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'Sueños de trenes': ¿Quién necesita la gran pantalla?
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PLANES DE FIN DE SEMANA

'Sueños de trenes': ¿Quién necesita la gran pantalla?

Hemos visto la mayoría de nuestras películas favoritas en un televisor, aunque se idealiza la experiencia en salas

Foto: Fotograma de la película 'Sueños de trenes'. (Netflix)
Fotograma de la película 'Sueños de trenes'. (Netflix)

Hubo un tiempo, no corto, en que los grandes estudios de cine eran los malos, los enemigos del cine auténtico, que sólo preservaba para nuestros ojos la producción independiente. Los ejecutivos de estos grandes estudios sólo pensaban en dinero, hacían películas horribles y saboteaban la creatividad de los genios. Ahora los grandes estudios son los buenos.

Eso se deduce del pleito entre Netflix y Warner Bros., según opinan con un punto de desesperación Spielberg y muchos otros directores. Netflix quiere comprar este gran estudio, lo que supondrá el fin del cine como se conocía. No habrá estrenos masivos en salas, ni permanencia de la película durante meses en la cartelera. Esto acaba con la experiencia del espectador, que sin muchos metros cuadrados de pantalla delante no es capaz de disfrutar de una película.

Esta tesis fetichista es compartida por todos los que saben de cine, como el propio Tarantino. No es lo mismo, nos dicen, ver una película en casa que verla en el cine. No es lo mismo al punto de que casi no has visto una película si sólo la has visto en tu casa. Por un lado, es llamativo que ahora Warner Bros. represente de pronto el cine verdadero, después de lo que apuntamos más arriba: que durante décadas nos dijeron que los grandes estudios eran el cáncer de un arte. Netflix se ha convertido en el cáncer del arte cinematográfico, y sólo hay sitio para un demonio en este evangelio, así que Warner Bros. ha pasado automáticamente al bando angelical.

Por otro lado, pensándolo un poco, no acabo de compartir la pasión por las salas de cine. Como voy a menudo, tengo algo que decir: no me gusta la gente. La supuesta experiencia comunal de ver una película junto a desconocidos es generalmente insufrible, desde los numerosos espectadores que llegan tarde a los numerosos espectadores que hablan y tosen sin parar durante la proyección o tardan quince minutos en desenvolver un caramelito. Por no hablar de los que son demasiado altos, y su altura se vuelve parte de tu película.

Voy al cine a menudo y no me gusta la gente. La experiencia comunal de ver una película junto a desconocidos es generalmente insufrible

Técnicamente, la sala de cine actual ofrece un reguero de luces de posición y emergencia que te despista enormemente; el sonido envolvente es ridículo, suenan cosas a tu espalda y no sabes si otro espectador ha sufrido un ataque al corazón o se ha caído un extintor. No sé a quién se le ocurrió que el sonido de algo que observas de frente tiene lógica que te llegue desde atrás. Finalmente, he visto trailers fascinantes, con imágenes bellísimas, que luego en la pantalla grande (que carece de la retroalimentación lumínica de un televisor o incluso de un móvil) palidecen. También hay mucha gente que tiene en casa televisores casi tan grandes como las pantallas de cualquier cine de versión original.

Debemos reconocer además que si a un cinéfilo le preguntas por sus veinte películas favoritas de la historia, dieciocho por lo menos las habrá visto en la tele de su casa. Nadie asistió al estreno de una película primitiva de Godard, de Eisenstein o de Orson Welles. Esto no impide al cinéfilo señalar Ciudadano Kane entre las mejores películas que ha visto en su vida. Lo único que a mí me sigue llevando al cine es el encierro. Yendo al cine, estando encerrado, habiendo pagado, sé que casi siempre voy a verme la película de un tirón. En casa, con tanta corrupción, acaba uno parando la cinta para ver cómo va la corrupción.

'Sueños de trenes' es extraordinaria. Hasta en el móvil resultaría más espectacular que 'Jurassic World: el renacer' vista en la pantalla más grande

Sueños de trenes se ha estrenado directamente en Netflix, lo que contradice todas las tesis de los puristas del cine. Es una película extraordinaria, destinada a un público minoritario, que ofrece sobre todo una experiencia sensorial. Hasta vista en el móvil (por decir) resultaría más espectacular que Jurassic World: el renacer vista en la pantalla más grande del mundo.

'Sueños de trenes'

La cinta está dirigida por Clint Bentley, que adapta una novela corta de Denis Johnson, del mismo título. La apuesta recuerda a otra novela: Stoner, de John Williams. Se trata de trasladar la vida más anodina posible al papel o a la pantalla, tratando de entender qué puede haber de maravilloso en una vida donde no hay épica ni éxito, sólo repetición. Una persona que vivió como cualquier otra. Esa es la película.

Sueños de trenes nos muestra la vida de un leñador a principios del siglo XX. Es un trabajo duro, nómada, lo que no le impide formar una familia. La película parece encadenar escenas inconexas, pues renuncia a una trama propiamente dicha, lo que genera a medio metraje una sensación nada común: que puede pasar cualquier cosa, o no pasar nada. Como en la vida misma.

placeholder Felicity Jones y Joel Edgerton en la película 'Sueño de trenes'. (Netflix)
Felicity Jones y Joel Edgerton en la película 'Sueño de trenes'. (Netflix)

Bentley toma una decisión arriesgada: filmar en un formato que no ocupa todo el ancho del reproductor de Netflix. La relación de aspecto de Sueños de trenes es casi cuadrada, lo que subraya la intimidad de lo que observamos. La fotografía es hermosa, entre húmeda y ardiente (se ha rodado mucho con luz del amanecer), y la música acompaña sin soberbia. Muchas imágenes recuerdan a las películas más felices de Terrence Malick (El árbol de la vida), pero sin llegar a la cursilería o el manierismo de un Andrew Dominik (El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford). Apenas hay diálogos sustanciales, sólo una voz en off (lectura directa de la novela, suponemos) que nos da apuntes precisos sobre lo que estamos viendo.

El resultado de este esfuerzo técnico es de primer orden: poesía. No he necesitado ver Sueños de trenes en la gran pantalla para que se me meta bajo la piel y corra por mis venas. Hay imágenes familiares (padre con hija) tan emocionantes y verdaderas que no recuerdo una película que las haya hecho mejor. Joel Edgerton y Felicity Jones componen una pareja perfecta. Por ahí, la película parece conservadora, pues sólo trata de la familia, el trabajo, el dinero, salir adelante, ser honrado y llevar comida a la mesa. Todo con la gran América natural de fondo. Sin embargo, también es progresista, pues diversas escenas nos hablan de diversidad cultural y racial y de infamias cometidas contra los inmigrantes. En la vida del leñador hay un gran amor, una gran tragedia, un tiempo de hacer y un tiempo de saberse viejo. La palabra que define este viaje es epifanía. En algún momento, la persona más indistinguible del mundo puede entenderlo todo, y sentirse pleno.

Sueños de trenes es la mejor película estadounidense del año.

Hubo un tiempo, no corto, en que los grandes estudios de cine eran los malos, los enemigos del cine auténtico, que sólo preservaba para nuestros ojos la producción independiente. Los ejecutivos de estos grandes estudios sólo pensaban en dinero, hacían películas horribles y saboteaban la creatividad de los genios. Ahora los grandes estudios son los buenos.

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