'Expediente Warren': más demonios, más exorcismos y todo sigue igual... o peor
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'Expediente Warren': más demonios, más exorcismos y todo sigue igual... o peor

James Wan cede el testigo de los Warren a Michael Chaves, director de 'La llorona', en una continuación inocua a la que le falla el genio de su creador

placeholder Foto: Patrick Wilson retoma el papel de Ed Warren en la tercera entrega de la saga 'Expediente Warren'. (Warner)
Patrick Wilson retoma el papel de Ed Warren en la tercera entrega de la saga 'Expediente Warren'. (Warner)

Después de haber sorprendido con la historia de los Perron en 'Expediente Warren: The Conjuring' y de haber retenido el favor de la taquilla en 'Expediente Warren: el caso Enfield', James Wan decidió ceder el testigo de la dirección y el guion de la tercera entrega de la saga que creó para dedicarse a otros menesteres menos terroríficos y más ambiciosos, como son las películas de 'Aquaman' para el Universo Extendido DC y el proyecto 'Malignant' para HBO Max, guardado con el máximo secretismo. Rey Midas del género del terror, el australiano podría sostener prácticamente en solitario la industria del blockbuster de terror moderno, ha confiado su legado a Michael Chaves, a quien había producido en su ópera prima, 'La llorona', en 2019, y quien ahora dirige 'Expediente Warren: el demonio me obligó', que ya toma una deriva más propia de los libros de 'Los tres investigadores' de Robert Arthur, a caballo entre la aventura y lo paranormal.

Tráiler de 'Expediente Warren: obligado por el demonio'

Es palpable el esfuerzo de Chaves por mantener la identidad visual de la trilogía —esos movimientos de cámara insinuantes de los que ha hecho su firma Wan—, pero también se percibe la ausencia del australiano que casi siempre aporta una vuelta de tuerca más a los códigos del género. Quizás, en esta ocasión la fragmentación del espacio juega en contra del recurso que Wan jugó en anteriores ocasiones de limitar la trama a un lugar concreto, en lugar de dispersar la acción. La sensación de opresión desaparece en favor de un montaje paralelo más picado y más frenético, que apuesta quizás por un terror basado en el susto y el golpe más que en condensar una atmósfera que sugestione al espectador y que engañe su percepción. Y, además, el director ha querido revestir una historia algo más barroca y cercana al terror victoriano de numerosos guiños y referencias a clásicos del terror como 'El exorcista' (1973) y 'El resplandor' (1980), pero sin ocultarlos como deferencia al espectador cinéfilo, sino fotocopiando las secuencias más icónicas, como la llegada del padre Merrin a la casa de los MacNeil o la carrera de Jack Torrance por los pasillos, entre otras.

placeholder Otro momento de 'Expediente Warren: obligado por el demonio'. (Warner)
Otro momento de 'Expediente Warren: obligado por el demonio'. (Warner)

Para la segunda secuela de 'Expediente Warren', el guionista David Leslie Johnson-McGoldrick, colaborador habitual de Wan, ha recuperado de la crónica negra estadounidense el caso judicial de Arnie Cheyenne Johnson, ocurrido en 1981, en el que, por primera vez en la historia de Estados Unidos, la defensa adujo como atenuante que el acusado había sufrido una posesión demoníaca. De nuevo, la parte más siniestra de la película llega con los créditos, donde el director compara los fotogramas de los actores con las fotografías reales y las grabaciones que hicieron los Warren como testigos del exorcismo que llevaron a cabo en la época. La fórmula Warren tiene recorrido hasta el fin de los casos de los Warren reales y más allá porque consigue reproducir una y otra vez un esquema efectivo basado en las ligeras variaciones que la hacen diferente: hace falta poco más que una casa 'encantada', unos niños, un sacerdote y a los parapsicólogos Ed y Lorraine Warren para ir tirando millas.

En su quinta entrega como los Warren, Vera Farmiga y Patrick Wilson vuelven a interpretar a la pareja de intrépidos demonólogos que, ante todo, son un matrimonio de enamorados. Porque Chaves incide todavía más en la fuerza del cariño que se profesan los protagonistas frente a la fealdad y el horror del mal que los rodea, rozando en algunos momentos la caricatura, al menos para los descreídos. 'Expediente Warren: el demonio me obligó a hacerlo' comienza ya 'in media res', con la acción empezada y con los Warren intentando expulsar al diablo del cuerpo de David Glatzel (Julian Hilliard), un niño de 11 años que contorsiona y esputa espumarajos en nombre de Satán. Cuando parece que el exorcismo ha terminado satisfactoriamente y después de sufrir un infarto, Ed Warren percibe que el espíritu endemoniado no ha desaparecido, sino que se ha trasvasado a otro cuerpo, el del joven Arnie Johnson (Ruairi O'Connor), el novio de la hermana de David, Debbie (Sarah Catherine Hook).

placeholder Eugenie Bondurant, en el papel de la ocultista. (Warner)
Eugenie Bondurant, en el papel de la ocultista. (Warner)

Los Warren no llegan a impedir que Arnie mate de 22 puñaladas a Bruno (Ronnie Gene Blevins), el dueño de la perrera en la que trabaja Debbie. Y esta vez el director nos mete dentro del punto de vista del poseído, al que, en realidad, el espíritu incita a defenderse agresivamente deformando su percepción y llevándole al crimen o la automutilación. El hecho de que la posesión no cumpla las reglas con las que hasta ahora habían trabajado los Warren les hace pensar que se encuentran frente a un caso anómalo. 'Expediente Warren: el diablo me obligó a hacerlo' transita entonces por el 'thriller' policial, casi como en una investigación de asesinatos en serie. La película opta por una ambientación victoriana —emulando los libros de ouija y brujería del siglo XIX—, pero falla a la hora de resolver esta misma trama. Donde más se despega esta entrega de las películas anteriores es en la introducción de secuencias de humor, de la ironía, principalmente por el montaje.

Sin embargo, la película no permite que el espectador disfrute de la sorpresa, porque todo lo que ocurre lo anticipa o bien la música o bien el código del que es deudor Chaves. A diferencia de Wan, la cámara no se mueve para intuir o para subvertir las ideas preconcebidas del público, sino que las alimenta. No hay nada nuevo en la ejecución. No hay nada que lleve a la audiencia a retarse a sí misma en el papel de la investigación. Todo cumple el guion que el cinéfilo de terror construye en su cabeza a medida que avanza la trama. La novedad ni siquiera funciona en su faceta de 'thriller', ya que hay muchas concesiones permitidas en aras del divertimento, de la puesta en escena. La sensación de familiaridad, de pisar suelo conocido, de no retar al oponente —el espectador— ha convertido la saga en un pasatiempo inocuo y no demasiado terrorífico.

Foto: La policía contra el barrio, en el 'thriller' danés 'Shorta'. (Caramel)
Foto: Sigourney Weaver es Margaret en 'Sueños de una escritora en Nueva York'. (AContracorriente)
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