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Mstyslav Chernov, candidato al Oscar con '20.000 metros hasta Andriivka': "Una cámara no puede detener las balas ni devolver la vida a un niño"
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Mstyslav Chernov, candidato al Oscar con '20.000 metros hasta Andriivka': "Una cámara no puede detener las balas ni devolver la vida a un niño"

Entrevista al reportero de guerra ucraniano, ganador de la estatuilla dorada en 2024 por '20 días en Mariúpol', que presenta en Filmin su doloroso y necesario segundo documental

Foto: Parte de la brigada ucraniana responsable de la recuperación del territorio, en el documental '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)
Parte de la brigada ucraniana responsable de la recuperación del territorio, en el documental '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)

Uno no siempre está preparado para confrontar los horrores de la guerra. En un mundo hiperconectado, donde la información se sirve a todas horas y por todos los medios, se elige cada día apagar ese interruptor mental, especialmente cuando la saturación sobre las noticias del mundo hace la vida más asfixiante. Por suerte o por desgracia, hay documentales que invitan a seguir cuestionando la información que llega a través de las antenas, y aproximar los conflictos bélicos como nunca antes los habíamos vivido. Lo hizo el reportero de guerra y documentalista ucraniano Mstyslav Chernov, con su largometraje 20 días en Mariúpol (2024), premiado con el Oscar, y lo ha vuelto a hacer con una terrible (entiéndase el motivo) segunda pieza, de obligado visionado.

La candidata al Oscar 20.000 metros hasta Andriivka está disponible en Filmin desde el pasado 9 de enero, y en ella el propio Chernov acompañó en 2023 a una brigada ucraniana a través de una delgada línea boscosa, rodeada de minas, durante los últimos metros hasta la recuperación de una aldea abandonada tras ser tomada por el ejército ruso. Por sus imágenes desfila la masacre sin ningún tipo de poética ni victimismo, pero también la camaradería, la esperanza, y un doloroso retrato de los jóvenes soldados que se ven empujados voluntariamente a una tragedia más que probable.

Este jueves, El Confidencial se ha reunido con Chernov, en una videollamada donde el realizador, por cuestiones de seguridad, no ha querido explicar su localización. “Son días muy difíciles”, comentaba con pesadumbre, en apenas unos segundos de haber iniciado la conversación, “Ucrania está en condiciones muy duras. Estamos a 15 grados bajo cero. Todo mi equipo está ahora mismo en Kiev y no tienen electricidad ni agua. Es realmente duro. Están ocurriendo tantas cosas al mismo tiempo en la política mundial que esto ha dejado de ser una prioridad y, por desgracia, casi nadie habla de ello”.

PREGUNTA. ¿Sientes que la guerra de Ucrania ha pasado a un segundo plano?

RESPUESTA. No puedo juzgarlo en términos de posiciones, porque eso sería como hablar de programas de televisión compitiendo entre sí, y no es el caso. Incluso teniendo en cuenta que presentamos películas sobre distintos países, problemas diferentes, y que la gente decide verlas o no, para mí esto no es una película. Para mí es la realidad cotidiana de mi vida: mis amigos están muriendo y mi ciudad está siendo atacada. Es frustrante que Ucrania no sea el centro de atención, pero como periodista y cineasta entiendo que hay muchos otros problemas en el mundo y habrá más. Así que tenemos que aprender a afrontarlo nosotros mismos.

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P. Cuesta encontrar las palabras para hacer una pregunta adecuada después de todo lo que has vivido y mostrado en 20.000 metros hasta Andriivka. ¿Cómo se vive después de haber cubierto profesionalmente tantos conflictos?

R. Mi carrera en el cine y en el periodismo de guerra comenzó con la invasión rusa de Ucrania. No fue una elección, fue una necesidad a la que nos enfrentamos muchas personas de mi generación cuando ocurrió en 2014: escritores, fotógrafos, videógrafos, periodistas y cineastas. Ojalá no tuviera que hacer películas sobre la guerra. Ojalá estuviera haciendo un documental sobre la naturaleza o una comedia. Pero estamos donde estamos. Cuanto más veo a personas como Fedya, uno de los protagonistas de nuestra película 2000 metros hasta Andriivka, y a mis amigos, a mi comunidad, a otros ucranianos viviendo este infierno, esta pesadilla de la que no podemos despertar, más fuerza encuentro para seguir. ¿Cómo podría parar? ¿Cómo podría dejar de hacer lo que hago después de ver niños asesinados por bombas rusas en Mariúpol, cuerpos en las calles de Bucha ejecutados por las fuerzas rusas, o mi ciudad, mi hogar, bombardeados por misiles rusos? No puedo. Tengo que continuar.

placeholder Fotograma del documental '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)
Fotograma del documental '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)

P. Es muy duro ver tu película anterior, 20 días en Mariúpol. Pero con 20.000 metros hasta Andriivka, por primera vez en mucho tiempo, llegué a cuestionar si sería capaz de terminarla. ¿Ha habido alguna imagen que hayas pensado que era demasiado dura para mostrar?

R. Sí, por supuesto, muchas. Como ucraniano y como testigo de todo esto, entendiendo nuestro deber de mostrar las atrocidades y las dificultades que sufre Ucrania bajo el ataque ruso, tuvimos que caminar por una línea muy fina entre el realismo y no blanquear la guerra, pero presentarla de la forma más honesta posible al público. En 20.000 metros hasta Andriivka sabíamos que el público está cansado y sensible, rodeado de tragedias. Lo tratamos con mucho cuidado. La violencia en pantalla es limitada. Es una experiencia emocional y profunda, porque estar en una zona de guerra lo es. Pero no diría que sea difícil de ver. Por desgracia, puede resultar incluso estimulante, y eso dice algo sobre nosotros como seres humanos. Los momentos de humanidad entre las batallas son los más importantes. Es vital recordar qué nos hace humanos.

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P. Has grabado imágenes muy duras y poderosas. En la película de Mariúpol, se plantean cuestiones sobre la capacidad de las imágenes para cambiar el curso de un conflicto de semejante escala. Después de estas dos películas, ¿esperabas otro tipo de respuesta por parte de la política mundial?

R. Esperar cambiar el mundo o detener una guerra con una película conduce a la decepción. Una cámara no puede detener las balas ni devolver la vida a un niño. Para detener una guerra se necesita el esfuerzo de muchos países, políticos, ejércitos y tiempo. Mi deseo es que estas películas aporten contexto. Cuando se habla de ceder territorio ucraniano para lograr la paz, 2000 metros hasta Andriivka explica lo que esa tierra significa para los ucranianos. Cada metro es la vida de alguien, su sangre y su hogar. Si quienes toman decisiones ven la película y entienden ese contexto, eso es todo lo que puedo pedir.

P. Todo lo que queda detrás de esos cuerpos, son esas familias en duelo.

R. Incluso perder un lugar sin luchar por él ya duele. ¿De dónde eres?

De España.

R. Imagina que tu ciudad natal es ocupada y entregada a un invasor. Nadie aceptaría eso. Es natural que los ucranianos sientan dolor y quieran hablar de ello.

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Fotograma del documental '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)

P. En esta última película, ¿por qué era tan importante rescatar Andriivka? ¿Fue por razones estratégicas o simbólicas?

R. [Bromea] ¿Sabes que el gato que rescatamos también se llama Andriivka? Era muy importante rescatar a Andriivka, el gato.

Recuerda que era el verano de 2023. Fue la mayor operación militar desde la Segunda Guerra Mundial. Ucrania estaba en un camino para liberar territorios ocupados por Rusia, algunos desde hacía años y otros desde 2022. Había enormes expectativas. Aunque no se cumplieron del todo, cada pueblo, cada ciudad y cada kilómetro liberado importó. No solo estratégicamente, sino también simbólicamente. Toda la nación se despertaba cada mañana leyendo las noticias, los canales de Telegram, Instagram, esperando un nuevo nombre. Cada nombre liberado daba esperanza. No iba de kilómetros la cosa. Iba de si como nación podíamos plantarle cara a un abusón. Un país con cientos de armas nucleares, millones de soldados, al que el mundo entero teme. Y, de repente, los ucranianos no solo no tuvieron miedo, sino que contraatacaron. Creo que eso es extraordinario. Es como una referencia de la cultura popular: “hacer sangrar a un Dios”. Demostrar que no son tan fuertes.

P. En Mariúpol llevabas la acreditación de prensa mientras grababas, pero en Andriivka hay un momento en el que dices que era contraproducente llevarla. ¿Ha intensificado Rusia los ataques contra periodistas?

R. Para ser honestos, ya nos estaban cazando en Mariúpol. Los periodistas eran objetivos en Mariúpol y al inicio de la guerra. En todas las décadas que he trabajado como periodista en distintas zonas de conflicto, los periodistas siempre han sido un objetivo. Lo que ocurre es que ahora se ha normalizado, incluso en países considerados democráticos. Y en regímenes totalitarios o autoritarios como Rusia, la información es un arma. Atacan a los periodistas que exponen sus crímenes de guerra o tienen una visión contraria. Sabemos que somos objetivos, pero las armas actuales son tan precisas y letales que, a 20 kilómetros de la línea del frente, en la llamada zona gris, te conviertes rápidamente en un objetivo de drones. Solo puedes esconderte. Eres un objetivo prioritario. Las personas caminando por el bosque con una bandera, como hacemos nosotros siguiendo a Fedya, sabiendo que la imagen de esa bandera es incluso más importante que izarla, saben que se convierte en objetivos.

P. Has hablado antes de la importancia de los momentos de mayor humanidad mostrados en 20.000 metros hasta Andriivka. ¿Crees que algunos soldados evitan encariñarse con sus compañeros por lo que pueda pasarles a posteriori?

R. No, creo justo lo contrario. Cuando la muerte camina a tu alrededor, o te sobrevuela como un buitre, la persona que está contigo en una trinchera se convierte en tu mundo. Una araña, un ratón, un gato lo son… pero, sobre todo, el amigo que está a tu lado. Ahí es donde surge la verdadera conexión humana, en medio del caos y de la muerte. Desde el inicio de la historia, los soldados no solo luchan por ideas abstractas como el patriotismo, sino por la persona que tienen al lado, hombro con hombro. Esa conexión humana es la razón por la que Ucrania ha sobrevivido: somos una comunidad muy unida y sentimos la necesidad de protegernos unos a otros.

P. También agradeces en la película la posibilidad de volver a casa, con tu familia. ¿Pensaste que saldrías con vida de Andriivka?

R. Nunca piensas que vas a morir. Esa es la paradoja de la mente humana: siempre es un poco demasiado optimista, incluso en las peores condiciones. Cada soldado en una trinchera cree que no va a morir, aunque el de al lado sí pueda hacerlo. Por eso valoras esa conexión. No piensas en morir, piensas en sobrevivir. En sobrevivir para hacer la película.
En sobrevivir para contar la historia. En volver con la gente que amas. Eso te da más energía. Da miedo, mucho miedo. Pero superar el miedo y conectar con quienes te rodean es lo que permitirá que sobrevivamos como comunidad y como humanidad.

placeholder Mstyslav Chernov, candidato al Oscar en 2026 por '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)
Mstyslav Chernov, candidato al Oscar en 2026 por '20.000 metros hasta Andriivka'. (Filmin)

P. ¿Crees que habrá un alto el fuego en algún momento?

R. Todas las guerras terminan. Pero suelen terminar cuando ya no hay avances en el campo de batalla. El verdadero final llegará cuando Rusia entienda que no puede avanzar y que está perdiendo. Ucrania ha aceptado todas las propuestas de paz que se han planteado. Ha movido líneas rojas. Rusia no, porque cree que está ganando, aunque no sea cierto. La paz llegará cuando Rusia sienta que no puede avanzar más.

Uno no siempre está preparado para confrontar los horrores de la guerra. En un mundo hiperconectado, donde la información se sirve a todas horas y por todos los medios, se elige cada día apagar ese interruptor mental, especialmente cuando la saturación sobre las noticias del mundo hace la vida más asfixiante. Por suerte o por desgracia, hay documentales que invitan a seguir cuestionando la información que llega a través de las antenas, y aproximar los conflictos bélicos como nunca antes los habíamos vivido. Lo hizo el reportero de guerra y documentalista ucraniano Mstyslav Chernov, con su largometraje 20 días en Mariúpol (2024), premiado con el Oscar, y lo ha vuelto a hacer con una terrible (entiéndase el motivo) segunda pieza, de obligado visionado.

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