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'Mulholland Drive': al otro lado del espejo del Hollywood oscuro
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'Mulholland Drive': al otro lado del espejo del Hollywood oscuro

El vigésimo aniversario de la película de David Lynch se celebra con un reestreno de buena parte de su filmografía

Foto: Naomi Watts y Laura Harring, en 'Mulholland Drive'. (Avalon)
Naomi Watts y Laura Harring, en 'Mulholland Drive'. (Avalon)

"Los Ángeles es una ciudad en que el vínculo entre lo real y su representación resulta difuso", comenta Thom Andersen en 'Los Angeles plays itself' (2003), su jugoso videoensayo sobre la urbe más filmada de la historia en que repasa la influencia reversible entre la llamada meca del cine y la metrópolis que la acoge. Sin un centro urbano claro, ni unos barrios a escala humana, ni tan siquiera una historia propia anterior a la fundación de Hollywood, Los Ángeles no se ajusta a la idea clásica de ciudad como sí lo hace Nueva York. Y esta indefinición ha jugado a favor del relato fantasioso construido por la industria del cine: este es el lugar donde se cumplen los sueños, el destino donde todo es posible. Pero también contribuye a su contranarrativa oscura. Los Ángeles ha servido de escenario perfecto para esos filmes que conciben Hollywood como un paisaje irreal de tintes pesadillescos, desde 'El crepúsculo de los dioses' (1950), el drama de Billy Wilder narrado por un muerto y habitado por las sombras embalsamadas de la edad de oro del sistema de estudios, hasta 'Maps to the Stars' (2014), la visión de David Cronenberg de un mundo del cine enfermo de endogamia y plagado también de fantasmas. Pero es David Lynch quien lleva a su máxima expresión la idea de Los Ángeles como contenedor del imaginario idealizado del cine y al mismo tiempo de su reverso siniestro en 'Mulholland Drive' (2001), de cuyo estreno en pleno cambio de siglo se cumplen ahora 20 años.

Tráiler de 'Mulholland Drive'

Billy Wilder bautizó su película en inglés como una de las arterias que atraviesa el barrio de Hollywood, Sunset Boulevard, un nombre que además encierra una oportuna carga semántica crepuscular. David Lynch también optó por titular su filme a partir de una calle igualmente emblemática, Mulholland Dr., esta sin embargo situada entre las colinas que rodean Los Ángeles, en unos de esos contornos difusos de la urbe. El director de 'Terciopelo azul' planteó en primer término su proyecto como un piloto de serie para la cadena ABC, que aspiraba a repetir el éxito de 'Twin Peaks'. Sin embargo, esta vez los ejecutivos televisivos se asustaron ante el primer montaje que les mostró Lynch y cancelaron el proyecto. Ni corto ni perezoso, el director consiguió financiación europea y, tras filmar nuevo material, remontó todo el metraje para darle el acabado definitivo de película para la gran pantalla. Tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes y desde allí inició su andadura como título de culto del cine contemporáneo.

placeholder Otro fotograma de 'Mulholland Drive'. (Avalon)
Otro fotograma de 'Mulholland Drive'. (Avalon)

Desde su arranque, 'Mulholland Drive' se mueve en un juego continuo de dualidades. En parte adopta los tintes del 'neonoir', un género recurrente en las miradas contemporáneas al lado oscuro de Hollywood, a través de una de las protagonistas, Rita (Laura Elena Harring), una mujer con aspecto de 'femme fatale' que aparentemente se salva por partida doble de la muerte tras un accidente en la carretera del título. Como también es habitual en el cine negro, Rita ha perdido la memoria (adopta su nombre al ver un póster de 'Gilda') y no recuerda su identidad. Se refugia en una casa donde recibe la ayuda de otra mujer, Betty (Naomi Watts), quien encarna el estereotipo opuesto, el de muchacha ingenua, soñadora y bondadosa que llega a Los Ángeles con la aspiración de convertirse en actriz.

La rubia y luminosa Betty intenta ayudar a la morena y nocturna Rita a reencontrarse a sí misma mientras se presenta a las correspondientes audiciones para conseguir un papel en Hollywood. En una de ellas, su interpretación resulta espectacular. En este tránsito, las dos mujeres se enamoran... Entonces el filme da un tumbo y las mismas actrices aparecen encarnando a personajes en buena parte inversos: Watts ahora es Diane, igualmente una aspirante a actriz, pero esta vez sin éxito, que contempla amargada como su colega y amante Camilla (Harring) triunfa en el mundo del cine y la abandona por un director, Adam (Justin Theroux). ¿Están conectadas las dos parejas de personajes? ¿Obliga este tramo final a releer de otra manera las dos primeras horas de la película? ¿De qué diablos va 'Mulholland Drive'?

placeholder Justin Theroux, en otro momento de 'Mulholland Drive'. (Avalon)
Justin Theroux, en otro momento de 'Mulholland Drive'. (Avalon)

El cine de finales del siglo XX y principios del XXI fue fecundo en narrativas que desafiaban la linealidad temporal tradicional, a base de estructuras retorcidas y alambicadas. O, como en el caso de 'Mulholland Drive', también desde un planteamiento de díptico: filmes conformados a partir de dos partes complementarias. Pero, al contrario de otros directores amantes de los sistemas narrativos deconstruidos como Quentin Tarantino o Christopher Nolan, David Lynch no se limita a reconfigurar o complicar una o más líneas argumentales que pueden reordenarse fácilmente para aprehender su sentido. En su caso, entronca con el surrealismo y el cine de la modernidad al desbaratar la posibilidad de que exista una explicación unívoca y cerrada de sus juegos especulares entre personajes y tramas, y de los objetos y personajes enigma que trufan sus películas.

En 'Mulholland Drive', la primera parte podría ser ese otro lado del espejo en que aspiraría a vivir la pobre Diane, el reflejo fantasioso de la realidad cruel que representa la fábrica de los sueños de Hollywood. El personaje de Betty, al fin y al cabo, encarnaría el ideal de toda aspirante a actriz: una muchacha que demuestra su innegable talento para la interpretación al tiempo que permanece totalmente virgen a las dinámicas depredadoras de una industria que Lynch retrata en manos de empresarios mafiosos de intereses espurios.

placeholder Laura Harring, en otro momento de la película. (Avalon)
Laura Harring, en otro momento de la película. (Avalon)

La película ofrece múltiples pistas de situarse en una dimensión alterada de la realidad dentro del imaginario de Los Ángeles: la secuencia en el 'diner' en que un personaje que no situamos introduce toda la cuestión de las pesadillas; el hecho que las dos protagonistas aparezcan dormidas en diferentes situaciones que pueden implicar que nos encontramos en sus sueños; los objetos 'macguffin' de fuerza simbólica como las llaves; la famosa secuencia en el club Silencio en que el cineasta lleva al extremo uno de sus recursos habituales, la dislocación entre la voz y el cuerpo que la emite, hasta generar un espacio de imágenes y sonidos flotantes, como en un intersticio entre la vigilia y el sueño, la vida y la muerte...

El tramo final de la película plantea que el único vínculo posible entre las dos protagonistas es el de una competencia laboral aniquilante. A su manera, David Lynch constata que durante décadas Hollywood no imaginó ni toleró otra posible relación entre dos mujeres que la de la rivalidad amorosa y/o profesional. La industria del cine como pesadilla en 'Mulholland Drive' se define por imposibilitar el amor entre Diane y Camilla. El reverso, las dos primeras horas de metraje, conforma una idea del cine 'mainstream' hasta hace poco más soñada que real. La fantasía perfecta en 'Mulholland Drive' es una película estadounidense protagonizada por actrices con fuste de estrellas que comparten el protagonismo mientras los hombres se mueven por los márgenes. Un filme, al fin y al cabo, sobre dos mujeres que se apoyan y viven una serie de aventuras juntas hasta acabar felizmente enamoradas la una de la otra.

"Los Ángeles es una ciudad en que el vínculo entre lo real y su representación resulta difuso", comenta Thom Andersen en 'Los Angeles plays itself' (2003), su jugoso videoensayo sobre la urbe más filmada de la historia en que repasa la influencia reversible entre la llamada meca del cine y la metrópolis que la acoge. Sin un centro urbano claro, ni unos barrios a escala humana, ni tan siquiera una historia propia anterior a la fundación de Hollywood, Los Ángeles no se ajusta a la idea clásica de ciudad como sí lo hace Nueva York. Y esta indefinición ha jugado a favor del relato fantasioso construido por la industria del cine: este es el lugar donde se cumplen los sueños, el destino donde todo es posible. Pero también contribuye a su contranarrativa oscura. Los Ángeles ha servido de escenario perfecto para esos filmes que conciben Hollywood como un paisaje irreal de tintes pesadillescos, desde 'El crepúsculo de los dioses' (1950), el drama de Billy Wilder narrado por un muerto y habitado por las sombras embalsamadas de la edad de oro del sistema de estudios, hasta 'Maps to the Stars' (2014), la visión de David Cronenberg de un mundo del cine enfermo de endogamia y plagado también de fantasmas. Pero es David Lynch quien lleva a su máxima expresión la idea de Los Ángeles como contenedor del imaginario idealizado del cine y al mismo tiempo de su reverso siniestro en 'Mulholland Drive' (2001), de cuyo estreno en pleno cambio de siglo se cumplen ahora 20 años.

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