Es noticia
'Cumbres borrascosas': mucho ruido (la 'promo' más cansina) y pocas nueces (el sexo más soso)
  1. Cultura
  2. Cine
ESTRENOS DE CINE

'Cumbres borrascosas': mucho ruido (la 'promo' más cansina) y pocas nueces (el sexo más soso)

Emerald Fennell ('Una joven prometedora', 'Saltburn') adapta el clásico de Emily Brontë al universo Instagram

Foto: Jacob Elordi es Heathcliff y Margot Robbie es Cathy en la última adaptación de 'Cumbres borrascosas'. (Warner)
Jacob Elordi es Heathcliff y Margot Robbie es Cathy en la última adaptación de 'Cumbres borrascosas'. (Warner)

No puedes prometer tomate y después vender kétchup. Emerald Fennell arranca su adaptación al cine de Cumbres borrascosas -la énesima desde que William Wyler la rodara en 1939- con la erección de un hombre ahorcado y la oferta de una transliteración sexi, descarada y algo procaz del clásico de las letras inglesas, la única novela escrita por Emily Brontë, publicada en 1847 bajo el seudónimo masculino Ellis Bell. El atractivo principal, aparte de su reparto protagonista, Jacob Elordi como el criado Heathcliff, Margot Robbie como la caprichosa Cathy, era cómo la mirada femenina y feminista de Fennell podría trasladar al siglo XXI una historia de amor decimonónica, pudorosa y romántica, en todos los sentidos. Y, aunque al principio Fennell se arriesga a incorporar pinceladas y pequeñas reflexiones sobre el deseo femenino y el sufrimiento tanto pasional como carnal, jugando con guiños a prácticas BDSM (bondage y sadomasoquismo), Cumbres borrascosas se disuelve como una pastilla de viagra en la boca, pero sin el efecto lúbrico. Porque, finalmente, la directora opta por un relato convencional y plano, revestido, eso sí, de mucho color, mucho decorado caro y mucha fotografía presta para subir a Instagram.

Cumbres borrascosas lo tiene todo para triunfar en la era de la mercadotecnia. Dos protagonistas bellísimos, jóvenes, sensuales y en la cumbre, valga la redundancia, de sus carreras. Dos cuerpos apolíneos que hacen salir el sol de la fantasía, icono juvenil él por su papel en la serie Euphoria, estandarte femenina ella por su Barbie en carne y hueso, embebidos ellos en una historia de amor trágico, en un Romeo y Julieta victoriano de traiciones, pasión y brechas de clase. Y una promoción extenuante y cansina.

Linus Sandgren, director de fotografía de La, La, Land (2016), Babylon (2022) y quien ya había trabajado con Fennell en Saltburn (2023), y la diseñadora de producción Suzie Davies (Saltburn; Cónclave, 2024) han construido unos escenarios suntuosos, que cabalgan -como los protagonistas- entre la estética Disney y el dramatismo pictórico de Las zapatillas rojas (1948), de Michael Powell y Emerich Pressburger, aunque infinitamente menos ingenioso y más superficial. La que escribe no puede evitar llorar euros al mirar escenografías dispendiosas tan desaprovechadas.

placeholder Shazad Latif es el pánfilo y entregado Edgar. (Warner)
Shazad Latif es el pánfilo y entregado Edgar. (Warner)

Cumbres borrascosas es una novela centrada en la pasión contenida entre dos clases sociales irreconciliables. ¿Qué podría aportar al ahora una revisión de una sociedad tan diferente a la nuestra? ¿Cómo releer hoy esos códigos asexuados atravesados, esos arrebatos celotípicos, ese encorsetamiento del amor en tiempos de enaguas?

Cathy (interpretada en la edad adulta por Margot Robbie) es la hija caprichosa y aventurera de un terrateniente venido a menos que dilapida su fortuna en alcohol y juego. Los excesos catalizan los exabruptos violentos del señor Earnshaw (Martin Clunes), que tiene atemorizado al servicio de la finca decadente, que responde al nombre de Cumbres borrascosas. Allí vive también Nelly (Hong Chau), que es la hija bastarda y secreta de otro noble y que trabaja como dama de compañía de Cathy.

placeholder Hong Chau es Nelly, la dama de compañía de Cathy. (Warner)
Hong Chau es Nelly, la dama de compañía de Cathy. (Warner)

En una noche de farra, el señor Earnshaw trae consigo a la casa a un huérfano sin hogar, al que acoge como criado y Cathy bautiza con el nombre de Heathcliff (que más tarde será Jacob Elordi). Heathcliff y Cathy se hacen amigos y confidentes, y crecen juntos, hasta que su relación fraternal se transforma, más que en amor, en la devoción de él por ella. Con el paso del tiempo, se despiertan las hormonas y los instintos, y la tensión sexual no resuelta entre ellos se hace evidente ante todo el mundo, aunque ellos se niegan a asumirla. Un criado huérfano jamás podría ayuntar con una terrateniente. Resumen: drama.

Sin embargo, Fennell, muy acertadamente, renuncia al drama visceral y propone una aproximación en la que cabe la comedia y la aventura. Pero su acercamiento es demasiado superficial e impostado como para que el amor trágico de la pareja acabe emocionando. Fennell se preocupa más por conseguir un plano vistoso tras otro que por unos personajes carentes de la mínima complejidad ni vida, meros arquetipos sobre el papel. Quien más sufre el abandono a su suerte es el personaje de Edgar (Shazad Latif), el rival amoroso de Heathcliff, que -en teoría- queda deslumbrado por la campechanía y la belleza de Cathy, pero que en la práctica parece carente de interés por la joven. Latif se dedica a llenar el cuadro, inapetente, como un mueble más de su mansión.

placeholder Amar en tiempos de enaguas. (Warner)
Amar en tiempos de enaguas. (Warner)

Visualmente, Cumbres borrascosas parece más un fashion film -las piezas audiovisuales que producen las revistas de moda- que una película al uso: Fennell mezcla arte contemporáneo con una estética victoriana donde habitaciones monocromas en blanco, rojo o verde acompañan al elaborado diseño de vestuario. Tantos trajes confeccionados para que el personaje de Cathy los exhiba un nanosegundo en el metaverso. Más lágrimas de euros. Los anacronismos de la María Antonieta de Sofía Coppola bajaban a la tierra de las Converse(™) y humanizaban al mito histórico, pero Fennell no consigue que su apuesta vaya más allá de lo somero. Incluso los encuadres, con las figuras muy centrales en fondos monocromos o desenfocados, parecen estar listos para que los transformen al formato vertical de Instagram o TikTok. Ya Saltburn adolecía de un manierismo incómodo, pero en Cumbres borrascosas se vuelve recalcitrante.

Lo que en principio se prometía pasión desenfrenada y sin cortapisas se convierte en pacatería, en un dispositivo mecánico hacia la cámara del Hollywood puritano: sexo con los botones de la camisa abrochados hasta la nuez, sexo maquinal y ortopédico, sexo con pantuflas: el antieros. Tampoco termina de funcionar el juego de celos de la segunda parte de la película, ni el humor negro en la relación sadomasoquista de la infantil Isabella (hermanastra o algo así de Edgar, interpretada por Alison Oliver) ni la crueldad de todos los personajes con todos. Todo está en su sitio, pero está muerto. Todo son fotografías estáticas, por mucho que Jacob Elordi -y esa edición de sonido de su voz grave- y la luminosísima Margot Robbie se entreguen a la película conscientes del taquillazo que, previsiblemente, tienen entre manos. No hay una idea, reflexión o imagen mínimamente interesante o novedosa sobre los amores tóxicos, salvo el gran acierto de trasladar el regusto por el sufrimiento al plano carnal, acierto que no termina de explotar y queda olvidado en un mar de lugares comunes y subrayados.

Fantasear con lo que pudo ser y no fue es absurdo, también al hablar de una película, así que no queda más que reconocer una película entretenida pero hueca, un anacronismo en sí misma, al tiempo que paradójicamente es hija absoluta de su tiempo, en el que la estética vaciada se impone al relato y a la búsqueda y el hurgamiento en nuestras imperfecciones y defectos, que son lo que nos hace, al fin y al cabo, humanos.

No puedes prometer tomate y después vender kétchup. Emerald Fennell arranca su adaptación al cine de Cumbres borrascosas -la énesima desde que William Wyler la rodara en 1939- con la erección de un hombre ahorcado y la oferta de una transliteración sexi, descarada y algo procaz del clásico de las letras inglesas, la única novela escrita por Emily Brontë, publicada en 1847 bajo el seudónimo masculino Ellis Bell. El atractivo principal, aparte de su reparto protagonista, Jacob Elordi como el criado Heathcliff, Margot Robbie como la caprichosa Cathy, era cómo la mirada femenina y feminista de Fennell podría trasladar al siglo XXI una historia de amor decimonónica, pudorosa y romántica, en todos los sentidos. Y, aunque al principio Fennell se arriesga a incorporar pinceladas y pequeñas reflexiones sobre el deseo femenino y el sufrimiento tanto pasional como carnal, jugando con guiños a prácticas BDSM (bondage y sadomasoquismo), Cumbres borrascosas se disuelve como una pastilla de viagra en la boca, pero sin el efecto lúbrico. Porque, finalmente, la directora opta por un relato convencional y plano, revestido, eso sí, de mucho color, mucho decorado caro y mucha fotografía presta para subir a Instagram.

Cartelera y estrenos de cine Críticas de cine Cine
El redactor recomienda