La carrera hacia los Oscar 2026 ya ha dejado un primer gran titular. Los pecadores, el relato de vampiros dirigido por Ryan Coogler, ha hecho historia al convertirse en la película más nominada de todos los tiempos, con 16 candidaturas, superando a clásicos como Titanic o La La Land. Muy cerca aparecen otros títulos llamados a marcar la temporada, como Una batalla tras otra (13), Marty Supreme, Valor sentimental y Frankenstein. Entre ellas, hay una que ya puede verse en Netflix y que se ha colado en las conversaciones con fuerza: la nueva Frankenstein de Guillermo del Toro.
La adaptación del clásico de Mary Shelley se ha configurado ya como una de las grandes apuestas del año para la Academia. El filme compite, entre otras categorías, por Mejor Película, Mejor Guion Adaptado y Mejor Actor de Reparto, candidatura que ha recaído en Jacob Elordi por su interpretación de la Criatura. Un reconocimiento que no ha sorprendido a quienes llevan meses siguiendo el recorrido de una obra que debutó en el Festival de Venecia y que desde su llegada a Netflix ha despertado un notable interés entre el público.
Guillermo del Toro llevaba más de una década intentando levantar este proyecto, al que siempre ha definido como uno de los grandes sueños de su carrera. Su Frankenstein no busca reinventar la historia desde el espectáculo puro, sino volver al espíritu trágico y humano de la novela original, alejándose del icono clásico del cine de terror para ofrecer una lectura más emocional y contemporánea. El resultado es una película de ciencia ficción con alma de drama gótico, marcada por la obsesión, la culpa y la necesidad de afecto.
El reparto es uno de los grandes pilares del filme. Oscar Isaac da vida a un Víctor Frankenstein obsesivo y atormentado, mientras que Jacob Elordi sorprende con una Criatura frágil, inteligente y profundamente herida por el rechazo. Junto a ellos, Mia Goth interpreta a Elizabeth, un personaje clave en el vínculo emocional del relato, y Christoph Waltz aporta matices inquietantes a un elenco que se completa con nombres como Charles Dance o Lars Mikkelsen.
Entre las decisiones más comentadas está el enfoque visual de algunas escenas, rodadas a 36 fotogramas por segundo en lugar del estándar habitual. Del Toro utiliza este recurso de forma puntual para intensificar la carga emocional de los encuentros más íntimos, especialmente los que implican a la Criatura, subrayando su vulnerabilidad y su deseo de ser aceptada. Es un detalle técnico poco común que encaja con la ambición artística del proyecto.
Otro de los aciertos del filme es su reinterpretación del monstruo, mucho más cercana a la descripción literaria de Shelley que a la imagen popularizada por el cine clásico. Aquí no hay un ser puramente aterrador, sino un personaje complejo que reflexiona, sufre y reclama un lugar en el mundo.
Con una duración cercana a las dos horas y media y un presupuesto que ronda los 120 millones de dólares, Frankenstein se ha consolidado como una de las grandes producciones originales de Netflix en los últimos años. Las nueve nominaciones al Oscar no hacen más que reforzar la sensación de estar ante una obra destinada a perdurar más allá de la temporada de premios.
La carrera hacia los Oscar 2026 ya ha dejado un primer gran titular. Los pecadores, el relato de vampiros dirigido por Ryan Coogler, ha hecho historia al convertirse en la película más nominada de todos los tiempos, con 16 candidaturas, superando a clásicos como Titanic o La La Land. Muy cerca aparecen otros títulos llamados a marcar la temporada, como Una batalla tras otra (13), Marty Supreme, Valor sentimental y Frankenstein. Entre ellas, hay una que ya puede verse en Netflix y que se ha colado en las conversaciones con fuerza: la nueva Frankenstein de Guillermo del Toro.