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'Pillion': Harry Potter, moteros y cuero en la película más caliente del año
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'Pillion': Harry Potter, moteros y cuero en la película más caliente del año

Con su primer largometraje, protagonizado por Alexander Skarsgard y Harry Melling, el británico Harry Lighton ganó premio en Cannes, consiguió tres nominaciones en los BAFTA y nos ha robado el corazón

Foto: Alexander Skarsgård es Ray, un motero con un cascarón muy duro. (Madfer Films)
Alexander Skarsgård es Ray, un motero con un cascarón muy duro. (Madfer Films)

Pillion es el término inglés para designar el paquete. No el paquete de la ingle, que por la temática de esta película podría serlo, sino el paquete que se refiere a la persona que se coloca detrás del conductor en una moto. Pillion, el primer largometraje del británico Harry Lighton, es una película de muchas cilindradas, monos de cuero y pintas de cerveza. Una película de cambiar bujías, mancharse las manos de grasa y hacer derrapes: aquí hay mucha testosterona y alguna que otra cadena de metal. Porque Pillion es una película, con permiso de Rosalía, de motopapis. Es una comedia romántica inusual, muy atrevida y, probablemente, el film más caliente del año, y que vuelve a reapropiarse de la figura del motero como icono gay: porque la chupa de Marlon Brando en Salvaje (1953) tuvo tanto éxito entre los chicos como entre las chicas.

Pillion llega más de sesenta años después de Scorpio Rising (1963), de Kenneth Anger, y aunque su director insiste en no haber visto la película de culto underground que mezcló moteros gays, iconografía nazi y música pop, las dos películas comparten en su banda sonora la canción celebérrima de Chariot, grabada por Franck Pourcel y Paul Mauriat en 1961. En Pillion no hay iconografía nazi, pero sí hay mucha sensibilidad y una mezcla aparentemente imposible de transgresión y dulzura. El debut en el largometraje de Lighton, que lleva una década dedicado al cortometraje queer, fue una de las películas más aplaudidas de la sección Un Certain Regard -la segunda más importante- del pasado festival de Cannes, donde ganó el premio al Mejor guion, y también se ha llevado tres nominaciones a los últimos premios BAFTA, los Goya británicos. También pasó por la última Seminci, durante la cual su director, José Luis Cienfuegos, consiguió que su director y su protagonista pisaran el adoquinado de Valladolid.

El guion de Pillion fue lo suficientemente atractivo como para conseguir que Alexander Skarsgård, hoy ya estrella de Hollywood gracias a Succession, Big Little Lies o Godzilla vs. Kong (2021), se atreviera a interpretar a Ray, un misterioso motero errante con un caparazón muy duro de penetrar... emocionalmente. Entre tímido y juguetón, Skarsgård construye un personaje parco en palabras y afectos -algo así como el conductor de Drive, pero sobre dos ruedas y sin tanta rabia acumulada-, que se convierte en el sujeto de deseo -o el objeto, depende de quién lo mire- de Colin, un chico apocado e inexperto -en el amor y en la vida- a quien pone cuerpo Harry Melling, que ya poco se parece al odioso primo Dudley de la saga Harry Potter que lo lanzó a la fama infantil.

placeholder Harry Melling, el primo Dudley de Harry Potter, ahora prefiere otro tipo de varitas. (Madfer)
Harry Melling, el primo Dudley de Harry Potter, ahora prefiere otro tipo de varitas. (Madfer)

Como esto va de oxímoron, si bien hemos dicho que Pillion es una peli transgresora y dulce, también podemos decir que es fresca y caliente, al mismo tiempo. Es un film sin excesivas ambiciones formales, pero que quiere hacer digerible al gran público una historia cuyo contexto puede expulsar de primeras a algunos espectadores. Lighton sólo quiere contar bien una historia que, en clave queer, no se diferenciaría mucho de La dama y el vagabundo, por poner un ejemplo de romances imposibles. O mejor aún, La bella y la bestia, siendo ambos encarnados en el mismo personaje del motero.

Ese mundo Disney de príncipes idealizados tiene incluso su referencia en el grupo de doo wop -ese estilo cincuentero de coros a capella- al que pertenece Colin, que viste como viste Dick van Dyke en la animación de Mary Poppins (1964) como representación de su mundo inocente e infantil, que chocará con la pulsión irrefrenable desatada por el motero. Porque Pillion también podría verse como una película de despertar sexual... más allá de los treinta. Colin es un hombre apocado y no demasiado agraciado, que vive en casa de sus padres y que no ha tenido demasiada suerte en el amor, que tiene un trabajo tan gris como el ambiente en el que se mueve. Colin nunca ha destacado en nada, nunca se ha atrevido a nada, y se deja llevar por la apatía sin resistencia.

placeholder Alexander Skarsgård, el vikingo de 'El hombre del norte', es ahora un motero gay con gustos BDSM. (Madfer Film)
Alexander Skarsgård, el vikingo de 'El hombre del norte', es ahora un motero gay con gustos BDSM. (Madfer Film)

Hasta que una noche, un motero altísimo, guapísimo y enigmático como un superhéroe de DC, le ofrece que le practique una felación en un callejón. A partir de ese momento, Ray -que así se llama el motero- y Colin se unen en una relación sadomasoquista y muy divertida. A través de estos dos hombres, el director se pregunta sobre la necesidad de ser amado, de pertenencia -a una persona o a un grupo de personas- y sobre los vínculos sexuales y sentimentales. ¿Qué es más íntimo, compartir una fantasía erótica o una comida familiar?

También repiensa Pillion los roles masculinos, en los que se recompensa y admira la fuerza física, pero se desatiende la musculación emocional, las conversaciones sobre sentimientos, el trabajo del autoconocimiento. Con mucho sentido del humor y mucha ternura, Lighton pone el foco en las fragilidades y las carencias de estos dos hombres, uno que aparentemente lo tiene todo y otro que lo necesita todo. Y, como esto va de oxímoron y opuestos, resulta que el empoderamiento de Colin se construye desde la sumisión.

Hay algo de sordidez en algunas escenas de Pillion, pero Lighton consigue que compensarla con una mirada profundamente empática a ese grupo de moteros a los que, desde fuera, muchos ven como marginales, pero que entre ellos simplemente buscan conectar, pasar el rato y explorar su libertad a través del BDSM. ¿No es el BDSM otro oxímoron también, la idea de descubrir los límites sexuales a través de la dominación, de compartir un vínculo más allá de las cuerdas? Pillion consigue que el espectador se enfrente a los tabús con la risa nerviosa de un niño que juega a decir en alto la palabra "culo" y que disfrute con una historia que, al final, habla del tema más viejo del mundo.

Pillion es el término inglés para designar el paquete. No el paquete de la ingle, que por la temática de esta película podría serlo, sino el paquete que se refiere a la persona que se coloca detrás del conductor en una moto. Pillion, el primer largometraje del británico Harry Lighton, es una película de muchas cilindradas, monos de cuero y pintas de cerveza. Una película de cambiar bujías, mancharse las manos de grasa y hacer derrapes: aquí hay mucha testosterona y alguna que otra cadena de metal. Porque Pillion es una película, con permiso de Rosalía, de motopapis. Es una comedia romántica inusual, muy atrevida y, probablemente, el film más caliente del año, y que vuelve a reapropiarse de la figura del motero como icono gay: porque la chupa de Marlon Brando en Salvaje (1953) tuvo tanto éxito entre los chicos como entre las chicas.

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