'Crash': 25 años de una obra maestra sucia, pornográfica y subversiva
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'Crash': 25 años de una obra maestra sucia, pornográfica y subversiva

Se reestrena la película de David Cronenberg en que los accidentes de coche se conciben como la cópula definitiva para alcanzar el éxtasis en una sociedad tecnificada

placeholder Foto:  James Spader y Holly Hunter protagonizan esta cinta de culto de David Cronenberg. (A Contracorriente)
James Spader y Holly Hunter protagonizan esta cinta de culto de David Cronenberg. (A Contracorriente)

“No te preocupes, seguro que el tipo nos verá', estas fueron las últimas palabras de James Dean mientras pilotaba su coche de carreras Porsche 550 Spyder hacia su cita con la muerte en un tramo solitario de la ruta 466, en California. (…) James Dean murió con el cuello roto y alcanzó así su inmortalidad”, recita el maestro de ceremonias. Nos encontramos en una carretera secundaria flanqueada por unas cuantas gradas donde un puñado de espectadores contempla el espectáculo nocturno. El carismático presentador, Vaughan (Elias Koteas), introduce así la recreación de uno de los accidentes automovilísticos más famosos de la historia, el que causó la muerte a la estrella más rutilante del Hollywood de los años cincuenta. Entre la audiencia, el protagonista James (James Spader) acude por primera vez a un evento de este tipo, invitado por Helen (Holly Hunter). Ambos se conocieron pocos días atrás cuando sus respectivos coches colisionaron. Fue entonces que James descubrió la excitación sexual que este tipo de desastres le podía provocar.

Tráiler de 'Crash'

David Cronenberg estrenó 'Crash', su adaptación de la novela homónima de J.G. Ballard, en el Festival de Cannes de 1996. Las proyecciones actuales de la copia restaurada del filme vienen acompañadas de una presentación por parte del director desde dentro de un Tesla. El canadiense recuerda cómo crítica y público acribillaron la película a insultos como “sucia”, “pornográfica”, “obscena” y “subversiva”. En algunos países se intentó prohibir su estreno; en otros, distribuidores y exhibidores se negaban a comercializarla. Las reacciones por parte de algunos espectadores no se quedaba atrás. ¿Cómo digerir un filme que despliega una experiencia disidente de la sexualidad en que la excitación deriva de los accidentes de coche?

Y sin embargo, 'Crash' suponía una continuación coherente en la carrera de David Cronenberg, cuya filmografía exploraba desde los años setenta la readaptación del cuerpo humano a una sociedad cada vez más tecnificada, y las manifestaciones fisiológicas de unas psiques, individuales y colectivas, desencajadas y reprimidas. A través de la novela de Ballard, Cronenberg ofrece la culminación lógica del vínculo entre automóvil y ser humano que define la modernización de la sociedad norteamericana a lo largo del siglo XX.

placeholder Otro momento de 'Crash'. (A Contracorriente)
Otro momento de 'Crash'. (A Contracorriente)

Porque la cultura popular estadounidense llevaba media centuria como mínimo cultivando una erótica del automóvil. Desde la publicidad que relaciona los coches con la potencia sexual masculina a las incontables películas de Hollywood que plasman como la cultura juvenil después de la Segunda Guerra Mundial tiene en los vehículos su principal marca identitaria. Por otro lado, Andy Warhol, quién si no, ya incorpora en los años sesenta los accidentes de coche en su serie 'Muerte y desastre', que sitúa las formas de morir propiamente estadounidenses, de la silla eléctrica a los magnicidios, en el mismo plano que el resto de elementos de la sociedad de consumo, como las latas de sopa del supermercado o las estrellas de cine. Estrellarte en tu coche es tan pop como Elizabeth Taylor. Una idea que recoge Ballard en su novela, ya que la fantasía última del Vaughan del 'Crash' literario es morir en un auto junto a la protagonista de 'La gata sobre el tejado de zinc'. Cronenberg no mantiene esta referencia en concreto, pero en cambio cita otras figuras de culto pop por sus muertes entre cromados, desde el escritor Albert Camus a la reina del 'kitsch' Jayne Mansfield.

Aunque la novela de Ballard parece apelar a un mundo distópico, Cronenberg ambienta 'Crash' en un Toronto contemporáneo, el de la década de los noventa, al que no le hacen falta indicadores de ciencia-ficción para ofrecer una imagen cuasi futurista. Hace años que el diseño urbanístico de Norteamérica ha culminado su transfiguración a través del automóvil. El filme combina las localizaciones exteriores ligadas a autopistas, carreteras, 'parkings' y aeropuertos con unos interiores de ambientación fría y funcional, excepto en el caso de la casa-taller donde reside Vaughan. Como en tantas otras películas que transcurren en buena parte en una ciudad de noche, la fotografía de Peter Suschitzky, que luce mejor que nunca en 4K, genera unos ambientes a la vez íntimos, clandestinos e inquietantes, que parecen situarse en una dimensión más allá de la vida normal del resto de mortales. Son el escenario perfecto para acoger el continuo de encuentros sexuales entre los diversos protagonistas, cuya libido se manifiesta a través de una pulsión de muerte automovilística.

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Otro fotograma de 'Crash'. (A Contracorriente)

Así, en 'Crash', a través de los accidentes-cópula, las anatomías del coche y las del ser humano se confunden y entremezclan en la fusión perfecta entre máquina y cuerpo: torsos penetrando a través del parabrisas, asientos salpicados por flujos viscosos, cuerpos distorsionados en posturas propias del éxtasis... Algunos de los personajes se encuentran en una etapa intermedia de esta fusión, como demuestran sus cicatrices y prótesis de cuero y metal (Rosanna Arquette, con sus prótesis y sus cicatrices, es digna de la más entregada devoción en cualquier altar fetichista). La secuencia cumbre en esta hibridación de imaginarios es aquella en que tres de los protagonistas se embarcan en un acto sexual dentro del coche en pleno túnel de lavado.

Vaughan es el teórico, líder y sacerdote supremo de este culto que traslada principios propios del Romanticismo, sobre todo la entrega a la muerte como forma última del éxtasis amoroso, a la sociedad tecnificada. Vaughan reivindica los accidentes como sucesos fertilizadores, y no destructores, desencadenantes de una energía sexual de una intensidad imposible de alcanzar de otros modos. Esta idea de transmisión de la libido estructura una película que en ningún caso se desarrolla como una narrativa convencional. En 'Crash', a una escena lúbrica normalmente le sigue otra, y los protagonistas a menudo se excitan explicándose sus aventuras con otras personas o contemplando como otros personajes obtienen placer. Sin duda, la película cultiva una estética fría como el capó de un coche y, por ejemplo, la pareja protagonista, James y Catherine (Deborah Kara Unger) apenas se miran a los ojos cuando practican el sexo. Y sin embargo, 'Crash' es una de esos escasos títulos de la Historia del Cine en que la relación entre los diferentes personajes se establece satisfactoriamente a través del sexo, sin excusas románticas ni moralizadoras. La película construye una experiencia no normativa de la sexualidad que todavía hoy resulta plenamente perturbadora y revolucionaria.

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