual sí la tienen, al menos para el director Borja Cobeaga, que ha montado con ellos (y con su imaginación) una película: Negociador, que se estrena hoy tras pasar por el Festival de San Sebastián, donde fue recibida con aplausos y carcajadas. 

 

En efecto, Cobeaga ha parido uno de los artefactos más extraños y arriesgados del cine español contemporáneo: una comedia melancólica basada en los desvíos costumbristas de la negociación Estado/ETA. Sí, suena a extravagancia, pero también a proyecto hecho a medida del director de Pagafantas y guionista de algunos de los sketches más populares sobre el folclore del conflicto vasco, de Vaya semanita a Ocho apellidos vascos.

"Le quité el coche al cuñao y salimos para Ginebra a negociar con ETA”. Parece un chiste de Cobeaga, pero lo dice el mismísimo Jesús Eguiguren en  Memorias de un conspirador. En otras palabras: no hay acontecimiento histórico, por trascendental y dramático que sea, que no tenga detrás una trama costumbrista capaz de reducir todo al absurdo (los líderes del mundo se tiran pedos y tropiezan al salir de la ducha como todo el mundo).

Ramón Barea protagoniza el filme
Ramón Barea protagoniza el filme

Cobeaga asegura que Negociador "no es una película sobre el proceso de paz" y que "decir que es una comedia sobre la negociación es demasiado osado". Y tiene razón. Lo que ocurre es que Cobeaga, en realidad, va mucho más lejos: Negociador no es tanto un intento humorístico de describir las conversaciones ETA/Gobierno, como una reducción al absurdo del conflicto vasco en su totalidad.

Coger la negociación y resaltar los momentos costumbristas podría pasar por una mera gamberrada. Graciosa, si se quiere, pero con poco recorrido. Pero lo que hace aquí Cobeaga tiene mucha más miga. Primero, genera situaciones absurdas a partir del choque de contrarios: la tensión cómica que genera ver la tramoya costumbrista de un tema extremadamente polémico y conflictivo.

Y, segundo, elegir astutamente las situaciones absurdas para dejar en entredicho algunos de los temas que habían hecho imposible hasta ahora el acercamiento entre el mundo abertzale y el mundo español, como el lenguaje utilizado para describir la realidad -Euskal Herria o pueblo vasco, diálogo o negociación-, retóricas a las que el director somete a un vapuleo cómico en varios gags antológicos. 

El director genera situaciones absurdas a partir del choque de contrarios

Negociador busca las cosquillas a unos personajes antagónicos (Ramón Barea hace de Eguiguren; Josean Bengoetxea y Carlos Areces de los etarras Ternera y ‘Thierry’) en unas circunstancias extraordinarias. El logro político del filme es que la concatenación de situaciones absurdas acaba provocando una fisura en el muro que separa a las dos partes. O la grieta que acabará derrumbando la incomunicación.

Aunque ya sabemos que esta negociación acabó muy mal, también sabemos que las cosas se acabaron enderezando, lo que permite al director rematar la función con un delicado happy end.

Sombreros fuera pues para saludar a Cobeaga por esta visión subjetiva (y a ratos desternillante) de un conflicto que según va bajando de nivel de mal rollo da paso a la risa liberadora.   

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