'Wicked': Mágica adolescencia insoportable
La adaptación del famoso musical de Broadway fragua en un apastelado producto para quinceañeras en lo que supone sólo la primera parte
Es difícil anticipar qué vas a ver cuando entras a ver Wicked. En realidad, se trata de una obra culturalmente compleja, cuya génesis puede explorarse hasta más allá de un siglo. Una idea ha sobrevivido, mutado, circulado por la corriente salvaje de lo popular y finalmente fragua en una nueva permutación tan reconocible como traicionera.
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Destilado cultural
Así, la película Wicked es el resultado de filtrar y echar a perder diversas ideas triunfales, que siempre hicieron felices a los niños. El mago de Oz, de Victor Fleming, podrá verse hasta el fin de los tiempos, mientras que Wicked, con Ariana Grande, podrá verse mientras forme parte de nuestro tiempo político. Para 2050, Ariana Grande nos parecerá más pasada de moda que Judy Garland, sin la menor duda.
¿Qué cine es Wicked? De primeras, uno piensa que se trata de una nueva adaptación de El mago de Oz, pero con la bruja del Oeste guía narrativa; algo parecido a Oz el poderoso (2013), con James Franco, muchos efectos especiales y poco más.
Sin embargo, la presencia de Ariana Grande (hablamos de entrar al cine sin saber nada más que esto), hace presagiar que en la película cantan. Y cantan bastante.
En sus primeras escenas, salen dragones, un mundo como de Juego de Tronos con colorines. Sin embargo, enseguida entramos en una escuela de magia, y Wicked pasa a asemejar una versión de Harry Potter hecha con gominolas.
La degradación continúa, hasta que comprendemos que la película se adscribe en verdad al subgénero de la high school movie, los filmes de instituto donde los anhelos de popularidad, los primeros novios y las invitaciones al baile de fin de curso ocupan todo el metraje. Es escalofriante.
Ariana Grande, como Glinda, y Cynthia Erivo, como futura bruja del Oeste, son amiguitas. Alrededor de ellas orbita el alumnado diverso e inclusivo que pone los pelos de punta. Lo hace de una forma extraordinaria. Resulta que la bruja del Oeste nació con la piel verde, y eso ha sido una condena durante toda su vida, pues siente el rechazo de la sociedad. Wicked hace que en una escuela de magos y brujas, donde coexisten todas las razas, orientaciones sexuales y ocurrencias capilares, se muestre animadversión por una persona porque es de color verde. No sé si Jon M. Chu, director del asunto, se ha dado cuenta de esto.
Coger a una actriz negra y pintarla entera de verde me parece mal
También es gracioso que en un sitio donde la gente hace volar mesas y aspira a convertir las sillas en serpientes, alguien se sorprenda porque una mujer es de color verde. Resulta que tener poderes mágicos es normal; ser verde ya es pasarse.
Súmenle a esta confusión ideológica que la actriz elegida para tener la piel verde es de raza negra. A mí esto me ha parecido mal. No me pregunten por qué. Pero coger a una actriz negra y pintarla entera de verde me parece mal.
Ariana Grande hace muy bien de niña superficial que se cree muy guapa y canta. Ninguna canción es memorable, los patrones musicales que se utilizan están todos agotados, y muchas canciones son meramente recitativas: un personaje suelta su parlamento con música de fondo.
Es como 'Moulin Rouge', pero con gente que sabes que nunca va a llegar a ser adulta
Luego hay ecologismo porque los animales hablan, y hay quien quiere que se callen (anhelo no necesariamente incomprensible).
Todo este batiburrillo de buen rollo se nos presenta con muchos lazos, mucho color rosa, mucho decorado (parece que real, aunque uno no sabe cuándo una habitación en Wicked es real y cuándo generada por ordenador). La vaciedad de la película es absoluta. Es como Moulin Rouge (1999), pero con gente que sabes que nunca va a llegar a ser adulta.
Lo mejor es Ariana Grande, porque a veces parece que sus escenas son paródicas, como si se riera de sí misma.
La película dura casi tres horas, y sólo es la primera parte. Se ha tardado más de un siglo en convertir El mago de Oz en una serie para adolescentes.
Es difícil anticipar qué vas a ver cuando entras a ver Wicked. En realidad, se trata de una obra culturalmente compleja, cuya génesis puede explorarse hasta más allá de un siglo. Una idea ha sobrevivido, mutado, circulado por la corriente salvaje de lo popular y finalmente fragua en una nueva permutación tan reconocible como traicionera.