'Maxxxine': cómo una actriz porno sobrevivió a un asesino en serie... y a Hollywood
Ti West pone el broche a su trilogía sobre el cine y la fama con viaje a través del Los Ángeles más sórdido de los ochenta: asesinos en serie, porno, videoclubs y mucha serie B
Mia Goth es Maxxxine Minx, nacida para ser una estrella. (Universal)
Maxine Minx no es una reina del grito al uso. Quizás porque ni siquiera es una reina del grito, virginal y candorosa, que madura y descubre lo que son el sexo y la muerte mientras huye del maníaco de turno. No, Maxine ya sabe el latín de la calle -es actriz de cine porno- y, sobre todo, sabe lo que quiere: convertirse en una gran estrella de cine, de "películas de verdad". Para ello tiene que sobrevivir a la industria, a la competitividad con el resto de actrices, que matarían por un papel, a la oscuridad de los callejones del Los Ángeles de los años ochenta, por los que merodean todo tipo de criminales, como el infame Richard Ramírez, el Acosador Nocturno, uno de los asesinos en serie más populares de la repletísima crónica negra estadounidense. Otra estrella, a su manera. Porque en la cultura del entretenimiento todo el mundo quiere ser famoso, aunque sea por matar.
A Maxine la conocimos en X (2022), la primera entrega de esta trilogía de terror -compuesta, además, por Pearl (2022) y Maxxxine (2024)- que ha marcado la carrera tanto de su director, Ti West, como de su protagonista, Mia Goth. Bendita unión para un cineasta siempre adscrito al género, crecido en el cine independiente -Trigger Man, 2007; La casa del diablo, 2009-, y que anduvo en esta última década algo desubicado entre secuelas y capitulares de series basadas en ordeñar propiedades intelectuales -como Scream (2015) o El exorcista (2017)- hasta que dio con su musa.
Bendito apareamiento -artístico e intelectual- para una actriz díscola y extraterrestre, con una personalidad que arrastra a sus personajes, que comenzó de la mano de Lars Von Trier (Nymphomaniac, 2013), siguió con Gore Verbinski en La cura del bienestar (2015) -una película que no me canso de reivindicar-, Luca Guadagnino (Suspiria, 2018) y Claire Denis (High Life, 2018), y que ha demostrado su preferencia por los caminos más sinuosos y menos convencionales del cine. Por cierto, también la dirigió el asturiano Sergio G. Sánchez en El secreto de Marrowbone (2017), un cuento victoriano heredero de Henry James.
Tráiler de 'Maxxxine'
A lo largo de sus tres películas, ambientada X en los años setenta -década en la que surge la industria del cine porno gracias a la popularización del Super 8-, Pearl a finales de la Primera Guerra Mundial -dominio del melodrama romásntico- y Maxxxineen los años ochenta del VHS -una época recurrente en la filmografía del director-, West y Goth exploran la evolución de la sexualidad femenina en paralelo al desarrollo de la industria cinematográfica y del starsystem. Goth interpreta en ellas a dos personajes que se ven reflejados el uno en el otro por sus ambiciones y deseos (también sexuales), y cómo las circunstancias sociales de sus distintas épocas influyeron para satisfacerlos o frustrarlos. "No aceptaré una vida que no merezco", es su mantra.
El personaje de Pearl, que aparece en las dos primeras entregas, es el de una mujer del Estados Unidos rural asfixiada por la represión y la estrechez de miras de su pueblo, que la lleva a exorcizar sus desengaños de forma ultraviolenta. Maxine, que aparece en la primera y la última entrega, es la imagen aberrada y más joven de Pearl, una chica también reprimida por el contexto familiar, del que se ¿liberará? a través de la pornografía. Y entre medias, sangre y vísceras. Aunque no tantas en una película que se centra esta vez más en la construcción psicológica del personaje y en la radiografía de la época que en la hemoglobina de la pantalla; Ti West se inclina más bien por el cine negro frente al slasher o el giallo, evitando -salvo en dos o tres momentos- enseñar carnaza. Eso sí, cuando la enseña, West se tira y, afortunadamente, se revuelca.
La historia de una chica de provincias que quiere abrirse camino en la gran ciudad. (Universal)
Maxxxine es un ejercicio de estilo de la cultura pop de los ochenta: una banda sonora con éxitos de la New Wave de Frankie Goes To Hollywood, New Order o la pegadiza Bette Davis Eyes de Kim Carnes, zooms y movimientos de cámara propios de la época, una fotografía colorida y estridente y mucha laca, mucha polipiel y mucho neón. La película arranca con una prueba en la que Maxine, ya bastante conocida entre el público del cine adulto y consciente de que, ya en la treintena, no le quedan demasiadas opciones para dar el salto, se entrega en la interpretación de su vida para un papel en una secuela de una cinta de terror de serie B, el escalafón más bajo de Hollywood, pero un piso más arriba que el cine para adultos. La secuencia remite al instante a aquel primer plano del final de Pearl, en el que la protagonista ofrece una actuación más bien enajenada frente a la cámara. En esta ocasión, nada se puede interponer entre Maxine y el estrellato, ni su pasado ni la oleada de asesinatos que la empiezan a rodear y cuyo punto en común es ella.
La gran virtud de Maxxxine -más allá de su protagonista, de la que hablaremos a continuación-, es el descaro, la falta de vergüenza y el sentido del humor. Maxxxine admite todos sus referentes, no los esconde y juega con las expectativas de un espectador ya curtido en el género. La trama es lo de menos e incluso el final atropellado y desorientado no deja sabor agridulce -no está muy justificada la resolución en off de muchos de los personajes-, porque la electricidad que transmite Mia Goth en la pantalla eclipsa cualquier imperfección. También porque resulta mucho más atractiva la representación de una sociedad teóricamente liberada -libertina, que dirían algunos- en la que la mujer sigue siendo el centro de las tensiones y el objeto de la violencia. ¿Dónde hay más psicópatas, en los callejones o en los despachos?
Kevin Bacon, una reminiscencia de los detectives de los años 40. (Universal)
Maxxxine es cine dentro del cine y, precisamente, el rodaje de la película convencional con la que la protagonista pretende darse a conocer -La Puritana II- es el resumen de un sistema ambiguo que castiga y utiliza a la mujer a partes iguales. Las mujeres jóvenes y sexualmente activas son las principales víctimas dentro y fuera de la pantalla, asesinadas con saña por una misteriosa mano negra masculina, representación de la represión y la dicotomía deseo-culpa del hombre tradicional frente a la liberación femenina.
Pero Maxxxine no propone una guerra de sexos. Ni una guerra entre mujeres por el papel principal. Ti West propone una guerra entre el viejo mundo -el detective John Labat, salido del noir de los años 40 e interpretado por Kevin Bacon, icono ochentero donde los haya- y el nuevo mundo, en el que caben homosexuales -Leon (Moses Sumney), el mejor amigo de Maxine, dueño de un videoclub-, mujeres policía (Michelle Monaghan) y mujeres directoras (Elizabeth Debicki), que se convierte en mentora de la protagonista y tira abajo la falacia de "el peor enemigo de una mujer es otra mujer". Su personaje, además, debe demostrar su valía en una producción a la que, aunque los demás consideran cine de relleno, ella quiere insuflar de dignidad.
Elizabeth Debicki es una directora sesuda en el mundo de la serie B. (Universal)
Ya no queda si no que fantasear cómo seguiría esa cadena de mujeres en las siguientes décadas hasta llegar a hoy. Cómo sería la heredera de Pearl y Maxxxine. ¿Una estrella del OnlyFans, quizás? ¿Una mujer creando contenido encerrada en su mansión mientras el mundo arde, las mujeres pierden todos sus derechos en Afganistán, sufren cada vez más opresión en Irán, y Estados Unidos limita sus derechos a la salud sexual y reproductiva? ¿Una instagrammer ligera de ropa que se monta en el dólar mientras al candidato conservador de su país lo condenan por comprar el silencio de una amante -también actriz pornográfica- y las redes vuelven a poner de moda a la tradwife, la esposa tradicional? Necesitamos, al menos, la decalogía de Ti West y Mia Goth.
Maxine Minx no es una reina del grito al uso. Quizás porque ni siquiera es una reina del grito, virginal y candorosa, que madura y descubre lo que son el sexo y la muerte mientras huye del maníaco de turno. No, Maxine ya sabe el latín de la calle -es actriz de cine porno- y, sobre todo, sabe lo que quiere: convertirse en una gran estrella de cine, de "películas de verdad". Para ello tiene que sobrevivir a la industria, a la competitividad con el resto de actrices, que matarían por un papel, a la oscuridad de los callejones del Los Ángeles de los años ochenta, por los que merodean todo tipo de criminales, como el infame Richard Ramírez, el Acosador Nocturno, uno de los asesinos en serie más populares de la repletísima crónica negra estadounidense. Otra estrella, a su manera. Porque en la cultura del entretenimiento todo el mundo quiere ser famoso, aunque sea por matar.