Mario Casas ya no es el ídolo adolescente que recuerdas y ahora tiene otras prioridades: "Las cosas llegan con la edad"
'Muy Lejos', la ópera prima de Gerard Oms, ha triunfado en Málaga, y Mario Casas compone su mejor papel hasta la fecha. Hablamos con director y actor sobre la película
Mario Casas posa en el Festival de Málaga, 2025. (Getty/Patricia Garcinuño)
De aquelídolo adolescente que salía en las series más famosas de la época (El barco, Los hombres de Paco), protagonista de películas de amor basadas en novelas "para chicas" (Tres metros sobre el cielo, Palmeras en la nieve) en realidad queda muy poco. En aquella época se solía criticar a Mario Casas por su escasa dicción, por estar encasillado en sus papeles de malote de barrio, de choni al estilo Pijoaparte de Marsé, pero ahora esa época parece haber quedado muy lejos. Y proféticamente, Muy lejos es el título de la ópera prima de Gerard Oms, que triunfó en el Festival de Málaga y que demuestra que Casas se está consolidando a sus 38 años como actor maduro, que elige con cuidado sus proyectos.
Muy lejos es, como recalca su director, una historia de autodescubrimiento y de búsqueda de la identidad. Un (late) coming of age en el que Sergio (Mario Casas), un hincha del Espanyol, viaja a Utrecht para ver jugar a su equipo y deja a su familia y sus amigos sorprendidos cuando decide quedarse en la fría ciudad y comenzar de cero, sin conocer el idioma o la cultura del país. Tras sufrir un ataque de ansiedad, finge haber perdido su cartera y no poder volver a España, por lo que saltará de trabajo en trabajo precario para intentar vivir otra vida diferente a la que tenía. Ambientada durante la crisis de 2008, la historia no solo habla de la crisis de identidad de Casas, sino de la difícil situación de los inmigrantes que deben adaptarse a otros países en los que también hay inmigrantes "de primera y de segunda" (los que siempre pueden retornar a un hogar más seguro y los que no).
Gerard Oms y Mario Casas son amigos desde hace años, por lo que les ha sido fácil trabajar juntos. Nos reciben en una de las salas del cine Golem de Madrid, donde presentarán su película, que se estrena el 11 de abril, y que, como decíamos, impresionó en Málaga. Se ha hablado de que este es, sin duda, el mejor papel de Casas hasta la fecha. Quizá lo más llamativo de la película es que se trata de la propia historia de Oms: "Los personajes que aparecen son los que cruzaron en mi vida", cuenta el director catalán. "Yo también trabajé en un restaurante turco, conocí a un marroquí que me propuso casarnos para conseguir los papeles, viví en una buhardilla... lo único que me he inventado es el principio de la película. Elegí el mundo del fútbol porque me parecía un arco acertado para enmarcar al personaje, en un mundo heteronormativo y muy tribal. Él lleva el disfraz entero desde el principio, era interesante meter a una persona que se asfixia en un entorno así y hacerlo evolucionar".
En este viaje interior y exterior del personaje, Oms ha decidido hablar de la precariedad sin caer en la condescendencia. Una escena concreta (el personaje de Mario Casas tiene que limpiar los baños del restaurante donde trabaja y se muestra reacio) recuerda irremediablemente a ese entrañable japonés de Perfect Days de Wim Wenders, que disfrutaba de las pequeñas cosas. Pero aquí nos encontramos con la otra cara de la inmigración y los trabajos que nadie quiere hacer: Oms se ha propuesto pegarle una bofetada a todos aquellos que romantizan aquello de marcharse a probar suerte a otros países para vivir "la experiencia de estar fuera", algo bastante frecuente con la famosa fuga de cerebros que se produjo durante la crisis económica.
"Quería hablar del trabajo duro y la emigración pero sin ser condescendiente"
"Me quería acercar mucho al tema de emigrar y de lo social, pero quería hacerlo sin una mirada condescendiente o elevada", señala. "No me gusta el cine social que coloca a la clase trabajadora como humilde. Ellos se lo pasan bien, a pesar del trabajo duro. No quería romantizar el trabajo duro, pero sí enseñar que también había luz en ese lugar. Mi madre ha trabajado toda la vida, mi padre lo ha hecho en fábricas, Mario también... no quería ver a los míos desde un lugar condescendiente".
"La peli va de eso, de mirar al otro y conocerlo, porque creo que el mundo se salva así: dando visibilidad a lo que nos da miedo. Detrás del racismo, el machismo, solo hay desconocimiento. Si te lanzas a ello, tienes la oportunidad de curarte del miedo y de la amalgama de prejuicios que hay, y el arte sirve para dar visibilidad. Esta película habla de las minorías, no solo de lo queer, sino de otras, porque creo que sin reflexión estamos abocados a que la gente se quede solo con el titular, con el clickbait, y eso es muy peligroso. Si no nos tomamos el tiempo para reflexionar (para eso sirve el cine también) estamos abocados al miedo, a la ultraderecha y a los titulares", indica. A su lado, Mario Casas asiente.
El director Gerard Oms (d) y el actor Mario Casas (i) posan en el 'photocall' de la película 'Muy lejos'. (EFE)
En 2023, Mario Casas se estrenó como director de cinecon Mi soledad tiene alas, en la que su hermano Óscar (que también nos acompaña hoy, pero está de perfil bajo, sentado más lejos en el patio de butacas y mirando su móvil) era el protagonista. Ahora, dice tener una visión más completa de lo que son las cosas. "Cuando diriges, sabes más cosas y conoces los tiempos, lo difícil que es sacar una película adelante", cuenta. "Es lo que me ha pasado en mi viaje con Gerard, yo le decía todo el tiempo: disfruta. Porque al final un guion es un hijo, es el arte en todo su esplendor, y el director es como el jefe de la orquesta, pero se dedican a solucionar todo el tiempo y es un sufrimiento. Con Gerard las cosas han pasado de una manera natural porque él es la persona que más me conoce actuando y creamos los personajes juntos. Me gusta eso de haber podido irme a un género más indie con alguien en quien confío mucho, y también hay algo que lo da el tiempo y el hecho de que he podido seguir trabajando, las cosas llegan con la edad".
¿Qué busca Casas a la hora de elegir un guion? "Que el guion me interese", señala, con sencillez. "Vengo de hacer El secreto del orfebre (con Michelle Jenner), una película romántica de tintes clásicos. Lo hago porque el personaje o la historia tienen algo que me atrapa. Me rijo por lo que tienen los guiones, porque hay un reto que me gusta. En la etapa que estoy, pues me apetece dirigir, hacer una segunda película, sacar un proyecto adelante... ojalá pueda llegar a producir algún día, sumergirme en esta industria desde otros lugares porque eso me hace crecer como persona y tener más retos. No es que me aburra, porque amo este trabajo, pero sí soy inquieto".
A Gerard Oms, por su parte, no le preocupa especialmente eso de que se repita que su ópera prima ha llegado en un momento de "madurez". "Es que yo siempre he ido tarde", afirma. "Siempre he tenido esa sensación. Pero está bien, porque al final esta es una historia de identidad (¿qué es la identidad? No lo sé yo tampoco) y una historia tardía de alguien que no vivió en la adolescencia lo que tenía que vivir y lo hace finalmente con 35 años. Es un late coming of age y me parece bien para crear un referente. ¿En qué momento se dice cuándo se pueden vivir las cosas? A mí, una ópera prima me ha llegado a los 40 y, por supuesto, eso tiene muchas cosas buenas. Ha llegado cuando ha llegado y ya está. Ahora, a por lo siguiente".
De aquelídolo adolescente que salía en las series más famosas de la época (El barco, Los hombres de Paco), protagonista de películas de amor basadas en novelas "para chicas" (Tres metros sobre el cielo, Palmeras en la nieve) en realidad queda muy poco. En aquella época se solía criticar a Mario Casas por su escasa dicción, por estar encasillado en sus papeles de malote de barrio, de choni al estilo Pijoaparte de Marsé, pero ahora esa época parece haber quedado muy lejos. Y proféticamente, Muy lejos es el título de la ópera prima de Gerard Oms, que triunfó en el Festival de Málaga y que demuestra que Casas se está consolidando a sus 38 años como actor maduro, que elige con cuidado sus proyectos.