La directora que habla de monjas de la generación Z: "La clausura genera rechazo"
Hablamos con Alauda Ruiz de Azúa sobre su largometraje 'Los domingos', que triunfó en San Sebastián y que explora el amor y, especialmente, la fe (sin sermones), en una sociedad que ya no la necesita
La directora Alauda Ruiz de Azúa durante el rodaje de 'Los domingos'. (Cedida/David Herranz)
Los jóvenes españoles sienten un creciente interés por las festividades religiosas y van más a misa que el resto de la población (si exceptuamos a los mayores de 75 años), según datos del barómetro del CIS. Suena extraño en un mundo tan secularizado como el occidental, pero, ¿acaso no es la espiritualidad una de esas cualidades que nos hacen humanos? La fe pertenece a la intimidad de cada uno, y, sin embargo, es normal arquear las cejas al oír hablar de radicalismos o fanatismos religiosos. Y, ¿hay algo más radical que abandonar a los tuyos y encerrarte en vida porque has sentido la llamada y no puedes luchar contra ella?
El nombre de Alauda Ruiz de Azúa comenzó a escucharse por primera vez en 2022 gracias a su primer largometraje,Cinco lobitos, que ofrecía un relato complejo de la maternidad y los cuidados, y que le valió tres premios Goya en la ceremonia del año siguiente. Quererfue la miniserie con la que nos sorprendió el año pasado, una historia sobre los secretos que las familias esconden de puertas para dentro y sobre el consentimiento sexual en el matrimonio. Ahora nos sorprende (de nuevo) con Los domingos, que se estrena este próximo viernes, arrasó en el pasado festival de San Sebastián y el cual es, probablemente, su mejor trabajo hasta la fecha.
Los domingos es la historia de Ainara (Blanca Soroa), una joven de 17 años que perdió a su madre siendo muy pequeña y que ha visto en las monjas de la congregación religiosa de su colegio un refugio en el que se siente escuchada y protegida. Cuando todo el mundo de su edad está planteándose qué carrera elegir de cara a la universidad, Ainara solo puede rogar a Dios que no la llame, no la elija y no la "invite" a hacerse monja de clausura. Una decisión que su familia (capitaneada por su tía Maite, una como de costumbre maravillosa Patricia López Arnáiz) lógicamente no ve con buenos ojos, y que provoca un cisma para todos. Con Los domingoshabría sido fácil caer en el maniqueísmo o la crítica facilona, pero Ruiz de Azúa es una cineasta extremadamente capaz e inteligente, por lo que se limita a mostrarnos la realidad objetivamente, para que seamos los espectadores los que forjemos nuestra propia opinión acerca de un sentimiento tan humano y difícil de entender como es la fe religiosa.
Nos confiesa Alauda Ruiz de Azúa, sentada en la cafetería de la Fundación Telefónica en Madrid, que es una directora bastante intuitiva y no tiene un tema concreto que le obsesione (ahora está comenzando un guion junto a Eduard Solà para Movistar+ sobre las plataformas estilo OnlyFans, lo que se aleja bastante de la temática de Los domingos), aunque hay un hilo conductor que une y vertebra sus tres trabajos principales: la familia. O, más bien, el cuestionamiento de la institución familiar. "Siempre se presenta como refugio, pero muchas veces puede ser lo contrario", señala. "También está la dificultad de elegir tu propia familia: solemos perpetuar la que nos ha tocado, aunque no sea perfecta. Esa idea atraviesa mis trabajos de distintas maneras".
"La familia siempre se presenta como refugio, pero muchas veces puede ser lo contrario"
Pero Los domingos surgió de la simple curiosidad. "Suelo sentirme atraída por escenarios incómodos o difíciles de juzgar, en los que tengo más preguntas que respuestas. Los dilemas éticos me empujan a querer saber más", señala. Aunque ella es fruto de una educación laica y de una familia no creyente, las monjas de clausura le generaban curiosidad porque le resultaban algo casi exótico, ajeno y fascinante. "El hecho de que alguien tan joven tome una decisión así... luego, al documentarme, supe que estas vocaciones generan muchos conflictos familiares, y eso aumentó mi interés por el viaje emocional dentro de la familia. Desde el principio mantuve un enfoque humanista: quería entender, ser rigurosa y respetuosa".
Patricia López Arnáiz en el rodaje de 'Los domingos'. (Cedida/David Herranz)
"Cuando hablé con personas que habían hecho procesos de discernimiento vocacional —algunas entraron en una orden, otras no, otras salieron después—, todas coincidían en que anunciar una vocación, sobre todo de clausura, genera rechazo y desconcierto. No creo que se deba solo a la falta de espiritualidad actual: tiene más que ver con cómo entendemos las renuncias. Desde fuera solo ves lo que se pierde, no lo que se gana. Ellas, en cambio, lo viven como una liberación, no como una renuncia. Son dos visiones del mundo completamente distintas y yo he intentado mostrar ambas en la película y construir la tensión a través de ellas. ¿Cuánto juega lo humano en una vocación religiosa? Si eres creyente, lo entiendes como una intervención divina; si no, buscas interpretaciones desde otro lugar. Yo pensaba en la vulnerabilidad de alguien que ha perdido a su madre, en la familia, en la búsqueda de afecto".
"Desde fuera ves lo que se pierde, no lo que se gana. Ellas, en cambio, lo viven como liberación"
Quizá el personaje de Maite (López Arnáiz) es con el que el espectador puede sentirse más identificado, un personaje anticlerical, que repite que es tolerante con las creencias de los demás, pero que cae en la intolerancia de no aceptar en absoluto las decisiones de su sobrina. "Sirve para explorar lo difícil que es ser realmente tolerante", opina la directora. "Es fácil defender la libertad cuando se trata de otros, pero otra cosa es cuando ocurre dentro de tu familia. Ella actúa desde el amor y la protección: siente que le están robando a su sobrina, que se están aprovechando de su herida. Refleja lo difícil que es acompañar a alguien que quieres y que crees que se equivoca, algo que pasa en muchas familias".
Cartel de 'Los domingos' dirigida por Alauda Ruiz de Azúa. (Foto: Movistar Plus+)
La rigurosidad de la película ha llevado a curiosidades tales como ver a la Madre Priora de un convento utilizando WhatsApp para hablar con el exterior. "Hay muchas órdenes y no todas son iguales, pero en algunas es habitual", explica. "Quise retratarlo desde una mirada documental, mostrando cómo viven realmente estas mujeres, cómo es la clausura en 2025. También he intentado ser rigurosa con lo que ellas me contaban: cómo vivían ese proceso, cómo sentían la llamada. Me interesaba saber qué sensaciones tenían, cómo lo experimentaban emocionalmente, porque eso era lo que yo podía abarcar como directora. No busqué representar lo divino, sino reproducir el viaje emocional de Ainara. Es una decisión que no se vive como una elección consciente: ellas sienten que no pueden decidir, que es Dios quien las llama. Desde fuera parece una elección personal, pero para ellas no lo es. Es otro código de lectura de la realidad".
"Parece una elección personal, pero para ellas no lo es porque sienten que Dios las llama. Es otro código de lectura de la realidad"
Que una película sobre una joven que quiere ser monja esté conectando tanto con el público, sin duda, es llamativo. Ruiz de Azúa se ríe un poco cuando se le pregunta por el secreto: "Ojalá lo supiera. Cuando empezamos el proyecto pensábamos: ojalá interese a mucha gente. No es un tema que esté en la conversación cotidiana, ni en la agenda de nadie. Pero quizá precisamente por eso resulta exótico".
"La vocación religiosa es la excusa para hablar de algo más universal: la vulnerabilidad, la sensación de estar abrumados, la necesidad de creer en algo, de encontrar refugio. Y a veces la familia o la pareja no lo son. Creo que la película toca eso". Habría sido fácil, como decíamos al principio, tratar el tema con una mirada más condescendiente o burlona, al estilo Mike White con la última temporada de The White Lotus, donde el personaje de Piper obliga a su familia a viajar a Tailandia porque (aparentemente) quiere abrazar el budismo y termina —alerta espóiler— lloriqueando porque la comida vegetariana del templo no le parece suficientemente ecológica y la cama de su habitación está llena de lamparones. Pero quizá de esa manera no habría conectado tanto con el público. El personaje de Ainara también llora, pero de una manera particularmente liberadora, cuando descubre por fin qué es lo que Dios parece querer de ella y para ella.
Una especie de éxtasis religioso, por qué no, que llega a los cines este viernes 24 de octubre.
Los jóvenes españoles sienten un creciente interés por las festividades religiosas y van más a misa que el resto de la población (si exceptuamos a los mayores de 75 años), según datos del barómetro del CIS. Suena extraño en un mundo tan secularizado como el occidental, pero, ¿acaso no es la espiritualidad una de esas cualidades que nos hacen humanos? La fe pertenece a la intimidad de cada uno, y, sin embargo, es normal arquear las cejas al oír hablar de radicalismos o fanatismos religiosos. Y, ¿hay algo más radical que abandonar a los tuyos y encerrarte en vida porque has sentido la llamada y no puedes luchar contra ella?